Cumbre presidencial del Grupo de los Ocho versus los antimundialistas

Los países ricos hablarán del hambre y la pobreza

La cumbre del G8 comenzará hoy en Génova, bajo imponentes medidas de seguridad y en un clima de tensión, con la premisa de analizar por primera vez en su agenda el tema del hambre y la pobreza, pero apremiada por la lucha del cada vez más organizado "Pueblo de Seattle".

Viernes 20 de julio de 2001 | 12:00
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 El "Pueblo de Seattle" protesta ante
los presidentes de las ocho potencias mundiales m

Los jefes de Estado y de Gobierno de Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Francia, Japón, Alemania, Italia y Rusia hablarán sobre la asfixiante deuda de los países pobres, el sida y otros males que aquejan a las restantes naciones del mundo, que sólo estarán representadas parcialmente por grupos antiglobalización.

Será la primera vez que una cumbre del G8 ubique a la pobreza, el hambre y las enfermedades a la cabeza de sus preocupaciones.

Marcando diferencias con anteriores cumbres, hoy los países del G7 (es decir con la ausencia del ruso Vladimir Putin), mantendrán reuniones con autoridades de Bangladesh, Argelia, El Salvador, Mali, Nigeria y Sudáfrica, para debatir la reducción de la pobreza y el Fondo para el sida y la salud.

La iniciativa contará con la participación del presidente italiano, Carlo Azeglio Ciampi; el secretario general de la ONU, Kofi Annan y los directores de la FAO, la OMS y el Banco Mundial.

Los “monos blancos”, como se conoce a uno de los movimientos antiglobalización debido a los mamelucos que visten, anunciaron para mañana una marcha hacia la inexpugnable “zona roja”, donde se celebrarán las reuniones del G8, cercada por vallas metálicas y custodiada por 5.000 policías.

Las últimas horas previas a la reunión, que comenzará oficialmente hoy al mediodía cuando el premier italiano, Silvio Berlusconi, reciba a los jefes de Estado y de Gobierno en el Palacio Ducal, fueron una vez más de enorme tensión.

Tres falsas alarmas, la primera en Milán, la segunda en Florencia y la tercera en Turín en las primeras horas de la mañana, activaron la maquinaria imponente de la seguridad en alerta permanente desde hace días.

Uno de los momentos de mayor tensión se vivió en Milán a las 9.00 de la mañana, hora local, cuando se descubrió un tubo sospechoso, a metros del Consulado de España.

Los expertos de la policía intervinieron para desarmarlo y resultó ser sólo un simple portatubo para dibujos, olvidado en el lugar, pero suficiente para crear el pánico en la zona.

También una olvidadiza pasajera que dejó una bolsa con ropa en la estación ferroviaria de Florencia provocó otra emergencia.

Quien extrañamente luce tranquilo es el anfitrión Berlusconi, quien ayer controló personalmente que todo estuviera en orden antes del arribo de sus huéspedes y fue a pie a la prefectura, mostrando su confianza en el dispositivo de seguridad.

Al concluir la inspección Berlusconi ordenó cambiar las pasarelas –”son demasiado viejas”, dijo el premier– que llevan desde el muelle a la European Vision, la moderna nave, orgullo de la Marina italiana, donde se hospedarán siete de los Ocho Grandes.

El imponente servicio de seguridad de George W. Bush optó por un gran hotel cerca del Palacio Ducal para la estadía del presidente estadounidense.

En tanto, los 5.000 mil periodistas acreditados para la cumbre ya ocuparon sus posiciones en los Almacenes del algodón, en el Puerto Antiguo, nombre que evoca la extraordinaria tradición de comercio de este puerto del Mediterráneo.

El “pueblo de Seattle”, nombre con el que se bautizó el movimiento de protesta antiglobalización y que incluye un heterogéneo universo de anarquistas y ecologistas, católicos y promotores de la desobediencia civil, está listos para presentar resistencia a los grandes del planeta.

El cuartel general de los “globofóbicos” en estos días es el estadio Carlini de Génova.

Desde allí, se especula, puede partir mañana el “asalto” a la “zona roja” anunciado por Luca Casarini, del Genoa Social Forum, que reúne a los centros sociales del norte, centro y sur de Italia.

“Mañana marcharemos todos juntos al asalto de la zona roja, hacia un choque que fue provocado”, dijo Casarini.

El líder de la protesta de los centros sociales –generalmente muy combativos y con una tradición de choques con la policía– se mostró igualmente preocupado porque no se realice la marcha ya que “la policía podría circundar el estadio”.*

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