Los peores disturbios fueron en el norte de Belfast tras la marcha de los orangistas

Irlanda: la policía bajo una lluvia de bombas de ácido y petróleo

La policía, bajo un torrente de bombas de ácido y petróleo, utilizó chorros de agua y balas de goma para controlar los actos de violencia, que según dijo estaban cuidadosamente planeados.

Los hechos inevitablemente echaron una sombra de dudas sobre las conversaciones de paz de Irlanda del Norte, que se reanudan más tarde en el día.

El jefe de policía de la provincia, Ronnie Flanagan, dijo que 113 agentes resultaron heridos en los enfrentamientos con los manifestantes. Diecinueve tuvieron que ser atendidos en los hospitales, muchos con huesos rotos. Flanagan señaló que los disturbios fueron «desagradables. Fueron orquestados y planeados». Justificando el uso del cañón de agua, dijo a la emisora BBC: «Era absolutamente necesario».

«Los ataques sostenidos e insistentes dirigidos a mis agentes no me dejaron otra opción que usar primero el cañón de agua y después, desgraciadamente, administrar varias ruedas de bastonazos», agregó.

La segunda noche consecutiva de violencia en Irlanda del Norte ha dejado un pálido telón de fondo para las conversaciones mediadas por los primeros ministros de Gran Bretaña e Irlanda y concebidas para alentar a los políticos de la mayoría protestante y la minoría católica de la provincia a reanimar el debilitado proceso de paz.

Los peores disturbios fueron en el norte de Belfast, donde un desfile de la Orden de Orange bordeó un enclave católico en el conflictivo distrito de Ardoyne.

También hubo violencia en un punto al este de Belfast donde se unen distritos católicos y protestantes, que obligó a la policía a intervenir para separar a jóvenes de pandillas rivales que lanzaban piedras.

Fue un deplorable final para un 13 de julio que había pasado en relativa calma. Este es el día en que los miembros de la Orden de Orange de toda la provincia participan en los desfiles que celebran la victoria de Guillermo de Orange sobre el rey católico Jaime II en la Batalla de Boyne de 1690.

La minoría católica de Irlanda del Norte, que desea una integración a la República Irlandesa, percibe los desfiles como una provocación de los protestantes que insisten en mantener el dominio británico.

La violencia en Ardoyne comenzó cuando los agentes trataron de apartar a manifestantes que protestaban por el paso del desfile de Orange por su vecindario. Gerry Kelly, un destacado miembro del brazo político del Ejército Republicano Irlandés, Sinn Fein, denunció la táctica de la policía.*

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