Rusia recuerda décimo aniversario de fallido golpe comunista
Pero menos de cien personas se congregaron en el anterior edificio parlamentario en donde Boris Yeltsin, entonces líder de la Rusia soviética, trepó a un tanque para galvanizar la resistencia contra el golpe.
Sólo un funcionario gubernamental de rango inferior asistió al mitin y el presidente Vladimir Putin, que está de vacaciones, ha guardado silencio en torno al aniversario y su significado para la Rusia posoviética.
Nada se ha escuchado de Yeltsin, cuya desafiante actuación fue instrumental para frustrar las intenciones de los ocho miembros del Comité de Situación de Emergencia del Estado y que llevó al eclipse político de Gorbachov.
A su regreso a Moscú luego de que fue puesto en libertad tras su arresto domiciliario en Crimea, Gorbachov, aislado y desprestigiado, fue impotente para impedir que Yeltsin proscribiese al Partido Comunista.
En cuestión de cuatro meses, la Unión Soviética había desaparecido y Yeltsin se había apoderado del Kremlin, con Gorbachov cesante en el cargo.
«Fueron puramente intereses personales, nada más», dijo el ex líder soviético de las motivaciones de los conjurados. «Fue un intento de sustituir una cabeza sana con una enferma».
«La nomenklatura del partido falló en el examen democrático» y no pudo aceptar las formas que significaban el término de sus privilegios, dijo Gorbachov a la agencia de noticias Interfax.
El golpe comenzó con la difusión en las radioemisoras y televisión estatales de música de Chopin y Tchaikovsky, el clásico método tradicional en la Unión Soviética para anunciar noticias de importancia, mientras los líderes del golpe anunciaban que Gorbachov estaba enfermo y que ellos estaban tomando el control.
Hubo ingreso de tanques en Moscú, se prohibieron las reuniones públicas y los periódicos reformistas fueron clausurados, mientras los líderes del golpe trataban de sofocar toda resistencia y la efervescente vida política que había permitido los cambios instaurados por Gorbachov.
En una apresuradamente convocada rueda de prensa para explicar sus medidas, algunos de los conjurados parecían estar ebrios y otros estaban claramente nerviosos.
Las temblorosas manos de Gennady Yanayev, el vicepresidente soviético, fueron la manifestación más clara de su falta de firmeza.
El domingo, Yanayev defendió el golpe como un intento de restablecer el orden y de impedir la firma de un tratado que habría dado a las repúblicas que integraban la Unión Soviética mayor autonomía, a expensas de Moscú.
«Nuestro país estaba en una crisis total», dijo Yanayev al canal de televisión NTV. «Había una lucha por el poder entre las fuerzas que deseaban mantener la estructura política y social del país y aquellos que buscaban el colapso de un gran Estado».
Los sondeos de opinión demuestran que persisten la división y la ambivalencia entre los rusos en torno al golpe, lo cual, junto con las vacaciones de verano, explica en parte la escasa asistencia ante la casa blanca, la entonces sede parlamentaria escenario de los acontecimientos. *
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