La prensa norteamericana se somete al Pentágono
The New York Times acaba de revelar en forma contundente que, en relación con la guerra de Afganistán, los medios de comunicación norteamericanos difunden exclusivamente lo que al Pentágono se le da la gana; y lo que el Pentágono no quiere, no lo difunden. En esa ecuación, la verdad está ausente. Es la primera víctima de la guerra. Un diario uruguayo definido por su proyankismo visceral como «El País» comenta que «nunca se vio nada parecido» y «nunca hubo tanta restricción a los medios».
Mentira pentagonal
Su resumen es que «la guerra sólo tiene versión oficial» y que «el grueso de la información la da el Pentágono».
Es lo que surge de la detallada información del rotativo neoyorkino. Leemos allí que «las autoridades del Pentágono reconocen las actuales limitaciones que se aplican a los medios de comunicación –lo que significa limitar el conocimiento de los ciudadanos– pero insisten en que son inevitables». Más adelante: «El Pentágono subraya que su política tradicional es de vedar la cobertura de operaciones de fuerzas especiales (por lo cual) una fase fundamental del conflicto estará fuera del alcance de los medios y la información e imágenes llegarán sólo a través de las autoridades (del Pentágono)». A mayor abundamiento, dice que «el Pentágono ha comprado todos los medios satelitales comerciales de alta resolución que muestran a Afganistán, con la finalidad (…) de mantener las fotos satelitales lejos de ojos curiosos». Agrega que «el acceso de los medios de comunicación a las operaciones militares es mucho más limitado» que en la guerra contra Yugoslavia, que ningún periodista fue admitido en el portaaviones Kitty Hawk ni en Omán (base de los Ac-130 y de los Rangers), que Gran Bretaña vedó el acceso de la prensa a la base de Diego García, en el Indico, y que el Pentágono también censura las informaciones provenientes de Pakistán, Omán y Uzbekistán. En cambio, «un periodista del NY Times pudo volar en un C-17 que llevó alimentos a territorio afgano, actividad que Bush ha buscado destacar».
El propio presidente dio la tónica al anunciar que la información sería limitada y determinadas misiones se mantendrían en secreto. El jefe del Estado Mayor, general Richard Myers, le hizo eco ipso facto. Lo novedoso es que una prensa a menudo caracterizada por su independencia se avino a marcar el paso, admitiendo por anticipado que la información proporcionada por ella no es confiable, en la medida en que se limita a reproducir las versiones amañadas por el Pentágono. El NT Times comparte la «actitud moderada» asumida por los medios y cita a Doyle McManus, corresponsal jefe de Los Angeles Times en Washington, según el cual «las restricciones en esta materia son razonables». El presidente de la CNN fue más lejos aún en esta autocensura impuesta.
Terroristas de EEUU
Otra derivación de estos hechos ha sido el ocultamiento de opiniones sobre temas esenciales cuando éstas contradicen la versión oficial. Es lo que sucedió con notas de Bob Woodward sobre la contaminación con ántrax en EEUU. Se trata del periodista que junto con Carl Bernstein derribó de su pedestal a Richard Nixon (Tricky Dick) con su investigación sobre Watergate. El propio Woodward debatió sobre la censura de su país durante la reciente reunión de la SIP.
Ahora, en el Washington Post que él catapultó a la fama, señaló que los responsables de las cartas con esporas no eran bin Laden ni Saddam Hussein sino grupos terroristas de EEUU, y que la CIA y el FBI manejan esa hipótesis. Esa noticia bomba fue dejada de lado deliberadamente, soterrada bajo una sarta de banalidades.
Y ello a pesar de contar con sólidos fundamentos. Según el Centro de estudio del odio y el extremismo de la Universidad de California, existen más de 600 (y hasta 800) «hate groups» (grupos de odio) en EEUU con una agenda que va del violento rechazo a las autoridades a formas de racismo y discriminación. Estos grupos manejan 360 portales en Internet y entre ellos se destacan el neonazi Aryan Nation, con células en todo el país, y la Alianza Nacional Hillsborough, de Virginia del Este, cuyo cerebro es William Pierce, miembro del Partido Nazi Americano, con el cual estaba vinculado Timothy Mc Veigh, el asesino de Oklahoma. Un miembro de Aryan Nation (Larry Wayne Harris, microbiólogo de Ohio) fue multado por obtener gérmenes de peste bubónica a través del correo. También se investigan cartas con ántrax enviadas a centros de aborto que, al igual que los homosexuales, son blanco de la «cruzada» terrorista. No obstante, las informaciones de Woodward fueron ignoradas por los medios.
Propaganda masiva
En cambio, al cumplirse el mes de bombardeos ininterrumpidos, soportaremos esta semana una campaña propagandística concentrada a cargo de Bush en persona, que incluye una videoconferencia de prensa desde Varsovia hoy, otro acto masivamente difundido el jueves y una comparecencia ante la ONU el sábado. Para convencer al pueblo norteamericano y al mundo –ante el creciente movimiento de rechazo– de las bondades de seguir masacrando al pueblo de Afganístán. *
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