El encuentro de Fernando de la Rúa y Carlos Menem con el país paralizado

La huelga, un cachetazo para la política económica del gobierno

Mientras se desplegaba la demostración antigubernamental, en la Casa de Gobierno De la Rúa conferenció con el titular nominal del Partido Justicialista, Carlos Menem, encuentro que se inscribe en la búsqueda oficial de respaldo a la aprobación del presupuesto del año 2000 y otras medidas clave para la negociación con el FMI, el paraguas que Domingo Cavallo necesita para reprogramar la mitad de la deuda externa en manos de acreedores extranjeros.

De su éxito, dependerá la profundidad del ajuste para que el déficit cero sea alcanzable. Pero ajuste habrá igualmente.

La huelga por 24 horas fue convocada por las dos CGT, la oficial y la del camionero Hugo Moyano, junto a la Central de Trabajadores Argentinos y diversas corrientes clasistas con cierta inserción entre la legión de desocupados, que, según los datos preliminares de la última medición, se eleva al 18,4% de la población económicamente activa.

Aunque el programa de la protesta destaca las recientes medidas económicas que adoptó Domingo Cavallo para controlar los depósitos y ahorros de la mayoría de los argentinos, en nombre de evitar el colapso del sistema financiero, es la cabeza del propio ministro la que está tácitamente en la demanda de la víspera.

El ministro de Trabajo, José Dumon, reconoció la profundidad de la demostración, aunque atribuyó el suceso a la huelga de los transportes, que influyen en el ánimo –dijo– de los que quisieron ir a su trabajo y no pudieron.

Parálisis casi total

Es objetivo que la paralización de los colectivos, trenes y en parte los subterráneos (funcionaron con diagramas de emergencia) incidió sobre el éxito de la huelga, pero sin duda la misma expresó el alto grado de bronca social, pese a que la imagen de la mayoría de los dirigentes gremiales está a nivel del zócalo.

Los sectores fabriles vivieron una paralización virtualmente total, tan elevada como entre los docentes y trabajadores estatales, que dejaron vacías todas las escuelas, servicios y reparticiones oficiales. De las líneas aéreas, no funcionó Aerolíneas Argentinas, pero el resto de los vuelos registraron inconveniente menores.

Hubo incidentes en Córdoba, donde los huelguistas la emprendieron contra el edificio del diario «La Mañana», propiedad del nacional «Ambito Financiero», la voz de los grupos más concentrados. También en Neuquén se registraron choques entre huelguistas y policías con el saldo de heridos y edificios saqueados por la ira de los manifestantes. En diversos lugares, piquetes incendiaron taxis y colectivos.

Pequeñas columnas de militantes de partidos de izquierda histórica recorrieron calles porteñas y los «piqueteros» (desocupados organizados), bloquearon varios accesos a la Capital Federal, pero los incidentes fueron menores.

Los líderes sindicales festejaron el éxito de la medida de fuerza al punto que elevaron el acatamiento al 100%. No fue así: parte del comercio céntrico trabajó.

La cumbre

Menem le abrió una ventana a De la Rúa para avanzar en la concertación de un programa económico mínimo y para fortalecer al debilitado presidente. El ex mandatario reiteró su oposición a cualquier proyecto por acortar el mandato del Presidente, un tema que no deja de comentarse en los círculos políticos. «La devaluación sería fatal», declaró Menem, quien propuso al gobierno avanzar hacia la dolarización de la economía, una bandera del ex mandatario que está también en la carpeta de Cavallo y De la Rúa.

Menem se pronunció por una reforma de la Constitucional Nacional para achicar los gastos de la política, eliminando al tercer senador, que él acordó en 1994 con el ex presidente Raúl Alfonsín, la eliminación de la figura del vicepresidente, abandonar la obligatoriedad del voto, fusionar varias provincias en regiones, para disminuir gastos de Legislaturas, Poder Judicial y otros organismos y elegir al Presidente por un Colegio Electoral. De la Rúa prometió estudiar estas ideas.

El encuentro no parece que facilitará al Presidente las negociaciones con los gobernadores peronistas.

La fragmentación justicialista es notoria: quieren tener peso propio los legisladores, los gobernadores de las provincias más pequeños federados en una Liga que impuso como titular del Senado Nacional a Ramón Puerta e incluso los sindicalistas de ese color.

Para el gobierno, Menem es útil especialmente para los mercados internacionales, de los cuales fue en algún momento el niño mimado. Ya verá cómo introduce, si puede, al resto del arco peronista a la «concertación». Menem aspira que en la misma sean escuchadas las FFAA, una idea que molestó al ministro de Defensa, Horacio Jaunarena: «los militares no hablan de política», le replicó días atrás.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, descalificó la minicumbre: «Menem y De la Rúa son lo mismo», declaró.

Menem no pudo comprometer al PJ en el respaldo al presupuesto con déficit cero que elabora el Ministerio de Economía. «Esa es una pregunta que hay que hacérsela a los legisladores», atinó a decir ante una pregunta sobre el tema. Los legisladores justicialistas tuvieron el miércoles un encuentro cerrado en una quinta suburbana donde analizaron su táctica parlamentaria.

Allí decidieron no aprobar el presupuesto nacional como está pergeñado por Cavallo.

Pero no están cerradas las negociaciones.

Pese al impacto de la huelga, el encuentro con Menem trajo cierta alegría al corazón del oficialismo. Poco importó que el ex presidente siga bajo proceso, ni las sospechas colectivas sobre cómo logró su libertad, ni tampoco que al juez Jorge Urso le hayan sacado de sus manos todo lo referente al escándalo de las armas. Real politik. *

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