"Todavía puede moverse, ni Washington sabe con precisión dónde está"

Centenares de militares persiguen a Osama bin Laden

Con los aviones anglo-estadounidenses empeñados en el 43 día de las operaciones militares de Libertad Duradera, las acciones se orientan e insisten sobre los que serían los últimos escondites que le restan a los terroristas fundamentalistas, en un macizo montañoso cercano a la frontera con Pakistán.

Pero el secretario estadounidense de Defensa, Donald Rumsfeld, apaciguó a los optimistas: Bin Laden, principal sospechoso por los ataques terroristas del 11 de setiembre contra Estados Unidos (con más de 4.500 muertos entre Nueva York, Washington y Pensilvania), todavía puede moverse, no está limitado a un espacio definido, ni Washington sabe con precisión donde está el fundamentalista saudita, dijo.

Unos días atrás, la atención norteamericana se había concentrado sobre un grupo de túneles y subterráneos al este y al sudeste de Kabul, puestos en la mira por decenas de bombarderos pesados y caza-bombarderos, en operaciones que aparentemente no resultaron demasiado exitosas.

Diferente es el discurso para el otro «satanás» de la guerra, el líder de los talibanes, el molá Omar, encerrado en Kandahar, donde estaría negociando la rendición de la ciudad a los grupos de oposición de la minoría pashtún.

A quienes le preguntan si Estados Unidos aceptaría un acuerdo para la rendición de Kandahar que permita al líder de los talibanes dejar sano y salvo la ciudad, Rumsfed respondió: «Si estuviésemos al tanto, no».

El jefe del Pentágono aclaro luego que las fuerzas especiales estadounidenses en Afganistán «no están en condiciones» de negociar la rendición de los talibanes, donde todavía resisten, en Kunduz o en Kandahar, o de tomar prisioneros.

Le corresponde a las fuerzas de la oposición local, eventualmente, negociar con los talibanes, en consecuencia.

Desde el viernes pasado, el Pentágono reforzó notablemente la presencia de fuerzas especiales en el sudeste de Afganistán, para capturar a Bin Laden y a los otros terroristas.

Globalmente, los militares norteamericanos en territorio afgano sólo serían hoy «algunos centenares».

Entre sus tareas se cuentan recoger informaciones de inteligencia, llevar a cabo incursiones e implementar bloqueos viales, pero no están absolutamente en condiciones de controlar el territorio ni de influir sobre el resultado de las batallas de Kunduz y de Kandahar.

De esto se ocupan los B-52, los bombardeos pesados que ayer volvieron a golpear las líneas de resistencia de las milicias de los talibanes y de los mercenarios de Al Qaeda, estos últimos considerados los verdaderos animadores de la lucha, en especial en Kunduz.

Las fuentes de la Admnistración Bush reiteran en declaraciones públicas y televisivas, que Bin Laden comienza a sufrir la escasez de lugares donde ocultarse y que no goza del apoyo de la gente de la región por donde se desplaza.

El subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, piensa que corre «un serio riesgo de ser asesinado y capturado». Un portaaviones frente a Pakistán, en el mar Arábigo, ya estaría preparado para hospedar el proceso, ante una de esas comisiones militares o cortes marciales instituidas por el presidente George Bush con este fin.

Al hablar ayer en Lousville (Kentucky), el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, dijo que los talibanes «pagaron» por el apoyo dado a la red terrorista Al Qaeda, y advirtió que la guerra contra el terrorismo «no está concluida», aún cuando los talibanes no estén más en el poder.

El conflicto continuará hasta que la red terrorista de Bin Laden sea destruida «y todavía más aún», hasta que todos los grupos terroristas diseminados en todo el planeta no hayan sido individualizados, detenidos y derrotados.

Se necesitará tiempo, pero los Estados Unidos no se detendrán hasta que «la civilización no vuelva a estar segura», dijo Powell.

Sin embargo, Powell y Rumsfeld deben preocuparse de completar el éxito de esta etapa de la «nueva guerra», en la cual los acontecimientos militares fueron rapidísimos pero los políticos y diplomáticos –comprendidas las ayudas humanitarias y aquellas para la reconstrucción– proceden mucho más lentamente.

La ONU está convocando a una reunión entre las facciones afganas en un territorio neutro, para alcanzar un gobierno «de amplia coalición».

Y Estados Unidos se dispone a gestionar mañana, junto a Japón y algunos países europeos en Washington, una reunión de potenciales donantes. *

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