Gritos y llantos en la mina de Zasiadko
Con el rostro congestionado, Nadia no cesa de sollozar. Su marido no volverá. Figura entre los 46 mineros muertos el domingo en Ucrania en una de las peores catástrofes mineras del país. «Déjenme en paz, déjenme llorar», dice esta mujer de unos cuarenta años.
A su lado, otras familias de mineros esperan desesperadamente noticias de un marido, de un padre, de un hijo o de un hermano desaparecido en el infierno de una galería subterránea, a más de un kilómetro de profundidad.
Casi veinticuatro horas después de la explosión en la mina de Zasiadsko en Donetsk (este de Ucrania), este lunes por la mañana los socorristas seguían luchando contra las llamas.
La temperatura era de casi 150 grados en la zona del incendio, haciendo prácticamente nulas las esperanzas de localizar vivos a los diez mineros que aún estaban desaparecidos.
En una procesión macabra, los socorristas fueron sacando uno a uno a los 35 cadáveres de la mina de carbón, al cabo de inmensos esfuerzos.
Otro minero falleció en el hospital donde son atendidos unos cuarenta heridos, de los cuales 21 se encuentran en estado crítico. En el edificio administrativo de la mina, un responsable va leyendo como una letanía los nombres de las nuevas víctimas. «Esperamos a nuestros parientes y nos quedaremos aquí hasta el final. No tenemos otra cosa que hacer», explica por su parte María, de unos sesenta años y que llegó con su nuera, quien ahogada por los sollozos, no consigue articular palabra.
A medida que pasan las horas, la esperanza se desvanece.
Reunidos a la entrada de la mina, varios cientos de mineros, parecen atontados y experimentan sentimientos de conmoción, de cólera y de pena. *
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