Bombardeos masivos sobre Afganistán oposición lista para atacar Kabul
Pero la milicia fundamentalista talibán volvió a desafiar a los estadounidenses, calificando sus ataques de «desastre» y prometiéndoles «decenas de años de guerra».
En Estados Unidos se detectó ántrax en el Pentágono, núcleo del dispositivo militar norteamericano. El bacilo del carbunclo (o ántrax) contaminó ya a 18 personas, 4 de las cuales fallecieron.
Al entrar el conflicto en su quinta semana, la aviación estadounidense bombardeó las líneas de los talibán en torno a la estratégica ciudad de Mazar i Sharif (norte), para apoyar la ofensiva desencadenada el sábado por la Alianza del Norte (oposición afgana).
Ese enclave cercano a la frontera con Uzbekistán cuenta con un aeródromo, que permitiría el despliegue de fuerzas estadounidenses. Washington ya tiene dos mil efectivos en territorio uzbeko.
El portavoz del régimen talibán, el ministro de Educación Amir Jan Muttaqi, afirmó que «la ofensiva fue rechazada rápidamente» y añadió que «la oposición dejó 35 cuerpos en el campo de batalla».
La Alianza del Norte confirmó su ofensiva, pero dijo que la había interrumpido para permitir nuevos bombardeos estadounidenses.
Según el contraalmirante John Stufflebeem, portavoz del Pentágono, los ataques ocasionaron bajas «sustanciales» a los talibán, aunque se abstuvo de adelantar estimaciones.
«Sabemos que ellos no tienen libertad para operar en todo Afganistán, porque nosotros mantenemos la presión en todo el país», consideró el oficial.
En el frente situado al norte de Kabul, la oposición movilizó a varios miles de hombres y se dijo preparada para atacar la capital.
Pero las tropas y sus jefes confiesan que les faltan municiones y equipos, al tiempo que la nieve alcanzaba un metro de altura en el valle de Panshir, dificultando cualquier movimiento de tropas contra las milicias islámicas.
«Estamos preparados, pero depende de nuestra estrategia y de las circunstancias», declaró el general Mohammad Quassim Fahim, ministro de Defensa del gobierno afgano en el exilio.
El secretario norteamericano de Estado, Colin Powell, nombró al ex embajador James Dobbins para coordinar los contactos entre Washington y la oposición afgana.
«Debemos mantener contactos con muchas partes, facciones, interesados y personalidades afganas, y el embajador Dobbins se dedicará a ello de manera permanente», explicó el portavoz del Departamento de Estado, Richard Boucher.
Según las estimaciones más frecuentes, la oposición puede desplegar sólo a unos 4.000 hombres, frente a más de 6.000 talibán instalados a lo largo de la línea de frente al norte de Kabul.
Un mando militar de la oposición dijo que ésta estaba en condiciones de emprender una ofensiva en el este del país, pero deploró que el respaldo internacional se demorase en llegar.
«No podemos hacer nada con las manos vacías», afirmó el comandante Haji Mohammad Zaman en la ciudad paquistaní de Peshawar.
El jefe del Estado Mayor conjunto de Estados Unidos, Richard Myers, reveló el domingo que durante el fin de semana Washington desplegó en Afganistán especialistas de guía de bombardeos y consejeros, para ayudar a la oposición.
Estos refuerzos podrían traducirse en una intensificación de los ataques para abrir camino a una ofensiva terrestre antes del Ramadán –mes durante el cual los musulmanes ayunan durante el día–, que comienza a mediados de noviembre.
El lunes continuaron los bombardeos en diferentes puntos del territorio, incluido Kabul, causando 36 muertos civiles, según los talibán y la agencia Afghan Islamic Press (AIP).
Esta cifra no pudo ser verificada de forma independiente.
Interrogado durante una conferencia de prensa en Nueva Delhi sobre los «daños colaterales» de la ofensiva, el secretario estadounidense de Defensa, Donald Rumsfeld, estimó que «los bombardeos no pueden ser más precisos».
Añadió que no pensaba en una guerra que se prolongase por años. «Por supuesto, esperamos que todo esto dure el menor tiempo posible», afirmó.
Pero los talibán, que cuentan con el apoyo de varios miles de voluntarios procedentes de Pakistán, no parecen dispuestos a entregar las armas.
«Estamos preparados para una guerra larga y esperamos vencer a Estados Unidos, al que el resto del mundo llama superpotencia», dijo Amir Jan Muttaqi, uno de los principales portavoces del régimen, durante una conferencia de prensa en Kabul.
«De manera general, podemos decir que Estados Unidos fracasó, tanto en el plano militar como en el político. Se enfrentan a un desastre, y no lograron nada», prosiguió.
Los aliados europeos de Estados Unidos celebraron una minicumbre en Londres y reiteraron el domingo por la noche su solidaridad con Washington, a pesar de la erosión de la campaña militar que reflejan los sondeos de opinión en todo el mundo.
Varios dirigentes, como el primer ministro holandés, Wim Kok, y el presidente francés, Jacques Chirac, subrayaron que los ataques no deben ser la única solución y reclamaron la rápida puesta en marcha de una solución política en Afganistán.
El secretario general de la ONU, Kofi Annan, descartó la idea de crear un «protectorado» de las Naciones Unidas en Afganistán. También replicó a las acusaciones del líder fundamentalista islámico Osama bin Laden, quien el sábado calificó a la ONU de «instrumento criminal» para oprimir al mundo musulmán.
Annan reafirmó asimismo el carácter «universal» de los principios de la ONU, refirió su portavoz, Manoel De Almeida e Silva.
Para consolidar la coalición antiterrorista, el presidente estadounidense George W. Bush recibirá esta semana a varios dirigentes extranjeros, incluidos Chirac y el primer ministro británico, Tony Blair. El sábado, pronunciará su primer discurso ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York.
En el frente del bioterrorismo, el ántrax sigue avanzando en Estados Unidos, sin que hasta ahora se haya logrado determinar el origen de las cartas contaminadas con el bacilo.
Restos de ántrax se detectaron en la oficina de correos del Pentágono, cerca de Washington, que fue descontaminada el domingo. Además, un marino cuyo buzón había sido contaminado recibió tratamiento médico.
Unas 23.000 personas, civiles y militares, trabajan a diario en el Pentágono, blanco de uno de los atentados del 11 de setiembre, que causó unos 200 muertos. El ataque contra las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York dejó ese día 5.250 muertos o desaparecidos. *
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