Sólo hay acuerdo en elegir al ex rey de Afganistán
Las delegaciones, después de muchos ejercicios de optimismo, se mostraron divididas sobre el futuro del país, el reparto del poder y las garantías de seguridad y con una única coincidencia, la participación del ex rey en el proceso aunque sea como un hecho más simbólico que político.
En cuanto a la forma institucional, el punto central de la negociación es la creación de nuevas estructuras políticas.
El poderoso líder de la delegación de la Alianza del Norte, el ministro del Interior, Yunus Qanuni, puso en claro que «todos los grupos étnicos deben estar representados», y que una justa representación es «la premisa para la democracia y las elecciones libres».
El martes se había logrado consenso sobre el calendario para la futura organización de Afganistán: creación de una administración interna para tres o seis meses, y convocatoria –posiblemente en la primavera– de una asamblea de jefes de todas las tribus: Loya Jirga.
Esta asamblea debería abrir el camino a un gobierno provisorio que ocuparía el cargo durante dos años.
La representación por etnias ya en el segundo día planteó problemas porque los delegados llegados a Bonn no representan a todos los grupos étnicos en Afganistán.
La misma delegación de la Alianza del Norte no parece hablar con una sola voz.
Según el portavoz del ministro de Comercio Mohammad Nateghi, Adbul Ghafer, los uzbekos estaban ausentes por completo y los hazara, el 20 por ciento de la población, estaban representados sólo por Nateghi. Qanuni en cambio es tayiko.
Uno de los nudos más espinosos de la negociación es a quién confiar la tarea de la seguridad en el período de transición de la posguerra.
Las Naciones Unidas, por su parte, se inclinan por la presencia de una fuerza de paz multinacional.
Otras opciones son en cambio los Cascos azules, dirigidos directamente por la ONU y no por Estados Unidos, y tropas étnicas afganas.
Esta última opción fue excluida por las Naciones Unidas porque requeriría demasiado tiempo y es, en cambio, la preferida por la Alianza del Norte.
«No hay necesidad de soldados extranjeros, hay suficiente seguridad en Afganistán», declaró Qanuni.
Otro de los temas centrales es el rol del ex rey y, aunque todos excluyen un retorno de la monarquía a Afganistán, la figura de Zahir Shah, exiliado en Roma, parece poner a todos de acuerdo.
El ex soberano podría tener una función de unión, simbólica más que política, en la transición afgana.
El propio Qanuni no planteó ningún veto: «No creemos en el rol de las personas, sino en los sistemas», dijo hoy en Bonn.
Pero si el sistema de la Loya Jirga «decide que el ex rey debe tener un rol, aceptaremos la decisión», agregó.
Las Naciones Unidas, bajo cuyos auspicios se desarrolla la conferencia de Bonn, frenaron hoy las expectativas de un resultado inmediato y que incluya a todos.
«La atmósfera es buena»‘, dijo Francesc Vendrell, vice del representante especial para Afganistán, Lakhdar Brahimi, pero no se puede pensar que «después de todos estos años de guerra lograremos encontrar una solución a todos».
Prudente también se mostró el portavoz de Brahimi, Ahmed Fawzi, quien señaló que «un grano de arena puede romper un motor». Sobre la duración de la conferencia nadie se pronunció: podría durar dos o tres días, hasta el fin de la semana, pero no se excluye que se necesite una segunda conferencia.
Lo único seguro es que el 5 de diciembre se realizará en Berlín una conferencia de países contribuyentes y Vendrell planteó la hipótesis de que los trabajos entre las delegaciones en el Petersberg, de Bonn, prosigan hasta entonces. *
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