Reunión presidencial en Génova con matices y divergencias

Misiles y Medio Oriente en cumbre del G-8

Reunidos por dos días, los siete países más ricos y Rusia comenzaron sus reuniones oficiales ayer miércoles por la tarde.

Pero los numerosos contactos bilaterales previos han confirmado las diferencias e incluso los desacuerdos entre norteamericanos, europeos y rusos.

A 48 horas de la cumbre de jefes de Estado y de gobierno en Génova, norte de Italia, los Ocho están bajo presión por la agravación dramática del conflicto israelo-palestino.

El alto el fuego, ya bastante maltratado, estalló en pedazos después de un nuevo encadenamiento de atentados y represalias.

La comunidad internacional aparece ahora desamparada y una vez más los ministros del G8 preconizaron la aplicación del Plan Mitchell de desescalada de la violencia.

En un encuentro bilateral ayer miércoles en la mañana, el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, y su homólogo italiano, Renato Ruggiero, evocaron «las iniciativas posibles para contener la espiral de la violencia», según el ministerio italiano.

Observadores internacionales

Los europeos han buscado reactivar esta semana la idea de enviar observadores internacionales.

«Se requiere un mecanismo de vigilancia imparcial, en interés de las dos partes», insistió ayer miércoles el jefe de la diplomacia francesa, Hubert Védrine.

Pero además del rechazo de Israel, los norteamericanos tienen dudas. «Es prematuro pensar, en las condiciones actuales, que se pueda instalar una fuerza de observación», declaró Colin Powell en Roma después de un encuentro con su homólogo ruso, Igor Ivanov.

En este encuentro el ministro ruso golpeó con el puño en la mesa a propósito del proyecto norteamericano de protección antimisiles. Según él, la concertación prometida por Estados Unidos no se ha concretado hasta ahora.

Igor Ivanov pidió más «claridad» sobre los planes norteamericanos y llamó a lanzar «discusiones sustanciales y concretas» sobre el tema.

Los rusos se oponen al despliegue del paraguas antimisiles en nombre del respeto del tratado ruso-norteamericano antimisiles ABM de 1972.

El tema será tratado de nuevo en Génova entre los presidentes ruso y norteamericano.

A pocas horas de la llegada de Bush a Italia, los norteamericanos habían registrado un apoyo claro y neto de Roma que, en este terreno, pone una vez más en mal paso a la unidad europea.

«La defensa antimisiles es útil y Vladimir Putin lo sabe», afirmó el ministro italiano de Defensa, Antonio Martino al Corriere della Sera.

«No hay un frente monolítico de los europeos», aseguró. Francia y Alemania son tradicionalmente los más escépticos. Ayer la reunión del G8 fue precedida de un encuentro de los ministros del grupo de contacto sobre la ex Yugoslavia.

Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia querían concertarse sobre Macedonia antes de reunirse con los otros países del G8, Japón y Canadá.

En Macedonia también el proceso político está en crisis. Las autoridades de Skopje acaban de rechazar las reivindicaciones de los albaneses, especialmente sobre el estatuto de su lengua, presentadas bajo la égida de los mediadores europeo y norteamericano, François Léotard y James Pardew.

La reunión del grupo de contacto no dio lugar a ninguna declaración. «Era extremadamente informal, como si no hubiera existido», afirmó un diplomático.

Pero Colin Powell y Renato Ruggiero afirmaron que la UE y Estados Unidos continuarían sus esfuerzos.*

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