Ayer enterraron a los apocalípticos "bonzos"

El gobierno cerró ramas de la secta

Kanungu, Uganda, AFP

«Varios presos fueron llevados el lunes por la tarde del lunes al lugar, donde cavaron una gran fosa y echaron en ella los cuerpos», dijeron testigos a la AFP.

El lunes, 330 cadáveres, entre ellos los de 78 niños, habían sido contabilizados por la policía entre los restos carbonizados de los miembros de la secta. El inspector general de la policía ugandesa, John Kisembo, calcula que la cifra de víctimas podría alcanzar las 400.

Las ruinas de la iglesia en la cual los adeptos de la secta Restauración de los Diez Mandamientos de Dios se encerraron el viernes para inmolarse con fuego, han sido derruidas.

Los restos de esas ruinas fueron depositados sobre la tierra que cubre la fosa, constató un periodista de la AFP.

Asimismo este martes, seis cadáveres en un avanzado estado de descomposición y mutilados fueron extraídos en Kanungu de las letrinas del local de la secta. Según el médico forense Sam Birungi, del hospital del distrito, las seis personas fueron muertas antes de ser enterradas, días antes del suicidio.

Las víctimas podrían ser, según los vecinos, adeptos que amenazaron con revelar la inminencia del suicidio colectivo. Por otra parte la policía ugandesa anunció este martes que todas las ramas de la secta Restauración de los Diez Mandamientos de Dios, van a ser localizadas y cerradas.

La víspera, el presidente ugandés, Yoweri Museveni, había condenado el suicidio colectivo y prometido tomar medidas contra los supuestos dirigentes religiosos que ponen en peligro la vida de sus seguidores.

El presidente criticó a «los individuos peligrosos y oportunistas que se hacen pasar por dirigentes religiosos», declaró su portavoz, Hope Kivengere, añadiendo que Museveni calificó de «acto horrible, insensato y trágico» el suicidio.

La secta, fundada y dirigida por el gurú Jospeh Kibwitere, del que aún no se sabe con seguridad si figura o no entre los muertos, podría contar hasta 4.000 adeptos en todo el país, según el ministro del Interior, Edward Rugumayo. Los adeptos de la secta que se suicidaron el viernes con fuego en su iglesia de Kanungu creían en el advenimiento de una nueva era sin sufrimientos ni penas al final del año 2000.

Consideraban que su tarea era «avisar al mundo entero que había que prepararse para el próximo fin de la presente generación», según un informe sobre la secta, registrada en 1987 por las autoridades ugandesas como organización sin fines de lucro.

«El mundo debe prepararse para entrar en el año 1 de la nueva generación.

Después del año 2000, la generación de gente va a habitar una nueva Tierra, en la que el sufrimiento y la pena no existirán», afirma el informe, del que extractos fueron citados el lunes por el ministro del Interior.

La plana mayor de la secta Restauración de los Diez Mandamientos de Dios.

Aún no se sabe si estaban entre los que se inmolaron.

Foto: REUTERS

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