Argentina es el banco de pruebas de los Estados Unidos
ISIDORO GILBERT
Luego, el megacanje traído de la mano de Domingo Cavallo, también aquietaba la maldición de la inmediatez, pero no ocurrió así. ¿Por qué debe ser ahora diferente?
Los mercados, al conocerse el comunicado del FMI y del Tesoro de los EEUU sobre los acuerdos con la Argentina, exhibieron su algarabía que duró poco. Al fin de semana, el riesgo país regresaba a la cumbre y a la Bolsa de Valores, medía de otra manera desazón o confusión.
Se duda de la capacidad política del gobierno para cumplir con el déficit cero, porque conseguirlo es como pasar inmune las horcas caudinas. El gobierno tiene que implementar un nuevo perfil futuro de la deuda, crecer para que no falten excedentes a la hora de los pagos y capacidad para las podas en la Universidad, la docencia, servicios sociales pero especialmente lograr que los gobernadores se sumen a la cruzada para que el objetivo del equilibrio fiscal absoluto se pueda cumplir.
Se lo dijo dos veces George W. Bush al presidente en su nueva charla telefónica: hay que cumplir con el déficit cero. A la espera de este objetivo vendría el futuro: reestructurar la deuda, para aliviar su carga, afirmar una alianza comercial con la Argentina vía Mercosur o no.
EEUU se implicó en la crisis criolla como pocas veces lo hizo con otros países porque Argentina pasó a ser un leading case para otros países que temprano o tarde podrían penetrar en zona de tormenta parecida. Ya se sabe: a Norteamérica le encanta pensar que lo que ella quiere es lo que los humanos quieren.
EEUU tomó las riendas
En el seno del poder de los EEUU se plantearon diferencias. Ya se conocen los exabruptos (o verdades crudas) del secretario del Tesoro, Paul O’Neill, inclinado por momentos a dejar caer a la Argentina como ejemplo para terceros, sobre lo que no debe hacerse en economía, una postura que casi hace naufragar las negociaciones en dos oportunidades durante los doce días de gestiones. El staff del Consejo de Seguridad Nacional y el despacho del Representante de Comercio (USTR), advirtieron a O’Neill sobre las implicancias negativas a un rechazo a la asistencia a la Argentina.
Finalmente O’Neill «giró 30 grados», como señaló The Economist, y dio luz verde a los que respaldaban desde esos escritorios y un sector del FMI (algunos países europeos del Directorio tuvieron sus serias dudas) y que se concentra en las novedades conocidas: 5.000 millones de dólares para reforzar las reservas del Banco Central, para generar confianza entre los despavoridos ahorristas que en las últimas semanas sacaron de los bancos más de 11 mil millones de dólares. El Banco Central perdió entre enero y agosto otros 12 mil millones. Los otros 3 mil millones de dólares son para un enigmático proyecto para reestructurar la deuda externa. Para el Tesoro representa un nuevo abordaje en la administración de la crisis financiera porque introduce «de manera explícita» que debe ser tratado el problema del endeudamiento.
¿Es una transfusión que sólo conseguirá prolongar la agonía? El Financial Times advierte que «la gran cuestión es saber si el nuevo préstamo podrá enfrentar los problemas fundamentales: una deuda pública insostenible y una moneda sobrevaluada».
El FMI comienza a acercarse a uno de los nudos claves cuando pidió, como novedad, un «pacto voluntario» con los prestamistas privados para renegociar la deuda externa, reestructurarla. Pero Cavallo no tiene aún ni idea de cómo utilizará los 3 mil millones destinados a esto. El año próximo se deben pagar 17 mil millones de dólares, una suma excesiva para el dinero desembolsado (o prometido) por el FMI.
En Brasil, donde un estornudo argentino crea una gripe (y viceversa), el nuevo paquete fue recibido con desconfianza.
