El plebiscito de De la Rúa con gusto a distracción
ISIDORO GILBERT
Aunque la reforma política ha tenido en Carlos Chacho Alvarez, cuando era vicepresidente, en su adalid, la derecha la tomó como pretexto y con sus contenidos, para hacer creer que son los partidos los responsables de las desgracias que viven los argentinos. Por ello la radical disidente Elisa Carrió consideró que la iniciativa es «una hipocresía», mientras Acción por la República, el partido del ministro de Economía Domingo Cavallo pidió que se haga la consulta urgentemente. «El pueblo está reclamando que esta reforma se realice enseguida», enfatizó el jefe del Estado. Las preguntas que se estudian realizar a la población incluirían modificar el sistema bicameral en unicameral», modificar el sistema de elección de cargos, lo que implicaría, en ambos casos, una reforma constitucional. Además, deberá estudiarse cómo se financian a los partidos. Carrió sostiene que deben prohibirse las donaciones de las corporaciones.
El Presidente tomó en cuenta la exitosa experiencia del gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota que logró un apoyo masivo cuando puso en consulta la reducción de los gastos de la política en su provincia.
Se supone que el peronismo en general apoyará la iniciativa pese a que el ex gobernador Eduardo Duhalde dijo que era innecesaria. «Sólo se necesita que el gobierno mande iniciativas al Parlamento para gastar menos en política», señaló.
La iniciativa fue respaldada por los frepasistas oficialistas Juan Pablo Cafiero, ministro de Desarrollo Social, y Darío Alessandro, jefe de la bancada de diputados de la Alianza. Sin embargo, la rechazaron los diputados Carrió, Carlos Raimundi (Frepaso) y el senador radical Leopoldo Moreau.
Para Carrió, la iniciativa se enmarca en la «hipocresía de quienes se enriquecen infinitamente, viven en casas de tres millones de pesos y quieren bajar los sueldos de los diputados honestos».
La diputada, disidente de la Alianza, denunció que «en lo que se gasta mucho es en la corrupción, en el sobreprecio en las licitaciones, en las negociaciones con los amigos banqueros y en los negocios con los amigos contratistas de la obra pública».
En sintonía con esta posición, Moreau advirtió, después de un encuentro con el jefe radical Raúl Alfonsín, que el gobierno no debe «levantar cortinas de humo con esta hipocresía del plebiscito sobre los gastos de la política» y advirtió: «Lo que no voy a dejar de hacer es denunciar a los grupos concentrados de la economía; no voy a dejar de pelear».
Las diferencias entre De la Rúa y Alfonsín son cada vez más notorias. Raimundi dijo que si el gobierno busca la participación de la gente «hubiera informado del contenido del acuerdo con el FMI».*
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