Presos políticos muertos tras huelga de hambre

El 15 de julio fue enterrado en un cementerio de Estambul Sevgi Erdogan, víctima número 29 de la huelga de hambre que hace más de cuatro meses realizan varios cientos de presos políticos contra las nuevas normas carcelarias del gobierno turco.

Turquía no es, como se sabe, un dechado de democracia. Allí son oprimidos los derechos de la minoría nacional kurda y rigen duras normas de represión contra la lucha por la independencia de los kurdos y los derechos populares. La represión contra unos 2.000 presos que en octubre del año pasado iniciaron el rechazo de alimentos alarmó a la opinión pública europea.

El 19 de diciembre se produjo un ataque de los militares contra las cárceles en las cuales los presos políticos se habían declarado en huelga de hambre, que dejó un saldo de 32 muertos entre los presos. En un informe del Instituto Forense turco, publicado recientemente, se constata que todas las víctimas fueron ejecutadas desde bastante distancia y se emplearon elementos químicos contra los presos.

Las protestas, expresadas por el rechazo de alimentos, se oponen a la adaptación del estándar europeo en el régimen carcelario turco. Se trata de la asimilación del nivel de la Unión Europea en la materia, pasando a los presos políticos ubicados ahora en grandes espacios a celdas pequeñas, que los aísla y los expone, se afirma, al trato discriminatorio y a frecuentes torturas físicas. Los presos expresan que prefieren y luchan por el mantenimiento del actual sistema, que les permite el agrupamiento de 50 a 60 personas y una determinada organización de su vida carcelaria. En ello les va la vida porque les permite impedir o por lo menos limitar las violaciones de los derechos humanos y la flagrante arbitrariedad así como la tortura, que se aplica sistemáticamente, dijo un vocero de los presos.

Las torturas de los detenidos políticos, insisten, es moneda corriente en Turquía y su rechazo forma parte de la resistencia al actual gobierno y al reclamo de una apertura democrática, afirman organizaciones de la izquierda turca.

Lejos de ahogar las protestas de los presos luego de la masacre de diciembre, éstas se mantienen y cada vez hay mayor cantidad de presos que se integran a las huelgas, informan medios periodísticos de Ankara. Varias organizaciones de la izquierda turca apoyan las protestas y procuran ayuda solidaria, especialmente atención médica a los muy debilitados participantes de las huelgas de hambre.

Ante la firmeza de los presos y la inminente muerte de muchos, el gobierno modificó su acción, no repitiendo nuevos asaltos armados contra los presos, sino poniendo en libertad a quienes están en peligro de morir. Según las fuentes, 120 presos fueron enviados a sus casas, completamente carentes de atención médica y sin dinero. Su destino es la muerte segura, dado su extremo debilitamiento físico. Además, la mayoría de los presos proviene de familias muy pobres, lo que impide una atención adecuada.

Otros prefieren continuar la huelga fuera del ámbito carcelario.

Informes médicos constatan graves daños en los presos liberados, como pérdida de la visión y retrocesos de la capacidad intelectual, el llamado síndrome de Korsacov, que significa una especie de infantilismo sin retorno.

Es evidente que el gobierno turco cree haber encontrado la fórmula ideal para evitar que haya más muertes de presos en las cárceles a raíz de las huelgas de hambre: los envía a su casa para que mueran en libertad. Con esto las autoridades pretenden eludir su responsabilidad por los brutales acontecimientos, que las ha desacreditado ante la opinión pública mundial. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje