Llegan con piernas aplastadas, heridas por esquirlas y miembros amputados

Los hospitales desbordados por afluencia de heridos

Es necesario curar a mujeres, niños y hombres que llegan con piernas aplastadas por el derrumbe de edificios, heridas producidas por esquirlas de obús, miembros amputados y heridas en la cabeza.

El doctor Shahzad Jan calculó que el centro donde trabaja, el hospital Sandeman, recibe entre 60 y 70 heridos civiles de guerra por día y que «hay muchos otros hospitales (de Quetta) que deben hacer frente al mismo problema».

Esta es una afluencia excesiva para una ciudad como Quetta, la capital de la provincia paquistaní de Baluchistán, no lejos de la frontera afgana.

Los pacientes llegan desde Kandahar, el feudo de los talibán, una zona muy castigada por los bombardeos.

Los supervivientes describen esta región como desierta y reducida a escombros.

Otros llegan desde Kabul, la capital afgana, y de pueblos aislados de Afganistán.

La campaña aérea de Estados Unidos, que comenzó el 7 de octubre, casi neutralizó la actividad de los hospitales afganos, limitados a garantizar un servicio mínimo. La mayoría carece de medicamentos y de material básico.

Abdul Kadar, de 22 años, relata que la mezquita de su barrio de Kandahar no escapó a las bombas.

«Eran las 21H00 y estábamos rezando cuando el bombardeo comenzó. Cinco personas murieron y otras siete resultaron heridas. No hacíamos nada más que rezar. Respaldamos a los talibán», declara.

El doctor Jan explica que el hospital Sandeman transformó su departamento ortopédico en servicio de urgencias y que otro sector del hospital iba a hacer lo mismo pronto.

«Llegan por docenas y docenas», declaró a la AFP.

El doctor Saleh Tareen cree que la situación será peor para las hospitales de la región si Pakistán abre la frontera de Chamán a los refugiados en Afganistán. Miles de civiles están allí hacinados en condiciones precarias.

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) instó al presidente paquistaní, Pervez Musharraf, a abrir las fronteras del país por razones humanitarias.

Pero por ahora Islamabad se negó a hacerlo, debido a la falta de agua tras tres años consecutivos de sequía y a las ciudades ya desbordadas de refugiados afganos.

Sólo los casos más graves son autorizados a cruzar la frontera.

«Nadie puede saber exactamente cuántos, pero puede estar seguro de que si esta frontera es abierta, recibiremos a mucha más gente», asegura el doctor Tareen.

El portavoz del hospital Al Hajeri Al Jidmat, Jalal Uddin, explica que la mayor parte de las personas atendidas son mujeres y niños. Y añade: «Uno de ellos perdió una pierna y a toda su familia». *

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