Frustración en la institución porque no tienen pruebas contundentes sobre los ataques

FBI podría utilizar métodos "duros" para obtener información

Sin embargo, los investigadores estiman que frenaron nuevos horrores, pero se preguntan si no llegó el momento de recurrir a sistemas más duros, eventualmente cerrando un ojo a la legalidad, para obtener datos buscados y neutralizar otros atentados.

De las 830 personas detenidas hasta el momento, 150 están todavía en cárceles, pero sólo sobre una decena de ellas –cuatro en una prisión de Nueva York– se sospecha un vínculo con el grupo terrorista Al Qaeda y los atentados del 11 de setiembre.

«Nadie habla –admitió un alto funcionario del FBI citado por el diario Washington Post– y se comienza a sentir una cierta frustración», pese a los ofrecimientos de condenas livianas, recompensas en dinero, una nueva identidad y nueva vida para toda la familia en Estados Unidos.

Uno de los agentes que permanece en primera línea en las investigaciones y que pidió el anonimato, sugirió: «Estamos llegando al punto en que podríamos usar ciertas presiones».

También métodos de interrogatorios duros, uso de fármacos que «sueltan la lengua» y la amenaza de deportación a países donde los interesados corren el riesgo de ser tratados mal o asesinados.

Nadie quiere justificar abusos pero «cuando sientes el tic-tac de una bomba –dijo David Cole, docente de la carrera de Derecho de la Georgetown University– no resulta fácil» evitar ciertas tentaciones y «recurrir a la fuerza es posible».

El sospechoso principal es Zacarias Moussaoui, un francés considerado como el posible piloto secuestrador número 20 del día de los atentados, pero que no apareció entre ellos, y puede ser extraditado a Marruecos o Francia.

Luego, está el taxista de Boston Nabil al-Marabh, señalado por un informador, y Ayub Ali Khan e Mohammed Azmath, quien el 11 de setiembre debía haber tomado un avión que, luego, permaneció en tierra, ambos detenidos en un tren, con cuchillos en su poder.

Los grupos por los derechos civiles no se preocupan por estos individuos, sino por las decenas de personas que son retenidas en prisiones sin poder tomar contacto con sus familias o con acceso limitado a los abogados, sólo por encontrarse ilegalmente en el país.

Esto es posible a partir de la extensión de la norma en base a la cual se puede encarcelar a alguien indefinidamente si existe alguna razón para creer que puede ser un «testigo material».

Para prolongar la detención sin motivo, a veces, basta con que los funcionarios de policía opongan resistencia y se agarren de las trampas legales, según el abogado David Kaplan.

Si de una parte hay frustración, del otro –reveló un comentarista– hay satisfacción, porque existe conciencia de haber evitado otras tragedias.

La ola de detenciones producida en Estados Unidos y en los países que colaboran con la campaña internacional contra el terrorismo permitió –según funcionarios de la CIA– frenar atentados contra embajadas estadounidenses y otras naciones occidentales en Beirut, Paris y Sanaa (capital de Yemen). Probablemente también en estructuras de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Turquía.

En cada caso, según uno de los colaboradores del jefe de la Seguridad Interna, Tom Ridge, «sabemos que cambiamos el clima», en el cual, los terroristas se movían y le hicimos la vida más difícil, obligándolos a estar tranquilos.*

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