"Hará al automóvil lo que el automóvil le hizo al carruaje tirado por caballos"

Presentan a "Ginger", el vehículo del siglo XXI

El nombre oficial del invento, sobre el cual se tejen conjeturas desde hace 11 meses, es «Segway Human Transporter».

El curioso monopatín fue presentado en simultáneo por Time y el show de ABC «Good Morning America», desfilando por las calles de Manhattan y con el fondo de la Casa Blanca.

«Hará al automóvil lo que el automóvil le hizo al carruaje tirado por caballos», pronosticó Kamen, que con la imaginación ya ve a «Ginger» por todos lados: los parques nacionales y Disneyland, los campos de batalla y los corredores de las fábricas, pero sobre todo las veredas urbanas, desde Seattle a Shangai.

«Los autos están bien para las grandes distancias, pero no tienen sentido en la ciudad», alegó Kamen en Time, soñando con el día en que el tráfico motorizado esté totalmente prohibido en los centros urbanos, para dejar campo libre a los miles de personas que irán a bordo de «Ginger» a una velocidad máxima de 28 kilómetros por hora.

«Ginger», o «Segway», como se lo conoce oficialmente desde ayer, fue comparado con una máquina cortadora de hierba alimentada a batería y controlada por diez microprocesadores.

Un software sofisticado y cinco giroscopios lo transforman en una «extensión del cuerpo humano» que reacciona a los pedidos inconscientes del cuerpo y al centro de gravedad de quien maneja.

Estos datos, monitoreados más de cien veces por segundo, son transmitidos a la computadora de a bordo, y luego desarrollados en instrucciones para el motor y las ruedas.

Basta una mínima inclinación de la cabeza de quien maneja para impulsar el scooter en esa dirección.

Según Kamen, y Time lo confirmó, basta con pensar dónde se quiere ir para hacer que Segway se mueva hacia adelante, hacia atrás, a la derecha o a la izquierda. El carro sin caballos no tiene frenos, y para detenerse el conductor debe inclinar el peso hacia atrás, atrayendo hacia sí el manubrio.

Y lo mejor es que, no importa cuánto se lo intente, «Ginger» nunca se rompe.

El monopatín que lee el pensamiento «llena el nicho entre caminar y manejar», proclamó Kamen, que lo definió como «pensado para un mundo de peatones».

«Una bicicleta es demasiado lenta y liviana para convivir con los camiones, pero demasiado veloz y pesada para mezclarse con los transeúntes», explicó el inventor, cuya máquina es compatible con las veredas.

«Si Segway te choca –precisó– es como ser chocado por otro transeúnte».

Segway le costó a Kamen cien millones de dólares en investigación y desarrollo: según el inventor, puede llevar de paseo a quien lo maneja durante todo un día, por menos de 20 centavos de electricidad.

Los primeros compradores del modelo «profesional» ya están en fila: el Servicio Postal Federal, la General Electric, Amazon.com y la Michelin North America, así como el National Park Service y la ciudad de Atlanta, ya reservaron los primeros ejemplares, a 7.000 dólares cada uno.

Pero el año próximo ya estarán listos, justo a tiempo para Navidad, los modelos para la gente común: pesarán unos 30 kilos y costarán unos 2.700 dólares.

Serán fabricados al ritmo de 40.000 unidades anuales por la fábrica de Manchester (New Hampshire) donde Kamen ya construyó el precursor de «Ginger»: «Fred Upstairs», una silla de ruedas-robot capaz de subir, bajar y (según Kamen) hasta «bailar» en las escaleras.

A los 50 años, y sin haber terminado nunca la universidad, Kamen tiene en su haber algunas grandes invenciones, como la primera bomba portátil para insulina, o la máquina para diálisis renal no más grande que una valija. Con «Ginger» conquistó la imaginación de las grandes personalidades de la industria informática: entre los financiadores de Segway están, en efecto, el fundador de Apple, Steve Jobs, y el padre de Amazon.com, Jeff Bezos. *

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