ANALISIS INTERNACIONAL

Kissinger, el imperio y el Plan Cóndor

NIKO SCHVARZ

 

El juez argentino Rodolfo Canicoba acaba de elevar un recurso para interrogar a Henry Kissinger en relación con el Plan Cóndor. El mismo juez procura la comparecencia de cuatro militares y policías uruguayos que operaron en Argentina, a lo cual se agrega ahora el pedido de detención y posterior extradición del teniente general Julio César Vadora. Así se van uniendo las piezas de este rompecabezas represivo, en el cual el imperio desempeñó un papel fundamental, que Kissinger trata de dejar en la sombra.

La gran conspiración

La solicitud del magistrado argentino se basa en que Kissinger, como secretario de Estado entre 1973 y 1977 durante las presidencias de Richard Nixon y Gerald Ford, conocía la existencia del plan. Y probablemente algo más.

En efecto, Kissinger fue nombrado secretario de Estado en reemplazo de William Rogers durante la segunda presidencia de Nixon (truncada por el escándalo Watergate) en agosto de 1973, en el mes previo al golpe de estado de Pinochet, y se dedicó con alma y vida a ponerlo en ejecución. Pero su actuación no empieza ahí, ya que desde 1969 se desempeñaba como consejero de seguridad nacional de Nixon y comenzó a operar contra Allende el día mismo que la Unidad Popular ganó la elección, en setiembre de 1970. Está la mano norteamericana en el asesinato del comandante del ejército, general René Schneider, destinado a impedir que Allende accediera a La Moneda. Un papel fundamental le cabe a la reunión el 15 de octubre de 1970 en la Casa Blanca entre Kissinger, como consejero de seguridad nacional, su adjunto el general Alexander Haig y el vicedirector de Planificación de la CIA, Thomas Karamessines.

Allí se establecieron los lineamientos de la campaña contra Allende, en particular la huelga de los camioneros, organizada y pagada directamente por la CIA, y luego la operativa de lo que quedó en la historia como el golpe de Estado de Nixon y Kissinger, de la ITT y la Braden Copper, el 11 de setiembre de 1973, tras descartar la variante de reinstalar en la presidencia al democristiano Eduardo Frei. Kissinger siguió como secretario de Estado durante toda la presidencia de Ford, hasta que asumió Carter en enero de 1977. Tras el golpe militar argentino del 24 de marzo de 1976 comenzó a articularse el Plan Cóndor contra los opositores a las dictaduras militares conosureñas, con participación de la central de inteligencia norteamericana y Kissinger como mascarón de proa.

Huyendo de la Justicia

En relación con la desaparición de cinco ciudadanos franceses bajo la dictadura de Pinochet, el juez francés Roger Le Loire quiso interrogar a Henry Kissinger durante su estadía en París a fines de mayo. Policías de la brigada criminal le entregaron un citatorio del juez para que compareciera al Palacio de Justicia. Pero Kissinger se escabulló. El encargado de negocios de la embajada norteamericana respondió al juez que Kissinger tenía una agenda sobrecargada. Este participó en la reunión fijada (que paradojalmente galardonó a la alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Mary Robinson), y se mandó mudar de París a la chita callando.

El año pasado fueron desclasificados unos 16.000 documentos en su mayor parte del State Department y de la CIA, sobre todo el período de la dictadura de Pinochet. A pesar de las numerosas tachaduras, muchos documentos firmados por Kissinger «permiten tener fuertes presunciones sobre la actuación de los servicios de inteligencia estadounidense en esos años», según el abogado de las familias francesas. Agrega: «Kissinger llegó a París acababa de publicarse un libro del periodista y escritor británico Christopher Hitchens, titulado: «Los crímenes del Sr. Kissinger». Basándose en documentos desclasificados, en otros archivos, memorias y entrevistas, el autor radiografía las actuaciones de Kissinger en Vietnam, Laos y Camboya, en Chile, Indonesia y Chipre, seleccionando todo aquello que «debería construir la base y los motivos de una acción judicial por crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, violación del derecho consuetudinario y conspiración, implicando el asesinato, el secuestro y la tortura».

Este libro tiene su historia. Al dejar su cargo, Kissinger guardó sus documentos en la residencia de Rockefeller de Pocantico Hills, estado de Nueva York; y más tarde los donó a la biblioteca del congreso a condición de que permanecieran bajo llave… durante 75 años! Pero en 1976 sobrevino el asesinato en Washington de Orlando Letelier y su secretaria norteamericana Ronnie Moffitt, y a fines de 2000 el FBI obtuvo el derecho de examinar esos archivos. De ese modo muchas cosas salieron a luz. Un mes después de la estadía de Kissinger en París, el juez Le Loire solicitó autorización para interrogarlo en EEUU. Aún no recibió respuesta. Ahora se agrega la requisitoria del juez argentino, pero parecería que Kissinger seguirá escurriendo el bulto.*

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