El ARI de Carrió se define y se organiza
ISIDORO GILBERT
El ARI surgió hace un año atrás, más como necesidad para sobrevivir de los disidentes de la Alianza, especialmente del Frepaso, cuya sangría no se detiene. El liderazgo natural de Carrió surgió solo y por momentos se elevó como la política más creíble del país. Con todo, en las elecciones del 14 de octubre, la ciudadanía la apoyó en menor medida que lo que analistas y protagonistas de esa corriente esperaban.
En San Nicolás no pudo ser redactado totalmente el documento final, pero no por razones de divisiones ideológicas: hubo necesidad de ponerlo a discusión en todos los distritos. De todos modos, surgen interrogantes en cuanto a su línea política, impregnada de intransigencia frente a otras expresiones políticas, que en teoría se proponen objetivos semejantes.
Por lo pronto Carrió deja asentada una definición clave: «Si cambia el régimen no importa quién sea el presidente; si no cambia el régimen no vale la pena ser presidente». Es que la diputada propone llevar adelante cambios «de raíz» en la política, si aclarar métodos y aún en elaboración la propuesta programática que estará redactada para febrero bajo la dirección de un economista socialista egresado de la Universidad de Filadelfia, Rubén Lo Vuolo. Además se propone «pensar la Argentina desde un lugar distinto. «Hay que cambiar de raíz la matriz política, económica, institucional y social de la Argentina; ésta no es una batalla para banales o débiles. El ARI es un proyecto de principios que busca el poder, y no un proyecto de poder que busca sólo el gobierno», afirmó al inaugurar el cónclave.
Del mismo participaron sus diecisiete diputados nacionales, y unos trescientos legisladores provinciales y concejales. Pero la convocatoria superó sus expectativas y entre simpatizantes y dirigentes (entre ellos, Liliana Chiernajovsky, esposa del ex vicepresidente Carlos Chacho Alvarez, o el peronista Dante Gullo) los debates atrajeron a más de mil militantes.
En las discusiones se procuró aclarar que el ARI no es un partido sino un «espacio político» abierto a distintos sectores. La precisión no es obvia: obedece a que allí convive un partido como tal –el socialismo democrático–, y a que esperan que el Partido Intransigente se sume en marzo. Al socialismo le gusta más ser aliado que integrante del ARI, a fin de mantener su identidad. Habrá en su seno, por eso, debates con el sector más «moderado».
Carrió fue demoledora con el gobierno de Fernando de la Rúa, pero también con la Alianza a quien le imputa falta de firmeza para imponer su programa y dejar paso al de Domingo Cavallo.
No faltó el color, como discutir mate en mano, o, al final, propalar canciones que resaltan la figura del «Che». ¿Carrió es guevarista, como exaltaron delegados con pasado en corrientes radicalizadas? *
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