Guerra sucia, muertos civiles y mentiras en cadena
Dos semanas de bombardeos incesantes han demostrado que todo lo dicho acerca de la precisión quirúrgica de los ataques es una gigantesca mentira, ya que se han multiplicdo las víctimas civiles, entraron a operar fuerzas especiales norteamericanas en territorio afgano y todo marcha hacia una carnicería sin límites ni fronteras.
Está comprobado que han sido bombardeados, provocando víctimas mortales, puestos de la Cruz Roja, hospitales y escuelas. Mataron a personal de la ONU que retiraba las minas (de las cuales hay sembradas no menos de 7 millones). Organizaciones humanitarias pidieron una tregua en los bombardeos para hacer llegar su ayuda, pero la respuesta consistió en duplicar el número de bombarderos y utilizar aparatos de gran porte, AC-130, para atacar escuelas en vuelos rasantes. Es la barbarie en toda la línea. El arrasamiento de un local de la Cruz Roja fue calificado como un «error» por el secretario de Guerra, Donald Rumsfeld (se llaman «daños colaterales» en la jerga del Pentágono), pero se apresuró a agregar que las pérdidas de vidas son inevitables en estos operativos, que continuarán sin tregua. Tras él, comentaristas de TV explican en lenguaje aséptico y presuntamente técnico que una pequeña desviación en la determinación del blanco puede aparejar consecuencias no deseadas. Esas consecuencias las vimos por la cadena Al-Jazira de Qatar: salas de hospital con niños quemados vivos y amputados, poblados transformados en montones de ruinas humeantes. Esas imágenes no las pasan los canales norteamericanos porque el Pentágono se lo prohíbe (o se autocensuran, da lo mismo). Tampoco pasan las manifestaciones que se suceden por todas partes –ante todo en diversas ciudades del fronterizo Pakistán– clamando por el fin de la guerra.
Por ende, a las redes yankis no se les puede creer en nada. Un periodista meticuloso ha demostrado que las informaciones oficiales brindadas por fuentes norteamericanas no guardan la menor congruencia entre sí, se contradicen a cada paso en una «aritmética imposible». Sin duda se está ocultando el número de muertos, como se hizo en Irak (y en Vietnam). Y sobre esa base persiguen su objetivo, que ya no tiene nada que ver con la captura de Bin Laden, sino con dominar militarmente el país y la región, adueñarse de sus recursos estratégicos, digitar en kabul un gobierno títere que sirva a sus intereses y ajustar cuentas con países vecinos. La guerra de Afganistán ha generado un clima de psicosis colectiva, en primer lugar en EEUU, pero que no está dejando al margen a ninguna región del mundo. A Bin Laden le cuelgan el mochuelo de todo lo que ocurre, ocurrió en el pasado y puede ocurrir en el futuro: la proliferación del ántrax, el atentado de la AMIA en Buenos Aires y la amenaza contra el reactor nuclear de Three Mile Island en Pensylvania. Aunque voces sensatas advierten que debería investigarse también a los llamados «grupos del odio» (supremacistas arios) que operan dentro de Estados Unidos. Remember Oklahoma 1995 y el ajusticiado Timothy McVeigh, veterano de guerra. En el clima generado, un misil del ejército ucraniano en maniobras derriba a un avión Sibir que traía a judíos rusos de regreso desde Tel Aviv. Murieron todos. Tampoco nosotros estamos indemnes. En nuestras costas, un aparato del portaviones gigante Nimitz (costo: 4.500 millones de dólares) se accidentó al aterrizar sobre cubierta, y después dos aviones de la Fuerza Aérea Uruguaya estuvieron a punto de ser derribados por dos cazas F14 que despegaron del portaaviones. Ahora resulta que el economista y docente uruguayo Fredy Lima es detenido en Miami al parecer por comentarios que desagradaron a los agentes de inteligencia destacados en el aeropuerto (es autor de «Las privatizaciones en Europa», publicado por Banda Oriental en 1991, en que defiende las empresas públicas estatales en áreas estratégicas).
Mencionamos ya el riesgo cierto de extensión de la guerra a Colombia y a Irak. La asesora de seguridad Condoleezza Rice declaró que «el cáncer del terrorismo existe en más de 60 países y hay que erradicar todas esas células» y el coordinador sobre terrorismo del State Department, Francis Taylor, afirmó en la Cámara de Representantes antes de comparecer en la OEA (véase nuestra nota del día 19) que «se está trabajando en una estrategia antiterrorista en los países andinos» y que «las FARC son el grupo terrorista internacional más peligroso basado en América».
Particularmente preocupante es la exacerbación de la situación entre la India y Pakistán, y en Medio Oriente. Colin Powell compró la complicidad del general Musharraf (entronizado mediante el golpe del 12 de octubre de 1999) con la promesa del alivio de la deuda externa de 35 mil millones de dólares y el apoyo en su confrontación con la India por Cachemira, donde arrecian los choques armados. Los dos países tienen armas atómicas (y las hicieron detonar en 1998, para que no quepan dudas). En Israel, el asesinato del ministro Rehevam Zeevi por parte del FPLP (en venganza por la muerte de su líder Alí Mustafá) alejó toda posibilidad de un diálogo de paz, provocó incursión de tanques y tropas israelíes en los territorios y muertes de palestinos, en una espiral de sangre que parece no tener fin. *
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