"Es una frontera porosa, es una frontera larga; es imposible poner un tapón"

La posible fuga de Bin Laden es una pesadilla para los EEUU

La aviación estadounidense continúa los intensos bombardeos y mantiene el control de la zona montañosa de Tora Bora, en el este de Afganistán, donde los estrategas aseguran que se encuentra Bin Laden junto a sus más fieles combatientes, asediados por fuerzas afganas locales.

Al mismo tiempo, el vecino Pakistán reforzó la seguridad en su montañosa frontera, desplegando unos 4.000 hombres apoyados por helicópteros.

Pero esas medidas no parecen suficientes para tranquilizar a Washington, que teme que Bin Laden –a quien el presidente George W. Bush quiere «vivo o muerto»– aproveche las dificultades del terreno para salir del país.

«Es una frontera porosa, es una frontera larga: es imposible poner un tapón perfecto en esa botella», admitió recientemente el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.

Según el Christian Science Monitor, Bin Laden habría salido diez días atrás hacia Pakistán, pero responsables estadounidenses afirman que «es falso».

Si se hubiera fugado, Bin Laden podría usar sus contactos en Pakistán para llegar a Karachi, el gran puerto en el mar de Omán, donde los islamitas gozan de influencia, y embarcarse hacia un país donde disponga de infraestructura.

En esa hipótesis, Somalia, a 3.400 km de las costas paquistaníes, sin poder central y donde Bin Laden ya operó y dispone de aliados, principalmente la organización Al-Itihaad al-Islamiya, aparece como la primera opción.

«Somalia es un lugar que podría ser acogedor para los terroristas y las células terroristas», indicó el secretario de Estado adjunto para Asuntos africanos, Walter Kansteiner.

Algo que ratificaron los señores de la guerra de Somalia, que en los últimos días indicaron que unos 50 jefes de Al Qaeda ya se encontraban en ese país.

Los estadounidenses multiplicaron recientemente las señales de interés por ese país que les dejó un mal recuerdo luego de los sangrientos enfrentamientos registrados en octubre de 1993 en Mogadiscio entre Rangers y milicianos locales.

Recientemente una misión estadounidense efectuó una visita a la ciudad de Baidoa, en el sur del país, a 250 km al oeste de Mogadiscio, bajo control del Ejército de Resistencia Rahanwein (RRA), apoyado por Etiopía y opuesto al Gobierno nacional de transición (GNT) de Mogadiscio.

El jueves, dos helicópteros militares estadounidenses Black Hawk sobrevolaron una playa al norte de Mogadiscio, que sirve de puerto a la capital.

En mar abierto, decenas de barcos mercantes fueron controlados recientemente por navíos de la coalición antiterrorista en mar de Omán y en el Océano Indico.

Pero para asegurarse de que esas medidas precautorias sean útiles, Estados Unidos hace todo por tratar de aplastar a Bin Laden y sus hombres en Afganistán.

Desde hace dos semanas, las grutas y túneles de Tora Bora son sometidos a violentos bombardeos y al fuego de las armas clásicas más poderosas del arsenal estadounidense, para quebrar la resistencia de los últimos pero combativos contingentes árabes y chechenos.

Al mismo tiempo, los combatientes afganos locales, agrupados en la llamada Alianza del Este, rodean la región y cierran el cerco sobre los militantes de Al Qaeda.

Comandos estadounidenses y británicos los apoyan, pero intervienen también para garantizar que los jefes locales no hagan acuerdos con Al Qaeda que no satisfagan el objetivo de Washington de eliminar totalmente la red.

Pakistán teme que Osama bin Laden y sus lugartenientes entren en su territorio, pese al despliegue de un imponente dispositivo de seguridad a lo largo de la frontera con Afganistán.

Miles de soldados paquistaníes vigilan los 40 km más sensibles de la frontera afgano-paquistaní, de 2.500 km de largo, a la altura de las Montañas Blancas, donde los combatientes del grupo Al Qaeda de Bin Laden resisten desde hace una semana al asalto combinado de las fuerzas afganas y norteamericana. «Las patrullas rastrean el terreno y los helicópteros armados sobrevuelan como halcones gigantes a la caza de su presa», declaró Mubarik Jan Afridi, un residente de la zona montañosa tribal cercana a la cadena montañosa más allá de la cual se encuentra Tora Bora.

Las tribus pashtunes que habitan la región se desplazan normalmente con libertad por ambos lados de la frontera, muy permeable.

En el lado paquistaní, el poder central no ejerce ningún control más allá de las bases militares.

Numerosos senderos descienden de las Montañas Blancas a las zonas tribales paquistaníes.

Islamabad anunció el viernes que había arrestado a más de 450 personas, 40 de ellas sospechosas de pertenecer al grupo terrorista Al Qaeda de Osama bin Laden.

El viernes, 112 prisioneros paquistaníes liberados por las nuevas autoridades de Jalalabad fueron arrestados a su regreso a Pakistán, declaró un responsable del Ministerio de Interior en Islamabad. «Serán largamente interrogados», añadió.

Al menos otros 300 paquistaníes ya fueron capturados cuando volvían de Afganistán tras la derrota de los talibanes, en cuyas filas lucharon, precisó una fuente del mismo ministerio bajo anonimato.

Sin embargo Bin Laden, al que los Estados Unidos buscan vivo o muerto por los atentados del 11 de setiembre, sigue siendo un héroe en las zonas tribales pashtunes.

«Si Osama y sus principales lugartenientes se encuentran efectivamente en Tora Bora, podrían llevar a cabo un intento desesperado de hallar refugio en nuestro territorio», declaró un responsable tribal en Parashinar (oeste de Pakistán), una localidad cercana a las Montañas Blancas.

En Tora Bora, han surgido rumores de que Bin Laden podría haber huido a Pakistán.

Para obtener el apoyo de los jefes de tribu y reforzar la seguridad en la frontera, el presidente Pervez Musharraf invitó el mes pasado a los jefes de las regiones tribales a Islamabad.

«Todos los jefes de tribus aseguraron al presidente su entero apoyo a la decisión de sumarse a la coalición internacional contra el terrorismo», declaró el portavoz del gobierno, el general Rashid Qureshi.

Islamabad pidió incluso apoyo a un polémico jefe local, Ayub Afridi, para extender su influencia al valle de Tirah, una de las partes más sensibles de la frontera.

Afridi había sido condenado 15 días antes por tráfico de hachís tras volver de Estados Unidos, donde ya estuvo encarcelado por el mismo delito.

Sin embargo, los responsables tribales argumentan que pese a la completa colaboración entre los servicios de información estadounidenses y paquistaníes, es imposible bloquear completamente toda la frontera.

«Incluso durante la ocupación de Afganistán en los 80, los soviéticos no pudieron impedir que los mujaidines pasasen de un lado a otro», recuerda un responsable tribal. *

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