Es llamativo que O’Neill haya conectado el anuncio del paquete financiero con una activación de los mecanismos de negociación entre los EEUU y el Mercosur. En las palabras, se trataría de impulsar el comercio exterior como generador de progreso y de divisas para pagar las deudas. Esta historia tiene sus migas. Fue el presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso quien le sugirió a Bush la discusión del acuerdo de norteamericanos con sudamericanos, como alternativa a las dificultades que enfrentó el ALCA en Washington, antes de la reunión de Québec.
Por eso la primera ronda para definir la amplitud de esas reglas de discusión se realizarán en Montevideo entre el 3 y el 5 de setiembre. A Cardoso lo irritó que se haya vinculado esa negociación con el acuerdo entre el FMI y la Argentina. Primero, porque el Palacio de Planalto pretendía cierto sigilo sobre estas negociaciones. Pero fundamentalmente porque teme que ese nexo forzado pueda ser interpretado como una presión sobre las negociaciones de Montevideo para que concluyan obligatoriamente con un tratado. Más aún: los brasileños pueden creer que el Palacio San Martín puede convertirse en un aliado de Washington. Hay, además, un proceso de precisión de la política externa republicana para Latinoamérica, sobre todo respecto de Brasil y Venezuela, que requiere del respaldo argentino.
Por lo pronto los europeos, a quienes ese pedido de O’Neill los alertó, se encargaron de difundir que «nosotros tenemos un mandato apoyado por 15 países que forman la Unión Europea para establecer un acuerdo con el Mercosur». Pero a europeos y norteamericanos les faltan aclarar si están dispuestos a eliminar las barreras arancelarias y paraarancelarias sobre la producción del Mercosur, para que el comercio sea entre iguales.
Una extraña consulta
El peronismo tiene en sus manos posibilitar que el programa de déficit cero, más allá del respaldo que dio a la ley, pueda o concretarse, tanto en el presupuesto del 2002, como en las provincias. Hasta ahora, De la Rúa ha ido logrando, pese a su debilidad objetiva, que el Parlamento no lo dejara sin las leyes más duras. Más que exhibir el gobierno una gran cintura política, es la oposición la que no tiene, por continuidad de la orientación que fijaron en su momento Carlos Menem y Cavallo, otra alternativa.
Pero nunca las provincias estuvieron en trance tan severo: plantearles que deben resignarse a que se les modifiquen el mínimo de la coparticipación federal, por partidas de montos dependientes de la recaudación, es obligarlas a moverse a ciegas. Regresa la pregunta reiterada: ¿tienen otra propuesta? O ¿qué ocurre si este nuevo momento pos-acuerdo, termina en otro fracaso?
Por ahora, ninguna medida tiende a abordar en firme el crecimiento. No se puede creer seriamente que el presidente piense en los acuerdos comerciales con los norteamericanos como palanca a corto plazo. Este año el PBI será otra vez negativo y en el presupuesto de gastos para el ejercicio 2002, se piensa en un crecimiento del 3,5%, módico pero discutible. El propio presupuesto con su poda no menor a los 6 mil millones de dólares es recesivo.
Con tantas incertidumbres De la Rúa convocó a una consulta no vinculante para que se reduzcan los costos de la política con mirada contable.
Tal vez sea sólo un mal cálculo. O diversionismo para un público que está preparado para denostar a los políticos. El Presidente quiere aparecer como «neutral» en los comicios que se avecinan. Se comprende: de hecho, en casi ningún lado defenderán su administración, en primer lugar los candidatos radicales de los distritos clave. Acaso la consulta ni llegue a realizarse.
A 49 días de elecciones legislativas clave, la calle está dominada por manifestaciones por protestas puntuales. Las multitudinarias marchas y mitines de los docentes y universitarios sintetizan el sentimiento del argentino medio y por eso superan en amplitud a las de los piqueteros.
Las semanas que se avecinan diluirán el proselitismo entre pancartas con reclamos contra el ajuste. Déficit cero puede ser cero para educación, salud, investigación y sobre todo, en inversiones y solidaridad.
El gobernador bonaerense declaró ilegal la huelga de los maestros que se niegan a cobrar en dinero no legal.*
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