La discreta Sor Chantal, en Kabul
Sor Chantal no quiere hablar, prefiere ser discreta. Por convicción y también para sobrevivir, estas últimas semanas se ha puesto la «burka», el velo que cubre a las mujeres afganas y les deja sólo una rejilla frente a los ojos.
La religiosa tiene 75 años y vive en Kabul desde hace 45, acompañada de sus «dos hermanas» de la Congregación de la hermanitas de Jesús. La razón de su existencia: «Vivir con los más pobres».
Chantal, francesa y las dos otras, japonesa y suiza, constituyen la única presencia católica en Kabul a pesar de los combates, bombardeos y fundamentalistas.
Una presencia tan discreta que las lleva incluso a cubrirse con la «burqa». Las dos «hermanitas» de Sor Chantal trabajan en el ex hospital franco-afgano de la capital donde se ocupan de unos 200 pacientes. Son enfermeras muy mal pagadas: «Alrededor de un dólar al mes e incluso ese salario dejó de ser pagado desde hace tres o cuatro meses». Actualmente, las monjas viven gracias a la caridad de su congregación en Roma.
¿Están integradas a la sociedad afgana? «Seremos siempre extranjeras, incluso cubiertas con la burqa, saben que somos extranjeras por nuestra forma de caminar», dice sor Chantal.
Después de los atentados del 11 de setiembre, cuando los últimos extranjeros se fueron de Kabul el 19 de setiembre, las tres «hermanitas» se quedaron solas en la capital. «Pero los afganos son muy hospitalarios, los amigos venían a ver si necesitábamos algo, no nos hemos sentido en absoluto abandonadas…», explica. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad