Hace diez años comunistas conservadores destituyeron al presidente Gorbachov

El golpe fallido que selló la caída de la URSS

La declaración del estado de emergencia, la destitución del presidente soviético Mijail Gorbachov, en ese entonces de vacaciones en Crimea, y el ingreso de tanques en Moscú «tenían como objetivo impedir la firma de un nuevo Tratado de la Unión entre las repúblicas soviéticas», que habría reemplazado a la estructura centralizada de la Unión Soviética por relaciones realmente federales, recuerda el politólogo Iuri Korguniuk.

Sin embargo, la iniciativa de los conservadores de la URSS fracasó, mientras decenas de miles de rusos salían a las calles de Moscú, desafiando a los blindados durante dos días y arengados por Boris Yeltsin, entonces presidente de la república soviética de Rusia.

Tres jóvenes manifestantes resultaron muertos durante esos acontecimientos, aplastados por un blindado.

Sin embargo, el arresto de los golpistas el 22 de agosto y el regreso a Moscú de un Mijail Gorbachov irremediablemente debilitado sellaron el destino de la URSS, oficialmente disuelta el 8 de diciembre del mismo año.

Un final que de todo modos estaba predeterminado por las tendencias autonomistas suscitadas en las repúblicas soviéticas por la perestroika lanzada en 1985 por Mijail Gorbachov, estima Korguniuk. El dirigente soviético había intentado en vano desde 1990 acordar con las repúblicas un nuevo Tratado de Unión que mantendría con vida a la URSS.

En una obra colectiva publicada este año y titulada «La época Yeltsin», los ex consejeros del presidente ruso afirmaron que Mijail Gorbachov, consciente de las amenazas que pesaban sobre el poder de las autoridades centrales soviéticas, no había descartado la idea de instaurar el estado de emergencia.

«Los occidentales, pese a protestar por la forma, lo habrían perdonado, ya que el ‘comunismo blando’ de Gorbachov les convenía más que el imprevisible Yeltsin», escribieron, subrayando que el presidente soviético había partido de vacaciones a 2.000 kilómetros de Moscú cuando sabía que en la capital rusa se preparaban acontecimientos decisivos.

Siguiendo al ministro de Relaciones Exteriores, Eduard Chevardnadze, que había renunciado a su puesto en diciembre de 1990 denunciando «el avance de la dictadura», el principal «ideólogo» de la perestroika, Alexandre Iakovlev, había abandonado el Partido Comunista el 16 de agosto de 1991, haciendo alusión a la inminencia de un «golpe de Estado».

El fracaso del golpe, percibido por los círculos liberales y la «intelligentsia» como el resultado de la movilización de la población, fue durante mucho tiempo edificado como «mito fundador» de la sociedad civil en la Rusia posterior a la era soviética.

Una fecha que sin embargo pasó a un segundo plano en la historia luego del decenio de presidencia de Boris Yeltsin y la Rusia actual del ex agente del KGB Vladimir Putin.

«La inmensa mayoría de los rusos son incapaces de decir hoy en día si vivirían más o menos bien en caso de que el golpe hubiera tenido éxito», según el sociólogo Boris Dubin del instituto Vtsiom.

«La movilización en la sociedad, que había sido suscitada por el impulso de la perestroika en un país amordazado desde hacía decenios, retrocedió, y las personas volvieron a pensar que sólo se trató de un nuevo episodio de la lucha por el poder», agrega. *

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