Campaña militar de EEUU en Afganistán será larga
Un mes de bombardeos de la aviación norteamericana en Afganistán colocó a sus adversarios en un conflicto que podría prolongarse durante todo el invierno (boreal) y más aún, con la perspectiva de una temida intervención terrestre de soldados estadounidenses.
El Pentágono afirma que los bombardeos destruyeron las defensas antiaéreas de los talibán, dañaron sus comunicaciones y las líneas de mando, y redujeron su arsenal.
Pero después de más de cuatro semanas de ataques, tanto diurnos como nocturnos, la operación «Libertad Perdurable» no consiguió ninguno de sus grandes objetivos.
El presunto terrorista Osama bin Laden sigue provocando a Estados Unidos desde su refugio secreto, mientras que su amigo y protector, el molá Mohammad Omar, jefe de los talibán, sigue siendo el dirigente indiscutible de la mayor parte de Afganistán.
Por su parte, la Alianza del Norte no supo aprovechar los bombardeos estadounidenses para realizar avances significativos.
Y cuanto más dura el conflicto, más alta está la moral de los talibán.
«Estamos preparados para una guerra larga y esperamos derrotar a Estados Unidos, al que todo el mundo llama superpotencia», declaró el lunes el ministro talibán de Enseñanza, Amir Khan Muttaqi, uno de los principales portavoces del régimen. En Estados Unidos, el jefe de Estado Mayor, Richard Myers, afirmó la víspera que la campaña será larga.
«Estamos preparados para ello», añadió, precisando que todo evoluciona según lo planeado. «Lo que les queda a los talibán es lo que llevan sobre la espalda y lo que almacenan en grutas y otros lugares de Afganistán, y nosotros pensamos que no es gran cosa», agregó.
Pero con la llegada del invierno y el inicio del mes de ayuno musulmán, el Ramadán, en menos de dos semanas, el tiempo apremia. En algún momento, estiman los analistas, la coalición antiterrorista necesitará una base terrestre en Afganistán.
El domingo será abierta una nueva pista de aterrizaje en Cherkat, 80 kilómetro al norte de Kabul, en territorio controlado por la oposición antitalibán, que debe permitir abrir una nueva vía de aprovisionamiento a la Alianza del Norte, conectando sus fuerzas próximas a Kabul con sus bases al norte de las montañas de Hindu Kush, adonde llega la ayuda procedente de Tayikistán.
Hasta ahora, las tropas y municiones sólo podían llegar en cantidades limitadas por helicóptero o después de una semana de difícil transporte terrestre. Las carreteras clave al sur de Tayikistán ya están bloqueadas por la nieve.
Pero Cherkat está aislado y demasiado cerca de Kabul para servir de base de concentración de fuerzas de la coalición. Mejor situado está el aeropuerto de Mazar-i-Sharif, controlado por los talibán, aunque cercano a la frontera de Uzbekistán, aliado de Estados Unidos.
Incluso si cayese Mazar-i-Sharif, los talibán aún controlarían Taloqan en el noreste, Herat en el oeste, Jalalabad y Kabul en el este y Kandahar en el sur.
Los intentos de dividir su base étnica, los pashtunes, fracasaron con la captura y ejecución del jefe de guerra Abdul Haq, el mes pasado.
Una misión secreta paralela conducida por Hamid Karzai, otro jefe pashtún, fue igualmente descubierta por los talibán la semana pasada.
Y a menos que se produzca un levantamiento popular contra el régimen fundamentalista orquestado por Washington, el temor a combates en las calles por la conquista de las grandes ciudades amenaza con convertirse en una realidad. Una perspectiva que alegra a los talibán. *
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