Un informe de Amnistía Internacional
Cinco niños palestinos murieron despedazados el jueves 22 a consecuencia del estallido de una bomba colocada por el ejército israelí en el campo de refugiados de Jan Yunis, al centro de la franja de Gaza. Los restos quedaron esparcidos hasta a 400 metros del lugar. El País tituló el domingo con una frase de un despacho de AP: «El ejército israelí admitió ayer que plantó una bomba en la zona de Gaza donde cinco niños palestinos murieron». El cable informa que según un vocero militar israelí «la bomba fue colocada por soldados israelíes en una barricada de sacos de arena del campamento de refugiados». Ese día el Tsahal clausuró y tapió tres locales de la ANP. El viernes en el sepelio de los niños mataron a otros tres palestinos, y dos más en Naplusa. El sábado fue asesinado el dirigente del Hamas Mahmud Abu Hanud y sus dos acompañantes por disparos de misil desde un helicóptero que penetró en Cisjordania y calcinó su vehículo. El portavoz de Ariel Sharon se vanaglorió de este asesinato selectivo (uno más de los setenta, al menos, ejecutados por el gobierno israelí, según el semanario jerosolimitano Kol Hair), encubriendo estas prácticas terroristas con un lenguaje «antiterrorista». Simultáneamente un informe de Amnistía Internacional señalaba el uso creciente de la tortura por parte del gobierno de Israel.
Niños palestinos asesinados
El domingo murió otro niño palestino de 13 años alcanzado por soldados israelíes en Belén, cisjordania. Una semana antes, Unicef había exhortado a Israel a no disparar contra los niños, dado que desde el 28 de setiembre de 2000, 194 niños y adolescentes palestinos habían sido muertos por tropas israelíes. Las imágenes del niño Mohammed Dura que su padre intentó en vano proteger de los disparos de soldados israelíes dieron la vuelta al mundo; escuelas, asilos y centros infantiles llevan su nombre, lo mismo que el de Iman Hejjo, muerta por esquirlas de una munición de tanque contra el campo de refugiados de Rafah, igualmente en Gaza.
También los israelíes han llorado la muerte de 50 niños y adolescentes en este período a manos de kamikazes palestinos, particularmente en los salvajes atentados en una discoteca de Tel Aviv en junio y en una pizzería de Jerusalén en agosto. Estos hechos claman por la reanudación del diálogo, a lo cual Sharon se niega. No sólo eso, sino que el domingo 25 (en vísperas de la llegada de dos emisarios norteamericanos a la región), tanques, bulldozers y blindados israelíes irrumpieron en la franja de Gaza y dispararon obuses otra vez en Jan Yunis, demoliendo viviendas. El gobierno anunció que seguiría la eliminación «selectiva» de palestinos. O sea, justicia por mano propia. A esta altura, van 991 muertos: 779 palestinos, 22 árabes israelíes y 190 israelíes.
Israel practica la tortura
Estos días Amnesty International entregó su informe sobre Israel al Comité contra la Tortura de la ONU, el cual comprueba que «el gobierno israelí no ha hecho frente a los indicios de un uso creciente de la tortura por parte de sus funcionarios». Según el documento, a pesar de la enérgica declaración del Comité contra la Tortura de la ONU de 1997 y de la resolución de setiembre de 1999 del Tribunal Superior de Justicia de Israel que prohíbe los métodos de interrogatorios que constituyen tortura, Israel los siguió utilizando. Entre ellos: privar de sueño a la víctima obligándola a permanecer sentada en posturas dolorosas, obligarla a mantenerse en cuclillas o colocarle esposas en condiciones dolorosas.
El documento agrega que a menudo los detenidos permanecen en régimen de incomunicación durante más de 20 días, sin acceso a abogados o familiares; y que se sigue practicando la reclusión administrativa sin cargos ni juicio, prorrogable por tiempo indefinido.
Amnesty detalla casos concretos de tortura, prisión prolongada en régimen de incomunicación y brutalidad contra detenidos palestinos a manos de fuerzas de seguridad israelíes. Por su parte el relator especial de la ONU sobre la tortura señaló que el uso de la reclusión prolongada en régimen de incomunicación por parte de Israel constituye una práctica de «trato cruel, inhumano o degradante».
Impunidad y demoliciones
El informe consigna que las fuerzas de seguridad «parecen gozar de impunidad a la hora de infligir tortura y malos tratos a los palestinos».
Solicita asimismo al Comité contra la Tortura declarar que la demolición de viviendas palestinas constituye «trato cruel, inhumano y degradante», en aplicación del artículo 16 de la Convención contra la Tortura (como hizo el Tribunal Europeo ante autoridades turcas).
«El año pasado fueron demolidas más de 500 viviendas en los territorios ocupados. No hay excusa posible para provocar centenares de tragedias humanas», señala el informe. Concluye que también violan el artículo mencionado otras formas de castigo aplicadas por Israel, como el cierre prolongado de pueblos y ciudades –que impide la libertad de circulación– y los dilatados toques de queda. *
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