El "desembarco" ruso
Los militares y agentes secretos tienen la misión de oficiar de nexo entre el comando estadounidense y las fuerzas de la Alianza del Norte, mientras continúa el arribo de diversos elementos humanitarios y personal diplomático a la capital afgana.
En la jornada se sumaron otros dos aviones de transporte Iliushyn 76, aquellos que fueron ampliamente usados durante la desastrosa campaña soviética en Afganistán.
El ministro de Defensa, Serghiei Ivanov, confirmó la presencia militar rusa en Kabul pero agregó que el número de 100 –difundido por algunos medios de información– es «exagerado».
Agregó que no se trata de tropas de operaciones de comando sino de personal de los ministerios de Defensa, del Interior y agentes de servicios secretos que trabajarán como «agregados militares» en la misión diplomática y para mantener «los contactos con el comando de Estados Unidos y las tropas afganas».
Moscú afirmó que no participará directamente en operaciones militares en Afganistán pero que está listo para «acciones de búsqueda y socorro» y de coordinación con el comando aliado.
En la noche entre el domingo 11 y lunes 12 de este mes habían aterrizado otras unidades Iliushyn 76 en el aeropuerto de Bagram, construido por los soviéticos en los años 80.
Hasta el momento descargaron alrededor de 800 toneladas de materiales, vehículos, maquinarias para la edificación de un gran centro que incluirá un hospital de campaña y desplegará el programa humanitario ruso y de los otros países aliados de Asia central.
El despliegue ruso también se ocupará de la reinstalación, ya iniciada, de la embajada en Kabul, evacuada en 1992 tras la caída del gobierno filosoviético de Muhammad Najibullah.
La evacuación se produjo tres años después del retiro de la Armada Roja derrotada por los mujaidines, pero que ahora regresa al país.
Junto a los aviones, comprometidos en lo que el presidente Vladimir Putin definió como «la más compleja operación de transporte militar desde hace muchos años a esta parte», se sumaron especialistas en protección civil y de salud, divisiones que retiran minas y decenas de militares del Ministerio de Defensa y de servicios secretos.
Putin dijo que el «desembarco» en Kabul se produjo a partir de «un pedido del estado islámico de Afganistán», es decir Burhanuddin Rabbani, de quien Moscú es principal sostén militar y político.
Los servicios secretos colaboran desde el comienzo de la operación Libertad Duradera con sus colegas norteamericanos.
La presencia de los militares y de los agentes de espionaje rusos –además de la ayuda humanitaria– coinciden con la apertura de ayer de la conferencia sobre Afganistán, en Bonn, a la cual Rusia envió observadores, mientras los talibanes resisten en Kandahar.
La presencia rusa adquiere gran importancia en un momento en el cual la situación sigue siendo dinámica en el plano militar, con una presencia articulada de las distintas etnias sobre el territorio y extremadamente fluida en el costado político.
Al mismo tiempo que representa una confirmación del apoyo brindado a Rabbani.
Rusia insiste en que no quiere oír hablar de la presencia talibán en un futuro gobierno.
Por su parte, el propio Rabbani pareció abrirse a la hipótesis de la inclusión de los talibanes moderados a título «individual» y sin sangre en las manos.
Es decir, los «moderados» de siempre que para Moscú «no existen».
Pero Rabbani aparentemente especula con integrar los espacios vacíos en sentido amplio de la administración y no en el gabinete. *
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