Caminando en la cornisa

Nadie sabe qué pasará en la Argentina

ISIDORO GILBERT

 

El gobierno buscó que todo se zanjara el fin de semana, puso en movimiento a sus operadores, habló con los peronistas amigos. El ex presidente Raul Alfonsín colocó su prestigio para conseguir que los radicales en la Cámara alta respaldaran la iniciativa con el supuesto de que el corte de asignaciones a estatales y jubilados será de mil pesos para arriba, no como se liquidarán los haberes de julio, por la mitad de esa cifra.

Sabe que el esfuerzo puede ser inútil pero, como comentan a su lado, no quiere aparecer como responsable del fracaso de esta operación que pergeñó Domingo Cavallo. Los senadores de la UCR deben sentarse en el recinto como condición indispensable para que el peronismo haga lo suyo con ese equilibrio del que no tiene rival: poner el número necesario para que la iniciativa no naufrague, sin que se exhiban como sus propiciantes. No tienen alternativa: los gobernadores, teóricamente sus jefes políticos, están atados al paquete: pasan por trances complicados en sus distritos y necesitan de los envíos del gobierno federal para que no se desmadre la situación.

Ya lo siente en carne propia el bonaerense Carlos Ruckauf, que vio caer en 10 puntos su imagen antes imbatible, corriendo peligro de quedar en el camino su osado proyecto presidencial.

En un encuentro con el flamante titular de UCR bonaerense, Federico Storani, sobrevolaron asuntos puntuales del distrito y el drama nacional. Un interrogante planteado: si se llegará o no a los comicios. En la jefatura de gabinete se piensa que son agorerías sin sentido.

¿Quién miente?

No hay certezas sobre el futuro. Un cavallista de fuste confiesa: «En setiembre se deberán definir los recortes para el último trimestre. Nadie puede decir hoy que no haya que subir la cota al 25%». Hombres del Frepaso como el ministro Juan Pablo Cafiero suponen que son agrandamientos de la realidad para disciplinar a los disidentes. Una voz del socialismo popular tiene las mismas sospechas: «Aún con la caída de la recaudación de julio, con el 13% y los nuevos impuestos, Cavallo tiene 2.500 millones de pesos, que es el déficit real». ¿Lo es? Es otro de los misterios de la economía argentina: la credibilidad de las cifras. Cuando se concretó el megacanje, se proclamó que en lo inmediato no se presentarían problemas de pagos. Pero andan dando vueltas deudas por 4.500 millones, por Letras del Tesoro, a las que economía quiere trasladar lo más lejos posible.

¿Hay que creerle a Cavallo? Son otras de las dudas que se arrastran. El mismo se exhibe inseguro y contradictorio. Proclama cuán importantes son los respaldos morales de norteamericanos y europeos cuando el secretario del Tesoro lanzó una de las mayores injurias contra la Argentina de la que se tenga memoria. Lo de Paul O’Neill tiene una única lectura: en el mundo de hoy, este país no es importante; más aún, cuando hablan con la brusquedad de un derechista republicano, los desprecian. Varias gestiones buscaron, con algún suceso, atenuar esas palabras con otras piadosas, tanto de esa secretaría como del FMI. No se sabe si el jefe de la diplomacia hizo su síntesis por lo ocurrido, pero se le escuchó decir en el Palacio San Martín que cuando Washington buscaba el voto contra Fidel Castro, era otra la «importancia» que le daban al país.

«Así paga el Diablo», escribió Juan Perón con su seudónimo de Descartes cuando los EEUU lo engatusó en los 40, con un plan Marshall si compraba chatarra remanente de la Segunda Guerra.

George W. Bush deslizó ante los poderosos del G8, que él adoptó como lema el de James Monroe: «América para los americanos», histórica advertencia sobre quien mandaría en el hemisferio. En la actual crisis global, cuando la lucha por los mercados se hará dura, es probable que Washington no deje efectivamente librada al azar, como creen en el gobierno, la suerte de la Argentina. Hombres del Consejo Nacional de Seguridad, el influyente órgano de decisión de política mundial de los EE.UU. ha estado aquí hurgando sobre nuestro destino y por las posibles implicancias de un default sobre los países emergentes, una consulta en dirección contraria a las opiniones del secretario del Tesoro.

