Los gobernadores enfrentados a Cavallo
ISIDORO GILBERT
Esta es la segunda consecuencia de peso en la aplicación del programa de déficit cero. La otra fue la reducción en un 13% de asignaciones de trabajadores estatales y de jubilados con ingresos superiores a los 500 dólares mensuales. Las provincias han respaldado el criterio del equilibrio fiscal absoluto, pero no quieren ser la variable de ajuste. Según el esquema, con lo recaudado por impuestos nacionales, primero cobran los acreedores externos, y del remanente, deben vivir el Estado y las provincias.
El Estado está haciendo lo suyo, para muchos, una carnicería. Se juró que no habría cesantías, pero ahora se preparan en número abultados despidos en la obra social de los jubilados, en servicios sociales, del personal con contratos y otros, que ingresaran a la falange de despedidos que algunos expertos estiman hoy es ya superior el 20%.
Algunas provincias están de hecho en quiebra como la de Buenos Aires que emite una moneda paralela, el patacón, para cubrir gastos. No le va mal: comercios y organismos federales lo aceptan. El ejemplo está siendo imitado por otras provincias.
Cavallo al anticiparle a los gobernadores la mala novedad, está violando una ley porque el acuerdo del piso mínimo que debe girar a las provincias tiene esa entidad. Es probable que el gobierno esté buscando que se apruebe una nueva legislación sobre coparticipación de impuestos, que le permita al gobierno nacional, manejar a su arbitrio la recaudación. De hecho, el federalismo de la constitución nacional sucumbe frente al centralismo porteño. O en rigor, ante las necesidades de la deuda, los compromisos asumidos con el FMI para recibir el reciente auxilio para reforzar al tesoro central y despejar por ahora el peligro de cesación de pagos.
Peligro no aventado del todo y por eso está planteado la necesidad de reestructurar el pago de la deuda externa. El propio Tesoro norteamericano lo ha planteado, pero no se conocen planes concretos para llevarlo a la práctica. La idea sería postergar para más adelante los pagos de intereses y capital a un interés más bajo que el actual, con el respaldo de un Bono del FMI, el banco Mundial o del propio Tesoro estadounidense. La pregunta del millón es ¿cuál es el costo?
A principios de los 90, otra reestructuración se cambió por el uso de los bonos de la deuda para adquirir las empresas estatales. La Argentina se quedó sin casi ninguna: remató las alhajas de la abuela. Como ya no tiene casi nada por enviar a la subasta, se especula cual será la contraprestación. ¿Política hacia las necesidades de EEUU? Tal vez.
Lo visible es que los bancos ya hacen difundir su respaldo ante la novedad porque piensan que para ellos, será un negocio de campanillas. *
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