El cerro de Petersberg, centro histórico de la diplomacia alemana

El cerro de Petersberg, donde se abrió este martes la conferencia interafgana sobre el futuro de Afganistán, cerca de Bonn, está desde hace décadas en el corazón de la vida diplomática de la República Federal de Alemania.

El elegante edificio que destaca en su cima, a unos 330 metros de altura y con vistas al Rin, está relativamente tranquilo desde la mudanza del gobierno federal a Berlín durante el verano de 1999, aunque conserva su estatuto de residencia de huéspedes de la República.

La empinada carretera que conduce a la residencia vio desfilar a generaciones de jefes de Estado y de gobierno del mundo entero: Neville Chamberlain, Isabel II de Inglaterra, el Sha de Irán, Nelson Mandela, Yasser Arafat, Mijail Gorbachov, Boris Yeltsin, Vaclav Havel, Bill Clinton…

El lugar dio su nombre en 1949 a los «acuerdos de Petersberg», concertados entre el entonces canciller de la joven RFA, Konrad Adenauer, y las potencias ocupantes, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, y que determinaba detalladamente sus relaciones.

En 1973, el automóvil del secretario general del Partido comunista soviético, Leonid Breznev, de visita a Bonn, se salió de una curva y aterrizó en un foso. El flamante Mercedes en el que viajaba acababa de serle regalado por el canciller Willy Brandt.

El gobierno alemán compró la residencia -explotada como hotel desde 1892- y su capilla del siglo XVIII en 1979. El coste de la renovación del complejo se elevó a 66 millones de euros (58 millones de dólares).

Ironía del destino, las obras fueron terminadas en 1989, año de la caída del Muro de Berlín.

La residencia es gestionada desde 1990, cuando no hay visitas oficiales, por una cadena de hoteles de lujo. Aunque sigue siendo propietario, el Estado renunció hace dos años a su derecho preferente para la reserva de habitaciones, y ésta se efectúa ahora «en coordinación» con la dirección del hotel.

El campeón mundial de Fórmula 1 Michael Schumacher celebró su boda allí durante el verano de 1995.

En febrero de 1999, el canciller Gerhard Schroeder convocó una cumbre informal europea en la residencia, donde meses más tarde ministros de Relaciones Extranjeras del G8 discutían sobre el futuro de Kosovo.

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