Alianza quiere que De la Rúa cambie
ISIDORO GILBERT
Alfonsin le entregó un documento que firmó junto a algunos dirigentes del Frepaso, para que la presentación sea en nombre de lo que queda de la deshilachada Alianza, que el ex mandatario se esfuerza por salvar para poder enfrentar situaciones de emergencia, incluso institucionales
En cierto modo, el documento conjunto, fue también el último intento de algunos dirigentes frentistas para frenar la poderosa corriente rupturista, tanto del gobierno como del propio radicalismo, aunque respecto a la UCR hay divergencias.
El cambio de rumbo, para la Alianza, no es una entelequia y tiene como eje de su reflexión la necesidad de una «reestructuración del pago de la deuda pública». Aunque no se nombró en el escrito a Domingo Cavallo, todo el peso del documento recae sobre su política, especialmente los planes para un nuevo paquete que garantice el déficit cero y que incluye medidas de fuerte ajuste sobre sectores populares que ni radicales ni frepasistas piensan apoyar.
Cavallo estuvo dos días de incógnito en Nueva York, buscando que algunos banqueros influyentes le abrieran las puertas de los organismos financieros internacionales que le permitan enfrentar el peso insoportable de los intereses de la deuda externa, pero la misión fracasó. Ayer se negó a dar detalles a la prensa sobre sus gestiones.
La Alianza, de hecho, está en su final, pero es el radicalismo que tiene la duda de si para sobrevivir como partido debe o no seguir respaldando a un gobierno que aplica una política que no comparte. La situación no es sencilla, porque se levantan voces dentro del peronismo que claman por «un paso al costado» del Presidente y el llamado a elecciones anticipadas. El mandato de De la Rúa culmina en diciembre de 2003.
El ex presidente busca unificar a sectores políticos, económicos y sociales, para darle fuerza a una nueva orientación económica en la que pueda apoyarse el gobierno.
Alfonsín piensa que es posible que el Presidente reflexione, pero gran parte de su partido estima que De la Rúa no cambiará. Para muestras, basta un botón: ha ratificado a Cavallo. El ministro de Economía en la víspera aseguró sin inmutarse que él está liderando el cambio que el 90% del electorado «con razón» ha demandado en las elecciones recientes. Pero para el ministro el cambio de rumbo es reducir los gastos del Estado y las provincias, las causas por que la Argentina no crece, ha perdido el crédito internacional y debe ceñirse a gastar sólo lo que recauda.
Como Cavallo no logró un acuerdo con los gobernadores para resolver cómo se reparten en 2002 los impuestos federales, ayer dio por terminadas las negociaciones con las provincias, lo que abre un serio interrogante. En definitiva, les comunicó que les seguirá enviando lo que les corresponde por impuestos, pero, en una proporción no definida, con una moneda no convertible conocida como Lecop. Uno de los puntos clave, la refinanciación de las deudas de las provincias con los bancos, la dejó librada a negociaciones sin participación del Estado.
Posiblemente la Suprema Corte deba ser la que laude en la controversia fundamental: la reducción del piso actual del régimen de coparticipación de 1.364 millones de dólares mensuales, que es una ley, a 900 millones, que es lo que acordó el gobierno con el FMI y es la madre de todas las discordias.*
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