En Kabul se acabó la escuela a escondidas

Zubaida tiene 11 años, y ahora ya no tiene que esconderse para ir a la escuela: está sentada junto a sus compañeros de clase, sobre una tela colocada en el suelo, pues los lunes asiste a clases de dari, la lengua derivada del persa que se habla mayoritariamente en Kabul y en todo Afganistán. Durante años, la escolar y sus compañeras estudiaron a escondidas porque los talibanes prohibieron que las niñas recibiesen educación.

«Tenía realmente miedo de ir al colegio. Escondía mis cuadernos bajo el velo», explica Zubaida. Las horas que dedicó al estudio eran un secreto del que sólo hablaba con su familia y algunos amigos.

«Mi madre fue quien decidió enviarme a este colegio. Cree que es importante que reciba una educación», añade la niña, con la cabeza cubierta por el velo, como todas sus compañeras.

El lugar se presta a la clandestinidad. Situada a las afueras de Kabul, rodeada de minúsculas huertas, la escuela de Zubaida es una simple casa que da a un pequeño patio interior.

Cada habitación es una clase, dotada de una pequeña pizarra y de un ábaco colgado de la pared. No hay sillas ni pupitres ni cristales en las ventanas. La escuela se confunde con el paisaje. Turpiky, una tayika de 35 años, es una de las profesoras. Se ocupa de diferentes grupos de 25 niños y niñas, que se van rotando debido a la falta de espacio. Les enseña dari, matemáticas y pashtun, la otra lengua principal de Afganistán. *

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