La maniobra y cómo enfrentarla

Hay otros dislates. Cavallo pensó que el G8 lo escucharía en persona, lo que habla de su desmesura adicional. Pero de esta manera actúa el liderazgo gubernamental. El Presidente confunde patria con déficit cero, extraña manera de definir la independencia de un país hipotecado, pero desnuda el pensamiento de la Casa Rosada.

Cavallo tiene razón cuando denuncia las maniobras especulativas contra el peso. Pero no es solo por eso se habla de reformular la convertibilidad, que repite una constante de los últimos años: para mantenerla, será necesario el endeudamiento, habida cuenta que la economía no genera el flujo de divisas que requiere la caja de conversión, una rareza mundial como se sabe, que donde se aplica, Hong Kong, se rebajaron en un 30% los salarios. Hay gente importante en la Alianza que piensa que una convocatoria de acreedores será inevitable. Especulan si la impondrá el mercado, o tomará el Estado la iniciativa para intentar no ser devorado por la vorágine.

Este escenario requeriría que el llamado a la Unidad Nacional se llenara de contenido. En un reciente encuentro de la cúpula del Frepaso que analiza su futuro en la vida, se llegó a al conclusión que lo que hoy es importante no es solo la coalición con vistas a las elecciones, sino saber si realmente se llegará a octubre.

El comicio a guisa de recuento globular, conocer quien es quien e intentar construir una coalición sólida. Todo tiene sus limitaciones: Eduardo Duhalde, en el que se piensa como nexo, es solo fuerte en su provincia y no representa al peronismo, es dudosa la voluntad de resistencia a los embates de los mercados en la Casa Rosada y es probable que haya una gran fragmentación de votos sobre todo si Elisa Carrió, en vísperas de lanzar una fuerte acusación sobre Cavallo, legaliza su candidatura a senadora.

El paso marcado por los mercados da para todo. O diluye que el 14 de agosto vence el plazo para ratificar las coaliciones, entre ellas la Alianza. Esto agrega otro factor al debate, que incluye realizar sus congresos dentro del Frente Grande y el Frepaso sobre su continuidad en la actual coalición. Hay una línea que corta la mirada de los dirigentes de la de los cuadros medios o militantes. Casi nadie entre estos últimos quiere seguir en la coalición, donde se verifica un corrimiento hacia el ARI de Elisa Carrió o para el Polo Social e incluso a favor de Duhalde. Aunque el jefe del gobierno porteño, Aníbal Ibarra, presionado por su ala izquierda oscila entre irse y no, prefiere dibujar una recreación del frentismo y mantener las mejores relaciones con Alfonsín. Esa postura mantienen, con sus matices, los que tienen cargos en la Nación, provincias y comunas.

De hecho la crisis dificulta la cohesión en el peronismo. José Manuel de la Sota ahora surge como el más apto para liderar a la mayoría del justicialismo y no está mal visto por el menemismo.

Los piqueteros

En el escenario entró un nuevo actor político: el piqueterismo. La Asamblea constitutiva de una entidad nacional programó un plan de cortes de rutas en 50 puntos distintos reclamando que se anule el plan de ajuste, se libere a sus presos sociales, que no le quiten planes asistenciales. Un desafío para el gobierno y para las formas gremiales y políticas tradicionales y no es solamente un modo espontáneo desesperado de mostrar su bronca. Hay dentro del universo piquetero, los que se creen que se vive una situación prerrevolucionaria que dará paso a un nuevo poder hasta los que saben
de las limitaciones del movimiento si no tiene un paraguas político extendido, no limitado a las expresiones de la izquierda histórica. Las negociaciones oficiales para frenar los cortes fracasaron. Están las oficiosas. Alguna que el Presidente impulsa por medio de su secretario privado, otras que tienen a prelados como protagonistas de una salida que no abra el camino a un martes negro.*

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