"Creo que George W. Bush está actuando con mucha dignidad"
De tanto ver la cara en imágenes, una tiene que apretar con fuerza su mano y agarrar también su brazo para asegurarse de que éste es Mijaíl Sergeyevich Gorbachov, y no una matriushka de tantas. No hace falta más. En cuanto empieza a hablar, le sale el extraordinario don de gentes que ha hecho de él uno de los principales personajes del siglo XX. «Â¡Espero que usted se dé cuenta de que soy un ser humano y no sólo un trozo de Historia!», exclama el último presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), de cuya desintegración se cumplen diez años estas Navidades.
Del siglo pasado, o de sus tiempos soviéticos, le queda el gusto por las sillas bien altas y los relojes sin pretensión, como el que lleva hoy, uno de marca indefinida que imita el oro. Sigue también ahí su característica marca de nacimiento color violeta que va cayendo por la calva hasta perderse en la ceja derecha. Por lo demás, Gorbachov es, a sus 70 años cumplidos, un hombre de nuestro tiempo que, en este sombrío otoño, contagia optimismo: «Basándome en la experiencia de toda una vida en política, le digo que estoy seguro de que seremos capaces de encontrar la salida, por muy difícil que sea la situación».
«Déjeme recordarle cómo se pintaba la situación a finales de los 70 y principios de los 80: la amenaza de un conflicto nuclear era real. El grado de desconfianza entre los dos bloques era tan grande que parecía que no seríamos capaces de evitar la confrontación. Pero lo fuimos», continúa el antiguo aparatchik comunista que supo cambiar el rumbo del planeta. «Incluso en las situaciones más difíciles siempre hay una alternativa. Nunca se puede decir que no la hay. Nosotros fuimos capaces de dar la espalda al pasado. Mi optimismo está basado en una experiencia muy dura, en el realismo, pues. Mi optimismo se basa en la certeza. Para que se convierta en realidad, lo único que hace falta es entender la situación, tener voluntad política, y tomar decisiones. Yo es lo que hago siempre: buscar la forma específica de poner en práctica mis ideas».
En estos 10 años transcurridos desde que tejía la política internacional junto a líderes como George Bush senior o Helmut Kohl, destaca un hecho: «Â¡Me he convertido en un hombre libre!». Además, dice que ha tenido tiempo para reflexionar y hacer muchas cosas provechosas: «He tenido muchos contactos con gente muy variada y he aprendido mucho sobre el mundo».
Ha participado en Madrid en la conferencia sobre transiciones políticas organizada por la Fride (Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior), que aspira a convertirse en el primer think tank español para política exterior de signo independiente. Gorbachov preside la fundación que lleva su nombre en Moscú así como la Cruz Verde Internacional, con base en Ginebra. También ayuda a otra fundación con su nombre en Boston, y que ha sido la que ha colaborado con la Fride para organizar esta conferencia de Madrid.
En conferencias, ruedas de prensa y entrevistas, todos queremos saber qué forma cree él que tomará el planeta tras el 11 de Setiembre. «Ese día yo estaba viendo la televisión, como casi todo el mundo. Miré en los ojos de los neoyorquinos y vi que estaban en estado de shock. Fue una auténtica tragedia para la Humanidad. Los terroristas cometieron el peor de los crímenes en el país más fuerte del mundo», explicaba este jueves en uno de esos momentos que los organizadores han encontrado para él en una desangelada habitación de hotel. «Pero al cabo de las horas la gente empezó a sobreponerse. El alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, demostró, junto a los ciudadanos de Manhattan, la cualidad más bella del ser humano: que hasta en los momentos más duros uno es capaz de sobreponerse».
No habrá, pues, una nueva Guerra Fría, esta vez entre occidentales y musulmanes, sino una nueva era que él atisba tan esperanzadora como la que siguió al final del imperio soviético: «Ahora la gente se está uniendo para enfrentarse al terrorismo. Y éste es otro motivo para ser optimista. El mundo se ha sobrecogido, pero ahora está despierto. Estoy convencido de que camina hacia un nuevo entendimiento. Ahora tenemos la oportunidad de plantearnos el mundo en una nueva relación mucho más interdependiente, y no a la antigua usanza. Por eso es importante que esa unión internacional contra el terrorismo no sea coyuntural, sino el inicio de la construcción de un Nuevo Orden Mundial».
Miembro del Partido Comunista de la Unión Soviética desde los 21 años, en marzo de 1985, con 54 años, fue elegido secretario general del Partido Comunista, el cargo de máxima responsabilidad dentro del Gobierno de la entonces URSS. Apenas un año después anunció la Perestroika (plan de reformas para paliar la precaria situación económica) y la glasnost (transparencia, apertura democrática). El telón de acero empezó a agrietarse.
Pero el mundo, se lamenta ahora, no supo aprovechar las oportunidades que ofrecían esas fisuras: «Ibamos a paliar la pobreza y no lo hicimos». Por eso, en estos 10 años, dice, ha visto una cosa clara: «No podemos vivir sin reglas. En los últimos 10 años lo hemos hecho, y ahora pagamos las consecuencias. Ahora vemos lo que significa la globalización sin más, sin reglas, sin Gobierno. Significa que los fuertes salen ganando y los pobres salen perdiendo».
Hace un año fundó en Rusia el Partido Socialdemócrata Unido de Rusia. El próximo 23 de noviembre celebra el primer congreso. La vena política, señala, nunca se extingue.
Usted trabajó con George Bush senior. ¿Tiene esa madera su hijo, el actual presidente?
He estado observando al presidente Bush desde el pasado 11 de setiembre y mis conclusiones son muy positivas, tanto en lo que se refiere a sus cualidades políticas como personales. El ha pasado por una de las pruebas más difíciles a las que se puede enfrentar un dirigente político. En las últimas semanas, ha cambiado hasta su apariencia. Le han salido arrugas en la cara. Está claro que ya no es un principiante. Mirándolo ahora, uno tiene la impresión de que lleva años en el puesto. La verdad es que un día en una situación así vale por meses en un mandato normal. Creo que George W. Bush está actuando con mucha dignidad.
Sólo espera que siga así: «No debe escuchar a los que, dentro de su círculo, le dicen, y también lo hacen públicamente, que esta respuesta común al terrorismo está bien, pero que esta coalición internacional sirve para una cosa muy concreta. Mantienen que el resto de las cosas no han cambiado. Espero que el presidente Bush no caiga en esta trampa. De momento, veo que está reflexionando, y eso es bueno».
Esa misma reacción la observa en otros líderes políticos: «El presidente Putin, por ejemplo. Apruebo su postura de acercamiento a Occidente. Se está comportando de forma muy responsable. Nuestros socios europeos y norteamericanos no deberían pasar por alto las importantes declaraciones que el presidente de la Federación Rusa está haciendo estos días. Sería una equivocación imperdonable».
Gorbachov no quiere aclarar si esas personas que quieren llevar al presidente Bush por la senda del aislacionismo son las mismas que acompañaron a su padre: «Lo único que digo es que él no debe escuchar a los que sólo beben del pasado».
En 1989, diez años después de la invasión, fue Gorbachov el que ordenó la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán. ¿Hace bien Bush en bombardear ese país? «La acción militar que están llevando a cabo contra los terroristas que tienen una red allí es correcta. Pero sería un error si la utiliza luego para imponer una cierta so
lución en Afganistán. Espero de verdad que esos planes no existan. Entiendo que a veces las cosas se tuercen, y que todo se puede complicar aún más, pero creo que hay que concluir con la acción militar lo antes posible y salir del país rápidamente. Luego, hay que solucionar los problemas a través de acuerdos políticos. Este sería mi consejo a Estados Unidos, y está basado en mi experiencia en Afganistán».
