Radicales palestinos conservan su capacidad de acción
Los «combatientes» de esas organizaciones tienen una amplia experiencia de clandestinidad a la que algunos ya volvieron, adoptando numerosas precauciones para trabajar en la sombra.
En Gaza, donde un puñado de esas «oficinas» fueron cerradas, nadie duda en criticar con gentileza la ineficacia de esas medidas, en momentos en que el Hamas anunció claramente el lunes que seguirá adelante con su «Jihad» (guerra santa) y con la «resistencia legítima a la ocupación» israelí.
En el barrio Nasser, cerca del campamento de refugiados de Chati, las puertas de un jardín de infantes y de una asociación de apoyo a huérfanos fueron cerradas con cadenas el sábado por la noche, en medio de un fuerte dispositivo policial y ante las cámaras de televisión.
En las paredes se escribió en rojo que el local fue cerrado «por orden de la Autoridad Palestina». «Yasser Arafat está presionado. Es necesario entender la situación, es difícil para ellos», comentó Bilal Dib, que era chofer del personal del jardín de infantes.
Este joven duda de que esas medidas realmente perjudiquen al Hamas. En el techo de los locales de esa asociación sigue flameando una discreta bandera verde del Hamas. «Aquí, primero, se cumple (una actividad) social», asegura, precisando que el jardín de infantes recibía a unos 300 niños.
Los militantes de los brazos armados del Hamas y del Jihad pasaron a la clandestinidad, preparando quizás desde ahora nuevos atentados antiisraelíes, a pesar de las amenazas de la Autoridad Palestina. El jefe de la Seguridad Preventiva palestina en la Franja de Gaza, el coronel Mohammad Dahlan, prometió ayer martes medidas concretas «para poner término a los enfrentamientos, reforzar el cese el fuego y demostrar que la Autoridad Palestina es el único poder soberano».
Los activistas reconocen obviamente que deben tener más cuidado que nunca. Ya no duermen en sus casas, y a veces pasan sus noches en sus automóviles, y tampoco advierten a nadie sobre sus trayectos en coche. Cambian sin cesar su agenda de actividades diarias y diariamente modifican las tarjetas de sus teléfonos celulares para evitar ser detectados.
Uno de ellos, que dice pertenecer al brazo armado del Hamas, explicó el lunes que «los entrenamientos conjuntos en el sur de la Franja de Gaza, cerca de Rafá, debieron terminar». Era demasiado peligroso.
«Pero –aclara– nuestra determinación está intacta. La resistencia es el único medio. Nuestro objetivo sigue siendo ser ‘mártires’ de la causa del pueblo palestino», afirma, y por supuesto pide el anonimato.
Luego detalla su depósito de armas: Kalachnikovs, fusiles ametralladoras M-16, morteros, granadas y misiles de fabricación local llamados Qassam, el nombre que también reciben las brigadas Ezzedin al Qassam, brazo armado del Hamas.
Esos «combatientes» también saben que la policía palestina sigue sin entusiasmarse con la idea de detener a «hermanos», y prefieren que el «trabajo sucio» lo hagan los israelíes.
El sábado, el ejército israelí efectuó una «histórica» incursión en el norte de la Franja de Gaza, y llegó hasta ocupar durante unas 20 horas la ciudad de Beit Hanun, sometiendo a sus 30.000 habitantes a un toque de queda, una novedad en ese territorio desde la instalación de la Autoridad Palestina en 1994.
Los soldados israelíes detuvieron a unas 15 personas, pero según los habitantes, sólo se trata de «ciudadanos ordinarios y de algunos militantes del Hamas».
En cambio, el ejército israelí no dio con su principal objetivo: detener al jeque Salá Chehada, jefe local del Hamas, a quien busca activamente. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad