"Los estadounidenses podrían perder la guerra de la propaganda", dijo experto

La campaña afgana muestra límites del poderío militar

Si este escenario persiste por semanas y meses, Estados Unidos y sus aliados corren el riesgo de que se deteriore el respaldo público a su asalto militar contra el gobernante movimiento Talibán de Afganistán.

Analistas occidentales dicen que la operación militar está avanzando de acuerdo con lo esperado: el error está en los que esperaban que una guerra tradicional diera resultados rápidamente al enfrentar al terrorismo.

«La campaña militar es importante pero es una parte relativamente pequeña de la campaña total para reducir el riesgo del terrorismo para los ciudadanos», dijo Timothy Garden, experto militar del Instituto Real de Asuntos Internacionales, en declaraciones a Reuters.

El presidente estadounidense, George W. Bush, ha dicho que quiere a Bin Laden «vivo o muerto». Derrocar al Talibán se convirtió en un objetivo después que el grupo islámico radical se negó a entregar al hombre acusado de organizar los atentados del 11 de setiembre en Estados Unidos.

Los dirigentes estadounidenses y británicos han insistido en que la lucha contra el terrorismo será larga, pero la falta de avances rápidos y visibles contra Bin Laden y el Talibán podría tener un efecto sobre el público.

«Los estadounidenses podrían perder la guerra de la propaganda», dijo William Hopkinson, experto británico en seguridad internacional.

«Lo peor sería un goteo constante de víctimas civiles y sin progresos durante el invierno, que sólo está a una o dos semanas de distancia».

Cuando el presidente de la mayor potencia militar del mundo le declara la guerra al terrorismo y se compromete a librar al mundo de las fuerzas del mal, hace crecer las expectativas de que Estados Unidos y sus aliados puedan, al menos, deshacerse del Talibán.

Un tono más sobrio

El bombardeo se inició hace casi tres semanas. En los primeros días, el Pentágono proclamó que había logrado la superioridad aérea sobre el Talibán, destruyendo aeropuertos y radares, así como lo que fue descrito como su «sistema de mando y control».

El tono es ahora menos triunfalista.

El secretario estadounidense de Defensa, Donald Rumsfeld, sugirió esta semana que Bin Laden podría no ser capturado nunca y el subdirector de operaciones del Estado Mayor Conjunto, contralmirante John Stufflebeam, reconoció que el Talibán estaba resistiendo más allá de lo esperado.

La campaña aérea, aparentemente más por su diseño que por accidente, no ha podido desalojar al Talibán de las líneas del frente, donde sus milicias imponen su superioridad numérica y de armamento sobre las fuerzas de la Alianza del Norte.

Los cálculos del Talibán de 1.000 muertes civiles podrán no ser verificables, pero el Pentágono ha reconocido que algunas bombas se han desviado de su curso. Las imágenes de niños heridos, casas destruidas y refugiados aterrorizados enfurecen a muchos en el mundo musulmán y más allá.

Para cerrar una semana tambaleante para los aliados, el Talibán dijo el viernes que había matado a Abdul Haq, un jefe militar opositor que estaba en el exilio y que regresó a Afganistán para tratar de convencer a las etnias pashtún de que abandonaran al Talibán.

¿Habrán perdido entonces los estadounidenses la iniciativa? Sólo si uno tiene una idea errada sobre lo que el poderío militar puede conseguir, argumentan los analistas.

Garden dijo que la acción militar para destruir los campos de entrenamiento de Bin Laden en Afganistán parecía «marchar sobre ruedas», aunque los beneficios en términos de interrumpir el flujo de reclutas a su causa sólo podría verse en el largo plazo.

El eliminar a los líderes de la red Al Qaeda (La Base) de Bin Laden, requerirá acción policial, inteligencia y fuerzas sobre el terreno para buscarlos.

«Apenas hemos iniciado en Afganistán. Esto podría tomar años y no hay garantías de atrapar a todos», dijo Garden, al recordar la búsqueda incompleta de criminales de guerra en los Balcanes. La tarea de derrocar al Talibán, que según los aliados es vital para que Afganistán sea un refugio de terroristas, se complica por la incertidumbre sobre quién lo remplazaría en el poder.

«Nadie está muy entusiasmado con una irrupción de la Alianza del Norte, así que hay limitaciones políticas», dijo Garden.*

Hopkinson estuvo de acuerdo en que la posibilidad de que las minorías tayik, uzbekas y hazaras caigan sobre Kabul representa un riesgo de desestabilizar el sur del país, hogar de la mayoría pashtún, e incluso a Pakistán, aliado tradicional del Talibán.

«Podrán ser de los nuestros, pero no son muy buenos que digamos», dijo Hopkinson al referirse a la Alianza del Norte.*

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