Wahid, el hombre que decepcionó a 210 millones de indonesios

El presidente indonesio Abdurrahman Wahid, destituido ayer por el parlamento de su país y reemplazado por la vicepresidenta Megawati Sukarnoputri, traicionó las esperanzas de 210 millones de compatriotas suyos. Wahiud, cuarto presidente indonesio, fue el primero en ser elegido democráticamente, en octubre de 1999, después de tres décadas del poder autoritario de Suharto.

Este erudito musulmán, de 60 años, de opiniones liberales respetadas y compartidas por numerosos seguidores en el país musulmán más grande del mundo, falló como estratega.

En el poder durante 21 meses, cometió numerosos errores, hizo cambios bruscos y lanzó juicios apresurados, para gran satisfacción de sus adversarios políticos.

De comportamiento a veces desconcertante, Wahid fue elegido en octubre de 1999 como un presidente de compromiso, cuyo precio pagó este lunes con la destitución.

Líder de la Nahlatul Ulema, la principal organización islámica de un país mayoritariamente musulmán, Wahid fue designado como candidato, no por su propio partido, sino por una reagrupación de movimientos musulmanes dirigida por Amien Rais, su peor enemigo en la actualidad y presidente de la Asamblea que lo destituyó.

También es considerado por algunos en Indonesia como un santo dotado de poderes sobrenaturales, debido al fervor de algunos de sus partidarios. Unos centenares de ellos viajaron este lunes a Yakarta para manifestarle su apoyo.

Si sobrevivió al régimen implacable del presidente Suharto es porque actuó con inteligencia, según sus seguidores, o sin principios, según sus adversarios.

De salud frágil, prácticamente ciego, Wahid necesita ayuda para desplazarse. Pero es jovial y sabe seducir a las multitudes.

Intelectual respetado, es diplomado en árabe por la universidad de El Cairo y en literatura por la de Bagdad. Está casado y tiene cuatro hijas.

Numerosos reformistas que se unieron a Wahid, como su portavoz Wimar Witoelar y el asesor económico Emil Salim, opinan que Wahid era el único dirigente que podía impedir el regreso del «Nuevo Orden» del ex dictador Suharto, que se vio obligado a dimitir en mayo de 1998 después de tres décadas como jefe de Estado.

El segundo partido en el parlamento, el Golkar, ex grupo electoral de Suharto, aún es financieramente poderoso y mantiene relaciones con la jerarquía militar fuera de la capital.

Golkar triunfa en la actualidad, dado el fracaso del que intentó reducir su influencia. En vano, porque sus intentos por doblegar a «amigos» y familiares de Suharto, procesarlos y atajar la creciente corrupción fueron infructuosos. *

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