Arafat entre dos fuegos
La autoridad de Yasser Arafat, atrapado entre dos fuegos, vacila como no lo hacía desde 1982 en Beirut, durante la invasión israelí al Líbano, cuando el presidente palestino estuvo tan cerca como hoy de perder su liderazgo.
También en ese entonces Arafat tenía enfrente a Ariel Sharon, en aquella época ministro de Defensa de Israel. Arafat está entre la espada y la pared. Israel no le dio tiempo y respondió, con una incursión contra su helipuerto en Gaza y con un bombardeo en Jenin (Cisjordania), a los sangrientos atentados del fin de semana en Jerusalén y Haifa, obra de los integristas de Hamas y de la Jihad Islámica.
A su vez estos últimos tienen intención de aprovechar con fines de propaganda los arrestos de un centenar de activistas islámicos realizados la noche pasada y esta mañana por los servicios de seguridad palestinos. «Fue un crimen gravísimo el que realizó Israel en el momento en que la Autoridad Nacional Palestina (ANP) había comenzado a arrestar a los responsables de los atentados», protestó el negociador palestino, Ahmed Qrea (Abu Ala).
Peligran, sin embargo, no sólo el poder y la propia vida del presidente palestino (varios ministros israelíes se dijeron favorables a su expulsión de los Territorios), sino también su prestigio y su credibilidad entre su gente.
Desde Damasco, uno de los líderes de Hamas, Musa Abu Marzuk, no perdió tiempo en definir a Arafat como «el guardián de Israel y de Estados Unidos». En las calles de Gaza, un millar de activistas y simpatizantes de Hamas manifestaron contra Israel, quebrando la prohibición anunciada el domingo por la ANP.
La población palestina, en Gaza particularmente, recibió con malestar la noticia de los aproximadamente cien arrestos de activistas islámicos efectuados por las fuerzas especiales de las fuerzas de seguridad de la ANP y la proclamación del «estado de emergencia nacional» en los Territorios.
Mucha impresión provocaron, sobre todo, la detención de dos altos dirigentes de Hamas, Ismail Abu Shanab e Ismail Hanyeh, y el arresto domiciliario al que fue sometido el líder espiritual del movimiento islámico, el jeque Ahmed Yassin.
Si bien en el caso de Yassin el arresto domiciliario es sólo simbólico –el jeque de Hamas es cuadripléjico y desde los 12 años vive en silla de ruedas– los habitantes de Gaza tuvieron palabras duras contra la ANP.
«Los mujaidines (combatientes de la fe, NDR) de Hamas luchan contra Israel, que ocupa nuestra tierra y destruye nuestras casas. Arafat no puede detenerlos», dijo ayer Firas Hijazi, un simpatizante de Hamas, durante los funerales de un activista islámico asesinado por los soldados israelíes. Hamas y el otro grupo islámico, la Jihad, ahora sufren las detenciones, pero en efecto y miran hacia adelante.
La destrucción de la ANP y la expulsión de Arafat de los Territorios se encuadra también en sus programas. *
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