Génova: la cumbre y la contracumbre

Los ojos del mundo están vueltos hacia Génova. En el principal puerto peninsular, capital de una Liguria cargada de tradiciones, foco activo del Risorgimento en 1848 con Giuseppe Mazzini, se abre hoy la cumbra del G7 (con el aditamento decorativo de Rusia), pero desde hace días es punto de convergencia de una riada impresionante de manifestantes venidos de todos los confines de Italia, de Europa y de otras geografías. En Génova se expresa a estas horas una confrontación de alcance mundial: de un lado los siete países más ricos con Estados Unidos como potencia dominante, del otro las organizaciones sociales y políticas en un abanico amplísimo y diversificado que levantan soluciones alternativas ante la ofensiva neoliberal, depredadora de la vida humana, de los derechos sociales y ante todo del trabajo, de los legítimos intereses nacionales y de la naturaleza a lo extenso del planeta.

Génova alberga lo que ya se ha definido como «la mayor movilización jamás organizada contra la mundialización liberal», culminación de las demostraciones del movimiento social mundial, cuya partida de nacimiento se registró en la ciudad estadounidense de Seattle en diciembre 1999 y que en este lapso protagonizó movilizaciones incesantes abarcando todos los continentes (véase nuestra nota de ayer en Bitácora). En cuanto a las reuniones de confluencia antineoliberal, el Foro Social Mundial de Porto Alegre (en enero pasado, que proseguirá año tras año en confrontación permanente a los cónclaves de Davos) marcó un giro (tournant en los documentos en francés), un ascenso a un plano superior. Del mismo modo se hablará en el futuro del «giro de Génova», por su carácter masivo y la cantidad y diversidad de organizaciones sociales y políticas participantes. Y como enseña la dialéctica, la cantidad se transforma en calidad.

En el último año y medio este movimiento social mundial –denominación que ha adquirido carta de ciudadanía– logró paralizar determinadas actividades de los dueños del mundo y los instrumentos a su servicio, llámense FMI, Banco Mundial u Organización Mundial del Comercio (OMC), denunciando sus efectos nefastos en el ámbito internacional. Así sucedió auguralmente en Seattle o al detener el Acuerdo Multilateral de Inversiones (aunque pretenden reflotarlo por otras vías), luego en Praga, recientemente en Barcelona. Ahora pasan a primer plano las propuestas alternativas que los manifestantes en las calles lanzan al rostro de los reunidos en el Palazzo Ducale.

Propuestas en tres bloques

La primera es la anulación de la deuda externa del Tercer Mundo y de los países más pobres, tema que resurge con tremenda fuerza. En 1999 el G7 reunido en Köln (Colonia) prometió anular hasta el 90% de la deuda de 41 países del Tercer Mundo. Todas mentiras: la deuda de esos países aumentó. En la contracumbre se denunció que el reembolso de la deuda es «una expoliación y un círculo vicioso», que sustrae enormes sumas a la solución de los problemas acuciantes de la población. El Papa lanzó un llamado por la anulación de la deuda, y el movimiento Jubileo Sur, creado en diciembre pasado en Dakar y presente en Génova, señala en base a datos del PNUD y Unicef, que una inversión anual de 80 mil millones de dólares a lo largo de 10 años aseguraría a cada persona alimentación, educación e higiene básicas, salud y agua potable: esa suma es la cuarta parte del presupuesto militar de EEUU, el 9% de los gastos mundiales en armamentos, el 8% de los gastos en publicidad o la mitad de las fortunas de las cuatro personas más ricas del mundo.

La segunda es el reclamo del cumplimiento del protocolo de Kyoto, que tiende a reducir la emisión de gases contaminantes y la polución de la atmósfera, con sus efectos devastadores sobre el clima. En actitud desafiante ante la comunidad internacional, EEUU declaró que no cumplirá (y Japón tampoco). La reunión de 180 países que hasta el día 27 se realiza en Bonn, Alemania, no llegará a nada. EEUU es el mayor generador mundial de CO

El tercer tema se refiere al proyecto de defensa antimisiles o guerra de las galaxias, y aquí también EEUU enfrenta los intereses generales de la humanidad. Bush llega a Génova después de un ensayo antimisiles sobre el Pacífico, y el Pentágono anticipó que está dispuesto a acelerar el desarrollo del sistema antimisiles en tierra, mar, aire y espacio, construyendo incluso a esos fines una nueva base en Alaska. Dicho proyecto ha sido rechazado categóricamente por Rusia y China en su reciente reunión en Moscú, porque viola frontalmente el Tratado antimisiles ABM suscrito en 1972 por EEUU y la URSS y porque relanzará la carrera armamentista mundial. Pero Bush tratará de llevar a sus socios de la nariz y de aventar sus reticencias, como hasta ahora.

Otro mundo es posible

También están presentes en Génova organismos como las Atlac, con filiales en todo el mundo, que promueven un impuesto (tasa Tobin) sobre las transacciones financieras especulativas, idea que está haciendo su camino e ingresó a la consideración de varios parlamentos.

El lema de este organismo: «Otro mundo es posible», bien podría resumir el contenido de las movilizaciones que hasta el domingo se seguirán desplegando en Génova, en magnitud creciente. *

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