EEUU no permitiría que Argentina entre en default y arrastre a Brasil

Cavallo condiciona a De la Rúa

Dijo que iba camino a reforzar su poder político con pasos cuidadosos: un indispensable convenio con las provincias para que se adaptaran a las necesidades del déficit cero; luego, anuncios sobre medidas económicas ahora inminentes que se coronaba con un cambio ministerial que debía expresar la fuerza del presidente rodeado por hombres de su absoluta confianza. Las medidas económicas se conocerán hoy buscando reforzar el déficit cero con tibias medidas de reactivación y contención social.

Cavallo no sólo trabó las negociaciones con los gobernadores, también la relación con el Mercosur, objetivo estratégico y una de las condiciones para el reenfoque de la deuda externa con los EEUU. No fue un exabrupto porque en la cancillería, antes de que el ministro diera «como agotada la asociación con países que hacen lo que quieren con sus monedas», sabían que instruía para enredar la discusión en la comisión especial que nació en la cumbre De la Rúa-Fernando Henrique Cardoso hace dos semanas.

La tarea de la comisión, acordar salvaguardas provenientes de la asimetría cambiaria, quedó trunca. Va ser muy difícil que Adalberto Rodríguez Giavarini, eterno componedor de los entuertos, reflote otra vez más lo que Cavallo hunde.

Es mucho lo que está en la agenda entre los dos grandes del Mercosur. Por caso una reunión conjunta en noviembre con George W. Bush, para encarar el problema de la deuda en el trasfondo de la nueva situación internacional. Es decir, bajo la óptica de la seguridad. Las dos cancillerías creen que EEUU no permitiría que Argentina entre en default y arrastre a Brasil con implicancias más vastas, en plena guerra contra el terrorismo.

El endurecimiento de la negociación con los gobernadores sobre el replanteo del reparto de impuestos federales, puede entenderse como una guerra de posiciones. A veces subir la apuesta da réditos: nada mejor que culparlos de la crisis y despegar las responsabilidades a su política favorable a los intereses más fuertes. Recibió el saludo del sector financiero y de los ortodoxos del déficit cero como panacea. Cavallo cuenta con la coincidencia de otra dura, la confirmada ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, enfrentada en la visión gobierno-sindicatos con el jefe de gabinete, Crhistian Colombo, desairado ahora por el ministro de Economía y que casi lo puso en la necesidad de renunciar. ¿Logrará Cavallo dividir a los mandatarios provinciales urgidos de fondos?

Si el Presidente busca un gabinete homogéneo tendría una oportunidad: retirar al díscolo, como lo reclama casi todo el arco político- empresarial. No lo hará, al menos antes de diciembre: sería el techo de espera.

Una lectura posible a la actitud de Cavallo es que se considera irremplazable. Los nombres que circulan como alternativa no convencen al jefe de Estado. Puede irse más a fondo: no lo seduce otra orientación económica ya que puede traerle conflictos con sectores poderosos. Es lo último que aceptaría.

¿Se convierte en el poder dentro del poder formal? Sí, si el Presidente cede los hechos consumados. Algún límite puso: no enviar el litigio gobierno-provincias a la Corte Suprema y que las negociaciones con los gobernadores sigan en manos de Colombo. Al mismo tiempo, puso al canciller full time para reparar el daño con Brasil.

Otra lectura es que el ministro se apresta a dar un portazo, contra todos los pronósticos que siempre lo han calificado como un peleador, porque no encuentra salida a la actual crisis. El viaje secreto a Nueva York no habría dado resultados para atender las urgencias de la deuda, aunque mantuvo una conversación telefónica pero amistosa con el subsecretario del Tesoro, John Taylor. En el gobierno le asignan a esa charla singular importancia. Sólo ellos.

Un convenio de crisis con las provincias se sabía difícil, pero clave para garantizarles sobrevivir, manejar la conflictividad social y afianzar la gobernabilidad. En algún momento una solución anduvo cerca, incluso una pasajera hasta fin de año como alentó Carlos Ruckauf. Los mandatarios del interior no reclaman el cielo.

