En la Osa Mayor hay un sistema similar al Solar
Es la primera vez, acuerdan los astrofísicos, que se individualiza una estrella tan similar al sol por edad y composición química, en torno de la cual giran planetas que siguen trayectorias casi circulares, precisamente como ocurre en el sistema solar. En los últimos años, decenas de sistemas planetarios fueron individualizados en la galaxia, cada uno con características diversas tanto en la naturaleza de la estrella central como en el ordenamiento de los planetas en torno de ella. La estrella Ursae Mayoris 47, a 51 años luz de la Tierra, según el descubrimiento de Debra Fischer y sus colegas de la Universidad de California de Berkeley, tiene en cambio dos importantes planetas de masa gaseosa similares a Júpiter que giran en círculo, en una región del espacio comparable a la que separa a Marte y Júpiter del Sol.
El primero de estos planetas, el más cercano a la estrella cuyo tamaño es de una vez y media Júpiter, era conocido desde hace tiempo pero el descubrimiento del segundo, que equivale a unas tres cuartas partes de Júpiter, es el que confirmó la naturaleza del sistema. Una naturaleza donde puede haber vida porque «de todos los sistemas planetarios individualizados este es el que se asemeja más al nuestro», declaró Fischer, anticipando el contenido de un estudio de próxima publicación en la revista Astrophysical Journal.
Si la estrella es tan similar al Sol y a su alrededor giran cuerpos con características tan parecidas a las del principal planeta del sistema solar, razonan los estudiosos, se puede pensar que, en la región del espacio comprendida entre la estrella y estos dos planetas individualizados, existen otros planetas más pequeños. Hay motivos para pensar que al menos uno de estos puede tener características de composición química, temperatura y luz muy similares a las de la Tierra.
La presencia de los planetas, inmersos en la oscuridad cósmica, no es observada directamente sino deducida de las alteraciones de los campos gravitacionales y de las ondas electromágnéticas que con los instrumentos actuales permite individualizar sólo los cuerpos celestes más importantes.
Lo que permite postular la presencia de agua –posible porque la composición de la estrella lo permitiría– es la existencia de planetas similares a Júpiter, según los estudiosos, lo que contribuye a crear las condiciones para el desarrollo de la vida en planetas vecinos más pequeños. En primer lugar, dando estabilidad al sistema con su gran masa y obligando a los otros planetas a mantenerse en el mismo plano de sus órbitas y a girar en el mismo sentido.
En segundo término, garantizando el mantenimiento de órbitas circulares que confieren estabilidad a la atmósfera creada en torno de los planetas y atrayendo, con su propia masa, gigantescos meteoros y asteroides a la deriva, los que podrían tener consecuencias catastróficas sobre planetas más pequeños.*
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