Veamos qué dice Darío Fo

El nombre del escritor italiano Darío Fo ha aparecido por todas partes en estos días (en algún caso conjuntamente con el de su esposa Franca y su hijo Jacopo) en relación con los sucesos de Génova. Conviene saber qué dijo exactamente el Premio Nobel de Literatura, ya que sus apreciaciones arrojan luz sobre la gestación de la gran provocación en la capital de la Liguria en ocasión de la protesta contra el G8, y sobre algunos de sus más notorios antecedentes. Comenzamos por estos últimos.

Antecedentes

Hacia fines de los años 60 se produjeron en Italia una serie de atentados con bombas contra jerarquías policiales, sedes del fascista Movimiento Social (MSI), el palacio de Justicia, centros de enseñanza, más la voladura del Banco de la Agricultura que provocó 12 muertes. Una campaña orquestada atribuyó dichos atentados al movimiento estudiantil, pero a poco andar se reveló que detrás de los mismos estaba la mano de terroristas de ultraderecha. Aparecieron con nombre y apellido funcionarios policiales y conocidos fascistas, unos y otros infiltrados en un grupo anarquista denominado 22 de marzo. Darío Fo puso en escena en 1972 la pieza: «Â¡Pum, pum! ¿Quién es? ¡La policía!», que aborda esta temática. En julio pasado, previo a las manifestaciones de Génova, escribía: «Ahora sabemos que en aquellos años decíamos la verdad. Toneladas de documentos reservados han salido de los sótanos del poder. En ellos se cuenta la historia de una provocación constante y criminal que costó centenares de vidas humanas. Historias increíbles de aviones militares que transportan terroristas, de colocación de ‘bombas anarquistas’, de carabinieri que brindan después del secuestro: ¡una acción militar bien lograda!».

Una previsión

Este antecedente es trasladado por Fo a los acontecimientos de los días inmediatamente anteriores a la reunión del G8 y las manifestaciones contestatarias. Aludiendo a los atentados fraguados, a las bombas detonadas, a las mochilas abandonadas por doquier para crear un clima de tensión, nos dice: «Lo que vemos estos días es una increíble repetición de lo que sucedió entonces. Y, como si nunca hubiese ocurrido nada, todavía oímos hablar de bombas anarquistas. Y una vez más aquí estamos, contemplando una escena que nos hiela el corazón. Ante el crecimiento de un movimiento contestatario mundial profundamente pacífico, el poder responde intentando arrastrarlo al juego de la violencia». Esto se complementa con la predicción que formula el 19 de julio, en la víspera de la inauguración del encuentro y de las demostraciones de réplica. «De ahí las bombas, de ahí que se busque la excusa para golpear y arrestar, esperando que alguno de los jóvenes acepte el choque militar. Y para que esto suceda, tened por seguro que ya hay nuevos infiltrados trabajando». Predicción plenamente cumplida, y en grado superlativo, con la particularidad de que los grupos provocadores provenían de una serie de países europeos, atrapados como Italia en las mallas de la agresiva alianza de la OTAN.

Después

Es el propio escritor quien se encarga de corroborar estas previsiones en una newsletter enviada a múltiples destinatarios el 30 de julio, una semana después de las provocaciones mayúsculas y del asesinato de Carlo Giuliani.

Empieza por referirse a las maquinaciones de los poderosos del mundo, en estos términos. «Su objetivo, espero que ahora sea evidente para todos, era el de arrastrarnos a una pelea para impedir que nuestra voz fuera seriamente escuchada. No hay nadie dentro del movimiento que no haya dicho y escrito que el método utilizado por las ‘fuerzas del orden’ en sus operativos conducía directamente a una masacre.

Defendieron con las mejores tropas la zona roja, mandaron a los muchachos del servicio militar al frente, sobre autos que no aguantaban siquiera las pedradas, sin redes de protección, y dejaron que oficiales incompetentes ordenaran maniobras de ataque que ponían en peligro la vida de los agentes.

No controlaron el territorio fuera de la zona roja, no intervinieron contra el Bloque Negro (Black Block), no se preocuparon de diferenciar a los manifestantes pacíficos de los violentos, no impidieron que los destacamentos policiales practicaran toda clase de brutalidades. Lograron maniobrarnos de manera eficiente».

Más adelante señala las modalidades concretas de la provocación, aludiendo a la sospecha (o algo más) de que «muchos de los del Black Block era agentes especiales y provocadores provenientes de media Europa con la misión de provocar». Lo cual se ve corroborado por dos informaciones concretas: 1) «300 Black Blocks estuvieron durante 4 días ejercitándose en el campo deportivo de Quarto, a 400 metros de un cuartel, y se equiparon para la guerra ante los ojos de la policía sin que nadie interviniera»; 2) las cúpulas policiales sabían que grupos de nazis estaban llegando a Génova para infiltrarse en las manifestaciones». Deduce de estos hechos que «tal vez alguien quería asegurarse que hubiera enfrentamientos. Los necesitaba absolutamente».

Su conclusión es que el movimiento no debe dejarse arrastrar a las provocaciones, que se planifican al máximo nivel y con todos los recursos disponibles, como quedó parlmariamente demostrado en Génova. De cualquier modo, el debate sobre las formas concretas de actuación quedó instalado en el movimiento internacional antineoliberal. *

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