El enemigo jurado de Pekín

Nacido hace 49 años en el seno de una familia muy pobre del sur de Taiwan, Chen Shui-bian, que se proclamó vencedor de las elecciones presidenciales del sábado, se convirtió en enemigo jurado de Pekín por sus puntos de vista independentistas, al tiempo que su fama crecía en Taiwan, sobre todo desde que fue alcalde de Taipei en 1994.

Durante cuatro años, el primer alcalde de la capital taiwanesa elegido por sufragio universal gozó de un gran apoyo entre la población por su combate contra la delincuencia y los atascos, y su buena oratoria.

Chen despertó admiración por su actitud después de que su esposa resultara paralizada en ambas piernas tras ser atropellada, en extrañas circunstancias, mientras su marido hacía campaña en 1985.

Pese a su popularidad, no resultó reelecto en las municipales de 1998, probablemente a causa de su precipitación e intransigencia a la hora de llevar a cabo ciertas reformas, sobre todo la relacionada con la industria del sexo en la capital, concluyó el jueves el Taipei Times.

Algunos le reprochan igualmente haber favorecido la separación entre taiwaneses de cepa y aquellos que llegaron a la isla escapando de las fuerzas comunistas victoriosas en Pekín en 1949.

De entre los tres candidatos a las presidenciales, Chen es el único nacido en Taiwan. Su salida del ayuntamiento de Taipei no impidió que su formación, el Partido Demócrata y Progresista (DPP), lo designara candidato al escrutinio presidencial, a causa de su enorme popularidad en la isla. Abogado brillante, Chen se forjó una reputación de hombre integro al combatir la corrupción del entorno del Kuomintang (KMT, en el poder desde 1949) mientras fue diputado entre 1989 y 1994, y consejero municipal en Taipei entre 1981 y 1985.

Condenado a un año de prisión en 1985 por un artículo juzgado difamatorio por el poder, publicado en la revista opositora Formosa, Chen pasó ocho meses en prisión.

Es ahí donde Pekín querría verlo de nuevo por su declarado independentismo, casus belli para las autoridades chinas: Pekín ha advertido en diversas ocasiones que la independencia significaría guerra. Para China, Taiwan es una provincia rebelde destinada a unirse algún día a «la madre patria».

Con la intención de no asustar demasiado al electorado, Chen rebajó el tono durante la campaña, y defendió el diálogo con Pekín afirmando que un referéndum sobre la independencia no es prioritario.

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