Para ello es importante que Estados Unidos no olvide que la guerra es «contra el terrorismo», no contra Afganistán: «Eso sería una auténtica locura». Lo que ocurre allí es que hay una confrontación que dura ya 20 años: «Hay que lograr que se forme un gobierno en el que participen todos los grupos étnicos».
Gorbachov habla con la naturalidad y la convicción que le han dado estos 10 años paseando por el circuito internacional de las conferencias, cuyas audiencias siguen viendo en él al mejor de los profesores de política.
¿Qué cualidades ha de tener un líder político en el siglo XXI?
La mayoría es habilidad natural. Hay gente que nace para mirar las estrellas, ¡y no sirve para la política! Los líderes de hoy en día tienen que tener visión, la capacidad para adelantarse a lo que va a pasar en el futuro y de transformar esa visión en objetivos políticos y en mecanismos políticos.
Y teniendo en cuenta la naturaleza global del mundo en el que nos ha tocado vivir, un líder político hoy en día tiene que saber entender esos aspectos globales. Los políticos obsesionados con los llamados intereses nacionales, que naturalmente existen, no podrán tener éxito. Y, por supuesto, un líder político hoy tiene que ser demócrata. Nos enfrentamos a muchos problemas que se derivan de la falta de democracia. Es un error pensar que la mano dura, el Gobierno autoritario sirven para solucionar las cosas. Cuanto más democrático, más fuerte es un país. El líder político de hoy, finalmente, tiene que ser una persona abierta, que perciba las necesidades de los demás. Yo diría, sobre todo, visión y entendimiento de la naturaleza global del mundo. Se acabó la época en que se pretendía ser un líder basándose sólo en las armas y el poder económico.
¿Por qué nuestros líderes no supieron adelantarse al 11 de setiembre y se concentraron, por ejemplo, en el cuestionable escudo antimisiles?
Los líderes del mundo occidental interpretaron lo ocurrido al final del siglo XX como una victoria del liberalismo, del laissez faire, de un cierto modelo económico. Eso fue una interpretación muy estrecha de lo ocurrido en el mundo. Estaban equivocados. Y estamos pagando por esos errores. Tenían que haber construido ese Nuevo Orden Mundial que perseguíamos mientras poníamos fin a la Guerra Fría. El presidente norteamericano anticipó el concepto, y yo estaba plenamente de acuerdo con él. Y lo sigo estando. El Nuevo Orden Mundial debe incluir a todos aquellos que aceptan la democracia en vez del uso de la fuerza. Y, lo más importante, ha de aceptar al mundo en su diversidad étnica y cultural. Estoy convencido de que este Nuevo Orden Mundial será construido en el siglo XXI. Con un siglo, bastará.
Menos tiempo calcula que necesitará Rusia para consolidarse. Pide paciencia para un país que sigue, dice, en transición: «La democracia no se logra firmando papeles. Está en el corazón y en la mente de las personas». A Putin lo disculpa resaltando el caos que heredó de Boris Yeltsin. A pesar de la tensión entre democracia y autoritarismo que los observadores occidentales denuncian en la Rusia de Putin, Gorbachov se resiste a abandonar su optimismo: «La democracia prevalecerá».
A pesar de la barrera del idioma, no deja de hacer bromas. Su sueño, concluye al terminar el encuentro, tomarse un té y «poner las piernas por alto», según la libre interpretación del inglés que efectúa el archifamoso traductor al que siempre veíamos en las reuniones de líderes al final de la Guerra Fría.
Tiene otro menos inmediato, su merienda: «Yo creo en la gente, y mi optimismo se basa en mi convencimiento de la sabiduría de las personas.
Me encantaría vivir lo suficiente para asistir a ese Nuevo Orden Mundial del que tanto le he hablado y ver que los sueños habituales de las personas se convierten en realidad. Lo que cada uno de nosotros llevamos dentro, íntimamente, es el convencimiento de que hemos nacido en este mundo para ser felices. Ese es nuestro ideal. Ese es el mío también». *
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