Dos años de De la Rúa
La Alianza para el Trabajo, Justicia y Educación que llevó a De la Rúa a la Casa Rosada (sede del gobierno nacional) con el 48 por ciento de los votos en los comicios de octubre de 1999 ya no existe y el oficialismo perdió casi 5 millones de votos en los comicios parlamentarios de octubre, al obtener 26 por ciento contra el 39 por ciento del Justicialismo (PJ) de Carlos Menem.
El PJ, principal opositor, no sólo controla el Congreso Nacional, sino que sus hombres ocupan el segundo y tercer lugar de la línea sucesora del poder, dado que el presidente del Senado y de la Cámara de Diputados, recientemente elegidos, pertenecen a esa fuerza.
La vicepresidencia de la República, dejada vacante por el frepasista Carlos «Chacho» Alvarez, tras su renuncia el 5 de diciembre de 2000, puede ser ocupada por el senador del PJ Ramón Puerta, recientemente elegido en esa cámara.
«Desde mi lugar se pueden hacer muchas cosas. Que no se confundan los aventureros», dijo De la Rúa al diario Clarín, en alusión a una avanzada contra su poder y a los rumores de que el Justicialismo impulsaría su salida y su reemplazo por el designado Puerta.
Los vaivenes internos de estos dos años de gobierno, desde el 10 de diciembre de 1999, también se reflejaron en los sucesivos cambios de gabinete: sólo dos ministros de los ocho iniciales siguen en sus funciones y otros dos permanecen, pero en otros cargos.
De la Rúa asumió dejando atrás el polémico decenio de gobierno de Carlos Menem (PJ) y prometió que «la consigna debe ser la de crear trabajo y la única forma de crearlo es hacer crecer la economía».
Según los últimos índices del estatal Instituto de Estadísticas y Censos (Indec), la desocupación argentina alcanzó ya el 18,2 por ciento, lo cual equivale a que 2,5 millones de personas están sin trabajo, 500 mil más que hace un año.
La recesión sostenida de los últimos tres años se profundizó en los últimos días, luego de las medidas anunciadas hace una semana por el ministro de Economía, Domingo Cavallo, para evitar una caída del sistema bancario por el retiro de dinero de los ahorristas.
Tras la difusión del último plan, el nuevo verbo que se escucha en el país es «bancarizar», ya que apunta a que la totalidad de los argentinos cobren sus sueldos, paguen las cuentas y realicen compras a través de cheques, débito automático o tarjetas de crédito.
Las restricciones vigentes de retirar hasta un tope de U$1.000 dólares mensuales de los ahorros o de las cajas donde se depositan los salarios, tomó de sorpresa a los argentinos y provocó encendidas polémicas y críticas a Cavallo.
En consecuencia, la falta de dinero circulante paralizó la economía informal –que representa casi el 40 por ciento del total de la economía– y asestó un duro golpe a la formal, según datos manejados en ámbitos gubernamentales.
De la Rúa necesita del PJ para acordar los términos del nuevo ajuste que significará poner en práctica las exigencias que el FMI acaba de exponer a Cavallo, a condición de otorgar al país los 1.260 millones de dólares para evitar la cesación de pago de la deuda externa o default.
«El gran tema son las provincias, el gasto público y el déficit. El FMI tienen muchas dudas al respecto», admitió Cavallo, quien llegó ayer a Buenos Aires procedente de Washington.
La mayoría de los gobernadores justicialistas reunidos el sábado con el jefe de gabinete, Chrystian Colombo, condicionaron ese apoyo a que el gobierno haga propuestas concretas para superar la crisis y a que renuncio Cavallo.
Entre las variantes que analiza De la Rúa, según la prensa, está la firma del gobierno de un acuerdo con el PJ para obtener el dinero del FMI, otra en la que el FMI exige previo al desembolso la aprobación del Presupuesto 2002 y la tercera la exigencia del FMI de devaluar el peso, lo que pondría fin a la convertibilidad (paridad 1 a 1 con el dólar).
Mañana también se cumplen 18 años del regreso a la democracia, tras siete años de la peor dictadura que conoció la Argentina, cuando asumía al gobierno Raúl Alfonsín del mismo partido que De la Rúa, la Unión Cívica Radical (UCR).
Alfonsín dejó el gobierno cinco meses antes de cumplir su mandato en medio de una hecatombe financiera, calificada por algunos como «golpe económico» de los sectores de poder, y en estos días la situación de su «correligionario» en la Casa Rosada sacudió ese fantasma de la inestabilidad. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad