El presidente peruano Valentín Paniagua deja su cargo orgulloso y optimista
«Yo, como presidente, me siento orgulloso, pero perfectamente consciente de que no es un logro de carácter personal, sino un triunfo nacional», dijo en entrevista con Reuters a dos semanas de entregar el poder al presidente electo, Alejandro Toledo.
Una frase así podría sonar jactanciosa, pero ese no es el estilo de Paniagua. Por el contrario, sus comentarios parecen reflejar el sentimiento popular hacia el líder saliente.
Las encuestas muestran un gran respaldo de los peruanos a su bajo perfil como líder en los últimos ocho meses, en que sacó al país de una profunda crisis.
El veterano congresista de 64 años fue colocado primero en la presidencia del Congreso y luego al frente del Poder Ejecutivo en cinco turbulentos días de noviembre, después que el presidente Alberto Fujimori fue destituido por «incapacidad moral», en medio de un escándalo de corrupción.
Consistentemente valorado como el político más popular del país, Paniagua puso fin a los escándalos de corrupción que marcaron la administración de Fujimori entre 1990 y 2000 y los reemplazó con un nuevo clima de apertura, confianza y consenso.
Paniagua condujo unas elogiadas elecciones y, como tiro de despedida, su gobierno capturó en junio al enemigo público número uno, el ex asesor de Inteligencia Vladimiro Montesinos, quien enfrenta cargos de narcotráfico, tráfico de armas, corrupción y dirigir escuadrones de la muerte, así como de manipular a jueces, militares, congresistas y medios.
«La experiencia recientemente vivida ha sido exitosa no por obra de un caudillo, puesto que no lo soy (…) sino como consecuencia del esfuerzo silencioso y humilde de muchísimos hombres y muchísimas instituciones», dijo Paniagua, cuyo gobierno terminará el 28 de julio.
«¿Por qué no pensar que eso mismo ha de ocurrir a partir del 28 de julio? ¿Es un sueño inalcanzable lograr lo que se ha logrado en una pequeña medida en estos últimos meses? Yo no lo creo», agregó el mandatario interino.
«Tarea inmensa» para Toledo
Sin embargo, Paniagua dijo que Toledo –quien ganó las elecciones tras ambiciosas promesas de crear más fuentes de trabajo para los pobres– enfrenta «una tarea inmensa» en medio de «grandes problemas» de Perú.
Estos problemas incluyen una frágil economía que ha caído por seis meses, mientras que más de la mitad de los 26 millones de peruanos viven en la pobreza.
Paniagua dijo que su gobierno deja, sin embargo, fondos para financiar los pagos de la deuda hasta mediados de 2002.
«No es una situación de bonanza económica. Recibimos un país en una gravísima situación económica y hemos logrado estabilizarlo.
No hemos logrado la reactivación y la generación de empleo porque este gobierno no podía adoptar las medidas necesarias de mediano y de largo plazo», agregó.
Paniagua, un respetado abogado que trabajó 37 años en el Congreso y en los ministerios de Justicia y Educación, dijo estar «absolutamente convencido que tarde o temprano (Fujimori) rendirá cuentas ante la justicia peruana por las graves irregularidades que fomentó, cometió e inspiró».
Otro de los logros de su gobierno fue la instalación de una Comisión de la Verdad para estudiar los abusos de derechos humanos cometidos en 20 años de violencia entre rebeldes y militares.
Según un sondeo divulgado el lunes por la respetada encuestadora Apoyo, 62 por ciento de los peruanos desea que Paniagua se postule a las elecciones del 2006.
Paniagua dijo que es «prematuro» pensar en esa posibilidad y que sería feliz sólo con volver a su profesión y a la enseñanza universitaria, o con servir al gobierno si es llamado.
«Nunca aspiré a llegar a la presidencia de la República y creo que me he esforzado todo lo posible en el cumplimiento de mi función», dijo Paniagua, quien lamentó «no haber podido hacer más por la educación en Perú».
«Siento satisfacción de haber cumplido y satisfacción de liberarme de un cargo que, por cierto, es muy pesado y para el que no estaba del todo preparado», agregó. *
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