Los palestinos radicales prometen nuevos ataques de suicidas contra Israel

Venganza del Hamas

Miles de hombres armados acudieron este jueves en Gaza al funeral de Bilal al Ghul, hijo de un especialista en explosivos del movimiento radical islámico Hamas.

El muchacho de 18 años murió la víspera en su automóvil, blanco de un ataque de helicópteros israelíes dirigido contra su padre Adnán, al que Israel acusa de haber preparado personalmente las bombas que mataron a decenas de civiles israelíes en ataques suicida del Hamas desde 1994.

Bilal al Ghul era, a su vez, militante del Hamas, el movimiento de resistencia islámica, y miembro de un servicio de seguridad, dependiente de la Autoridad Palestina, según su familia.

Una marea verde de militantes del Hamas recorre las callejuelas sin asfaltar del campo de Chatti, donde vive el clan al Ghul.

Simpatizantes de otros movimientos, niños, curiosos y también muchos miembros de varias fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina les siguen.

El primer ministro israelí, Ariel Sharon, «debería saber lo que es el Hamas», exclama un militante del movimiento islámico.

«Habrá explosiones y respuestas», asegura, mientras los restos mortales del joven cubiertos con una bandera palestina llegan a la plaza central.

Enfrente, el muro está lleno de lemas exaltados recién pintados.

«Cuando Qassam golpea, hiere», promete una de ellas. Justo al lado, un dibujo representa un autobús partido por la mitad, con las ruedas esparcidas. Un coro de kalachnikov descarga sus municiones.

«No es del Hamas el que no esté indignado», cantan los presentes. Pero el funeral congrega mucho más que a miembros del Hamas. «Debemos estar unidos porque era un combatiente, porque la forma en que fue asesinado no es aceptable y porque vivimos todos en la misma opresión», explica Ismail Somerd, un líder del Shabiba, las juventudes del Fatah, el movimiento del presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat.

«Israel decidió liquidar a toda la gente activa en esta Intifada (revuelta palestina).

¿Es eso la democracia? Como siempre, el Hamas y todas las fracciones militares no pueden reaccionar más que con la venganza», consideraba ese responsable, que decía haber «creído durante mucho tiempo en el proceso de paz».

Adnán al Ghul no asistió al funeral, explica su esposa Wafa, una mujer de cara dulce y ojos almendrados, rodeada de otras mujeres en la casa familiar.

«Sentía llegar la muerte desde que los israelíes empezaron a matar» activistas, dice.

«Le buscaban desde hace tanto tiempo.

Es su trabajo.

¿Qué puedo hacer yo?», se pregunta.

«¿Qué clase de práctica es esa, asesinar a alguien, sin juicio?», exclama de pronto una prima, Arwa Ayad.

«El pueblo palestino vive en la injusticia permanente, que no puede engendrar más que ira», afirma.

El ejército israelí mantuvo ayer la presión sobre los palestinos, intentando liquidar a un oficial palestino en Cisjordania, efectuando una incursión con vehículos blindados en respuesta a unos disparos de mortero en la Franja de Gaza y disparando contra palestinos que lanzaban piedras a los soldados, causando la muerte de un niño.

Los militares dispararon misiles antitanque contra el vehículo del coronel Jihad al Masimi, en Naplusa (Cisjordania), pero sólo lograron herirle levemente.

La operación tuvo lugar al día siguiente de la liquidación fallida de un artificiero del movimiento radical islámico Hamas.

Otras dos personas, el conductor y un peatón, fueron alcanzados levemente.

El ejército israelí acusó al coronel Masimi, oficial de un servicio de seguridad palestino y dirigente local del Fatah, el movimiento del presidente palestino Yasser Arafat, de ser «responsable de una larga serie de atentados con armas automáticas y con bombas contra civiles y militares israelíes, que dejaron al menos cuatro heridos».

«Consideramos a Israel como responsable de ese intento de asesinato y de todas sus consecuencias», advirtió Isam Abu Bakr, dirigente del Fatah en Naplusa.

En la Franja de Gaza, tres tanques israelíes acompañados de todoterrenos pesadamente armados penetraron un kilómetro en el campo de Deir al Balá, sector bajo control palestino. *

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