Según la OMC, el libre comercio es la mejor arma contra la pobreza
El sistema comercial multilateral ha hecho probablemente más para mejorar los niveles de vida y sacar a la gente de la pobreza durante los pasados 50 años que cualquier otra intervención gubernamental. El incremento en 17 veces del comercio mundial desde 1950 ha ido de la mano con un aumento de seis veces en la producción mundial en su conjunto.
Ello ha beneficiado tanto a los países desarrollados como a las naciones en vía de desarrollo. En ambos casos, los niveles de vida se han elevado en tres veces, mientras que la expectativa de vida en los países en desarrollo ha saltado de 41 a 62 años, la mortalidad infantil se redujo a más de la mitad y la tasa de alfabetismo entre los adultos subió del 40 al 70 por ciento.
Todos los países que han tenido resultados espectaculares durante el pasado medio siglo, como Japón, Corea del Sur, Taiwan y Singapur, es porque han puesto el énfasis en el comercio. Un estudio especial sobre comercio y pobreza de la secretaría de la OMC divulgado el año pasado confirmó que si bien, en general, los niveles de vida de los países en desarrollo no están alcanzando los de las naciones desarrolladas, aquellos que están más abiertos al comercio convergen más rápidamente con estos últimos.
El mensaje es claro: liberalizar el comercio fomenta el crecimiento económico y de esa manera ayuda a aliviar la pobreza. Los gobiernos de los países en desarrollo están reconociendo tal hecho en forma creciente. Sus políticas económicas han cambiado espectacularmente desde mediados de los años 80.
La clave en materia de política comercial ha sido la liberalización. Los países se han dado cuenta de que el comercio y las inversiones, no la ayuda, son los motores del crecimiento económico. Los aranceles aduaneros promedio se han reducido a la mitad y muchas barreras no arancelarias han sido eliminadas.
Muchas de estas reformas fueron determinadas, parcial o completamente, en la Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), que concluyó en 1994. Si bien el grado de proteccionismo comercial es todavía alto en muchos países en desarrollo, las grandes distorsiones en los regímenes comerciales han sido sumamente reducidas.
Incluso los países menos desarrollados (LDC) se están comportando un poco mejor, aunque no tan bien como otros países en vías de desarrollo. Si se excluyen los países en guerra o en transición del comunismo, el aumento de las exportaciones en los LDC ha sido del 2,9 por ciento anual en la década del 80 y del 3,2 por ciento en los años 90. Y mientras el Producto Interno Bruto (PBI) por persona cayó en 0,6 por ciento anual en la década del 80, se elevó en un 0,8 por ciento al año en los 90. Claramente, sin embargo, es posible hacer que las cosas vayan mejor. Para ello, necesitamos lanzar una nueva ronda de la OMC para este año.
El argumento económico para realizar esa nueva ronda de la OMC es convincente. Si se reducen las barreras al comercio en la agricultura, la manufactura y los servicios en un tercio se reforzará la economía mundial en 613 mil millones de dólares, según un nuevo estudio de Robert Stern, de la Universidad de Michigan, y otros especialistas. Ello equivaldría a agregar a la economía mundial una economía del tamaño de la de Canadá.
Por supuesto que esas son sólo estimaciones. Pero el mensaje básico de los estudios es claro: una nueva ronda traería enormes beneficios en todas las partes del mundo.
No es políticamente correcto en estos días decirlo, pero todos necesitan que las economías de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón crezcan para poder tanto importar como exportar. Una reducción en la marcha de esas economías no sólo da ímpetu a sentimientos proteccionistas donde menos los necesitamos y debilita la posición de aquellos que buscan aumentar su PBI sino que además tiene un impacto inmediato sobre las exportaciones de los países en desarrollo.
Está demás decir que ni la OMC por sí sola ni el comercio por sí mismo son suficientes para bloquear la pobreza en los LDC. Para poner un ejemplo extremo, una nueva ronda de la OMC poco podrá hacer en favor de la República Democrática del Congo mientras este país siga siendo desgarrado por la guerra. Tampoco podrá gozar la población en general de los beneficios del comercio mientras sus gobiernos gasten los fondos en armas o los depositen en lejanas cuentas bancarias.
Pero incluso así, debemos insistir con la necesidad de liberalizar el comercio en la esperanza de que los países solucionen sus otros problemas y por lo tanto puedan estar en condiciones de cosechar los beneficios del comercio. Porque creemos que el comercio puede ayudar a promover la paz, la estabilidad y el buen gobierno.
Después de todo, cuando la gente se hace más rica mediante el intercambio de bienes con otros tiene menos tendencia a pelear con los demás o a poner en peligro su comercio a causa de estragos y destrucción. Y cuando los gobiernos se adhieren a las reglas de la OMC que prescriben transparencia y previsibilidad hay menos campo para la corrupción.
(*) Mike Moore es el director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC).*
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