 

La deuda y cómo pagarla

 

La negociación Nación-provincias se restablecerá, lo que no da seguridades de un acuerdo para 2002. Un observador anotó: «Los peronistas se pondrán más severos, porque no tienen garantías de que quien firme el acuerdo no será desairado». El daño para la relación gobierno-peronismo es enorme y alienta las expectativas de quienes creen que la debilidad presidencial lo conduce a un callejón sin salida. Si se cumple la amenaza de una marcha de las provincias a Plaza de Mayo ¿quién puede garantizar que la multitud no pida el relevo del presidente? Por lo pronto, hay en estudio modificaciones para la ley de acefalía.

Tantas agorerías explican en parte el abroquelamiento radical en la cámara baja para evitar retirarle los poderes especiales delegados a Cavallo. Esas potestades se las entregaron a De la Rúa, por un acuerdo entre radicales y peronistas. De hecho, su anulación, golpeaba tanto al ministro como al Presidente, al menos políticamente, un elemento más para un debilitamiento extremo.

En este tour de force se añaden intenciones para controlar la cámara alta porque su titular es el que le sigue al Presidente en la sucesión: el peronismo está fracturado entre quienes entienden que ese cargo es para el radicalismo para evitar confusiones y los que quieren que se entregue al bloque mayoritario, es decir, el PJ. No está dicha la última palabra.

Raúl Alfonsín vive obsesionado por que no se repita con De la Rúa su propia experiencia: irse ante de concluir mandato.

Ve con preocupación cómo el Presidente se aísla, escucha a sus consejeros de escasa experiencia y no toma decisiones con premura. Comprende que aunque Cavallo está agotado, el Presidente no lo cambiará porque sus propias convicciones son ortodoxas. ¿Hay un plan alternativo que tenga suficiente consenso en los partidos mayoritarios, la CGT, y los empresarios nacionales? No, todavía. Con ese objetivo, el jefe radical recreó una Alianza ya inexistente para discutir con el Presidente un cambio en el rumbo económico, pero los dos no lo entienden de igual manera. Para Alfonsín, se trata de encarar de manera más audaz la cuestión de la deuda externa. De la Rúa dice entender que el peso de los intereses es insoportable, pero prefiere por ahora el déficit cero para recuperar confianza y que se inicie el ciclo virtuoso de la baja de las tasas, el regreso del capital inversor. Viejo esquema fracasado.

Alfonsín nunca le enviará un ultimátum a un hombre de su partido, ahora fracturado: hay rupturistas, semirrupturistas, pero apoyando o criticando en el ámbito parlamentario y los que creen que no se puede dejar solo al Presidente. «Si hoy hay un quiebre, De la Rúa se queda con el 30% del partido», cree un hombre más cercano a irse que a quedarse. «No es el número lo importante; es la calidad: los gobernadores, una parte de los legisladores y los intendentes, continuarían siendo oficialistas», piensa.

El martes se reúne el Comité Nacional en el que estas tres vertientes se harán sentir. De la Rúa cuenta con datos a favor. Uno, que la radical-disidente, Elisa Carrió, no hizo con su propia fuerza, el ARI, la elección que se aguardaba y no se convierte, aún, en luz suficientemente atractiva como para que sus correligionarios abandonen la iglesia partidaria. Y dos, la muñeca de Alfonsín por evitar la disgregación partidaria. «No se trata de que se vayan con Lilita. Lo preocupante es que cada municipalidad o gobernación se convierte en un fin en sí mismo y el radicalismo se fragmenta.

Alfonsín tiene esa preocupación y entre el gobierno y la salvación del partido, elegirá el partido», dice otra voz que lo acompaña a todos lados.

Puede ser una expresión de deseos. Tan subjetiva como que De la Rúa acepte la lógica del plan de Rodolfo Terragno: invertir las prioridades del déficit cero y deja
r lo que queda, después de atender las mínimas necesidades del Estado, las provincias, los gastos sociales y la reactivación económica, para pagar la deuda.

Semejante cambio de rumbo requiere no sólo de un poder político poderoso, sino un mandatario con reflejos y decisión. Y una ciudadanía que acompañe sin temer las consecuencias. Al menos por ahora, porque las ideas de Terragno y no sólo de él son compartidas por influyentes académicos norteamericanos que entienden que de otro modo, la Argentina no tiene destino. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje