Oleada macartista y censura de prensa

Una turbia oleada macartista ha entrado a imperar en EEUU, que implica el desconocimiento de libertades fundamentales y una rígida censura de prensa, en medio de un clima de histeria y de dosis insuperables de cinismo para justificar las matanzas de civiles, todo lo cual se extiende a los aliados, en primer lugar a la Gran Bretaña del laborista Tony Blair. El mundo comienza a reaccionar contra este envilecimiento de la política internacional y el descaecimiento de los valores de la paz y la democracia.

Fredy Lima y la histeria

El caso de Fredy Lima sirve para medir el grado de histeria dominante en EEUU. Este compatriota nacido en 1954 en Rosario, departamento de Colonia, estudió en la Universidad de París VIII, se doctoró en Economía, fue investigador del Centro de Información sobre América Latina y del Programa Regional de Investigaciones Económicas y Sociales del Cono Sur. Publicó en 1991 «Las privatizaciones en Europa», trabaja para entidades internacionales e integra el CEE 1815 presidido por Seregni. Ahora cometió un doble error en el aeropuerto de Miami (en viaje para cumplir una misión en Guatemala): hizo un comentario sobre un bolígrafo y usa barba. Razón por la cual desde el miércoles 17 está preso, será sometido a la Justicia recién mañana y deberá reunir 25 mil dólares de fianza para salir en libertad.

El pisoteo a los derechos ciudadanos ha pasado a ser la norma. El presidente Bush le garantizó al FBI y a la CIA total impunidad para actuar por sus pistolas en el país y en el exterior. Voces conscientes alertan que los derechos humanos viven su peor momento desde la época del macartismo desaforado. Se detiene a cualquiera, las garantías constitucionales no rigen respecto a los detenidos y se dio luz verde al FBI («cerrando un ojo –o los dos– a la legalidad», como se dice) para usar métodos «duros» en los interrogatorios: o sea, la tortura en diversas formas, notoria especialidad yanki exportada a muchos países, Uruguay incluido; y fármacos que «suelten la lengua», como los utilizados por las huestes de Massu en la guerra de Argelia.

Item más, acaban de entregarle mil millones de dólares adicionales a la CIA para que mate a Bin Laden y a sus seguidores y para un conjunto de operaciones encubiertas (como las que ha practicado por cientos la Agencia, matando a gobernantes y líderes políticos por todo el mundo). En lenguaje del Far West, el jefe del Estado Mayor conjunto, general Richard Myers, declara que cuando el líder de Al Qaeda esté a tiro, «las balas silbarán». También procuraron matar al molá Omar bombardeando su casa en Kandahar, como lo hicieron con Khadaffi.

Los muertos y el cinismo

En verdad, las balas (y las bombas de 2.000 kilos) silban para toda la población de Afganistán. Ya quedó probado que cuando habla de evitar los muertos civiles, EEUU sólo da pruebas de un cinismo insuperable. Bush volvió a demostrarlo en Shanghai, al declarar: «No queremos absolutamente que personas inocentes paguen con la vida». En la práctica esto se ha traducido en víctimas civiles que se aproximan al millar. Ayer fue bombardeado un hospital, se habla de cien muertos y apareció el concepto de genocidio. EEUU busca que otros países también pongan carne de cañón en la escalada, en particular Gran Bretaña, para lo cual requiere el concurso de las fuerzas especiales SAS que actuaron en la guerra de las Malvinas contra Argentina en abril de 1982 y en la guerra del Golfo contra Irak en 1991. Pero el mundo les cree cada vez menos. En la conferencia de Asia-Pacífico, Indonesia y Malasia se negaron a respaldar los bombardeos, China reclamó respeto a los civiles y la intervención de la ONU. Alternar las bombas con paquetes de alimentos es otra expresión suprema de cinismo. La revista Time dice que «la comida que dejan caer los aviones USA han tenido un impacto insignificante ante la escasez de alimentos».

Marx y la prensa

Estos hechos repercuten en el debate abierto en EEUU sobre la censura impuesta a los medios de prensa. La asesora de Seguridad Condoleezza Rice le reclamó a los directores que no pasaran las noticias de fuente afgana sino exclusivamente las emanadas del Pentágono, y presionó a la emisora qatari Al-Jazira. Lo mismo hizo Rumafeld, y Bush sermoneó al Congreso porque se habían filtrado informaciones que debían permanecer secretas. El tema llegó a la 57ª asamblea general de la SIP en Washington, colándose en medio de las habituales diatribas contra Cuba y Venezuela. En la reunión se mencionó la frase de Churchill: «Una prensa libre es el guardián que no duerme de todos los otros derechos que el hombre libre aprecia».

Un concepto análogo había sido expresado un siglo antes y mucho mejor por Karl Marx, quien en ese magnífico exponente de las luchas por la democracia que era la Nueva Gaceta Renana escribía: «La prensa es por profesión la guardiana pública, la infatigable acusadora de los detentores del poder, el ojo omnipresente, la boca omnipresente, del espíritu popular que vela celosamente por su libertad». Esa es la función de la prensa libre, antítesis de una prensa que acepta la censura como hoy la de EEUU. Con el agravante de que el ejemplo se extiende entre los aliados de la OTAN y los artistas británicos –entre ellos el creador del popular Mr. Bean– protestan contra el intento del Parlamento de sancionar una «ley mordaza».*

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