El presidente argentino optó por las recetas del FMI

De la Rúa con la bendición del Tío Sam y el G-7

ISIDORO GILBERT (CORRESPONSAL EN ARGENTINA)

 

Está en la historia que De la Rúa optó por el recetario del FMI, de equilibrar las cuentas fiscales, que llevó a ajuste sobre ajuste, a profundizar el modelo de concentración y exclusión; a un callejón sin salida que incluso colocó el adelantamiento de las presidenciales, como modo de darle salida a la crisis económica que había alcanzado al gobierno luego de su revés electoral.

El Tesoro de los EEUU desde los tiempos del megacanje reclama un «plan sustentable» de crecimiento como modo de garantizar que la deuda externa no se iba a devorar a la Argentina. Dicho de otro modo: el gobierno debía preparar un plan coherente de crecimiento y de inclusión social para evitar su estallido como secuela del modelo, para que EEUU diera luz verde a la faena de rebanar parte de los intereses de la deuda. Condición para este objetivo es el déficit cero.

El miércoles desde una computadora de Presidencia se envió a O’Neill un mail «con lo sustancial de la legislación y el jueves por la mañana llegó el OK. Era la señal que esperábamos».

Es decir, se pidió permiso o consejo o visto bueno a los EEUU para hacer los anuncios. Según la alta fuente oficial que cuenta estos detalles, ello explica el silencio de esfinge del presidente, la desorientación de gran parte de los ministros e incluso de colaboradores cercanos a Domingo Cavallo que preparó en soledad, primero con Horacio Liendo y en los finales con el israelí-norteamericano Jacob Frenkel, lo sustancial de la legislación que abre el camino a una larga negociación con los acreedores.

De esa logia fueron excluidos integrantes del equipo económico, lo que determinó una minicrisis interna.

El peligro del optimismo

Para las autoridades, se cambiaron las reglas económicas, pero también políticas. Un optimismo que debe ser verificado por la vida. Esa luz proveniente de Washington hizo innecesario el acuerdo previo con los gobernadores para hacer los anuncios y es todo el secreto del que se jactó Cavallo.

El acuerdo político es insoslayable para obtener sostén financiero para la reestructuración, o sea, «convencer» a los acreedores de que es mejor aceptar un nuevo bono que rinda un 7% anual, contra el 11% actual, y que le permita al Estado ahorrar 4 mil millones de dólares en intereses que hagan posible el déficit nulo. Creen que para la operación obtendrán 3.000 millones de dólares previstos para este menester otorgado por el FMI y una suma similar entre los que podría entregar el Banco Mundial y el BID. Por lo pronto, Cavallo necesita que el FMI anticipe los 1.300 millones de dólares afectados al tesoro, para levantar vencimientos en noviembre.

En esta cruzada donde el gobierno se juega todo, el comunicado del G7 respaldando el plan busca amortiguar la desconfianza de los mercados externos que el viernes votaron por lo que consideran una «quita compulsiva inadmisible». Standard & Poor´s, cuyas opiniones suelen ser letales, sostiene que aun voluntario es de calificación «D». Están convencidos que no lo es: así se lo transmiten los bancos locales.

Que el camino está sembrado de espinas lo exhiben las dificultades para acordar con los gobernadores el modo que se distribuirán los impuestos federales, incluso el del cheque, con el que se piensa garantizar la «reestructuración voluntaria». Para los gobernadores es un desafío: el poder central les reclama que no se conformen con la renegociación de sus deudas, sino que lleven también a fondo el objetivo de no gastar más de lo que recogen y reciben. Para muchas provincias, puede significar convulsiones a las que difícilmente llegue a tiempo el plan social que manejará Patricia Bullrich que unifica todos los actuales menos dos.

En el oficialismo volvió la euforia como en tiempos del blindaje, deglutido en semanas, y arrastró a dos ministros. Una encuesta ordenada por Bullrich indica que el 73% entendió que el Presidente se orientaba a cumplir con las demandas expresadas en las urnas. Léase así: «Hemos conseguido fuerte respaldo popular». Y político, a la luz de los documentos de los restos de la Alianza o pronunciamientos como el de Eduardo Duhalde. ¿Cuánto durará esta visión idílica? «Le hemos marcado la cancha al peronismo», se ufanan. Desde esta perspectiva, creen que la oposición triunfante el 14 de octubre no tiene otro sendero que apoyar el programa. Se enojan cuando sólo se habla de la deuda. Reclaman que se lea el plan como un cuadrilátero: que es reactivador, de inclusión social, de rescate de empresas amén de reestructurador de la deuda.

No sólo los peronistas quedarían estrechados; también los críticos dentro de la UCR y el Frepaso. Y para De la Rúa queda abierta una nueva perspectiva, imaginan.

El difícil déficit cero

En todo caso, el panorama es más complejo. En lo inmediato quedan aislados aquellos que reclamaban el anticipo de las presidenciales. Todo dependerá de que el programa expuesto sea idóneo para salir de la recesión. Igual que el déficit nulo del presupuesto y donde el gobierno requiere de respaldo para reducir más de 6 mil millones de pesos. Si la recaudación no trepa, deberá ser mayor. Hay un silencio sospechoso sobre la poda de gastos estatales que afectarán, entre otros, a la obra social de los jubilados y a los maestros. En el Congreso la actitud peronista será vital.

En Wall Street suponen que gobernadores y legisladores de la oposición se opondrían al paquete. Es que en Manhattan leen linealmente algunas declaraciones contra el ministro. Si sólo era por el momento más duro de las negociaciones de los gobernadores o una estrategia no es dato menor. En la Unión Cívica Radical los detalles de los anuncios los sorprendieron. En su último encuentro con De la Rúa, el Presidente no habló de la reestructuración: la preocupación radical era la morosidad del mandatario y el horror que le genera a la UCR que no pudiera terminar su mandato.

Se afectan intereses

El paquete económico y social no es neutro. Esta vez De la Rúa (y Cavallo) aceptaron tocar intereses del sector financiero. La mitad de la deuda pública está en manos de bancos y fondos de pensión locales que deben optar por una rebaja de las tasas hasta el 7% como techo, de suyo alta para las que rigen actualmente en EEUU y que probablemente bajen esta semana pero que es una importante reducción.

Son en los cálculos oficiales 4.000 mil millones de dólares que dejan de percibir los bancos de aquí y afuera, que en gran parte son lo mismo, y sus hijas, las AFJP. Tendrán su compensación: la bancarización del sistema financiero, a horcajadas del plan social universal. Esta asistencia es en rigor financiada por los propios asalariados: no hay distribución del ingreso en un país con renta concentrada sino una reasignación de jubilaciones futuras y de las asignaciones familiares.

El mensaje es inequívoco: el gobierno paga hasta el 7% a partir de enero de 2002, es decir, que intentará en las semanas que faltan convencer que es mejor negocio la garantía de la recaudación fiscal que las perspectivas de la cesación de pagos. Es si sale bien, un «default ordenado», aunque se niegue el calificativo, previsto por los mentores del proyecto y que puede tener chance si se reactiva la economía en poco tiempo y la recaudación no cae. O los ahorristas no huyen de los bancos.

Los meses que vienen serán duros y el gobierno deberá hacer cabriolas para convencer de que hay luz al final del camino. Además, el contexto de recesión internacional es una condicionante.

En algún momento, la cuestión cambiaria deberá tomársela por las astas: incluso en EEUU creen que es el corsé al crecimiento.

De hecho, la difusión de los bonos, sean patacones o Lecop, introduce una tercera moneda, no convertible. En Brasil creen que el Patacón nacionalizado podría en algún momento reemplazar al peso como moneda y flotando, condición para el signo monetario único del Mercosur.

«EEUU no nos abandonó», aseguró el movedizo embajador argentino en Washington, Guillermo González. Es difícil pensar en términos de generosidad, pero sí de seguridad: evitar el efecto tango en el patio trasero en momentos de una guerra de futuro incierto en el Asia.

Esa era la certeza que animaba a Cavallo cuando todos lo miraban de reojo. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje