El primer dictador boliviano que retornó al poder con el voto popular

Banzer deja el gobierno a causa de tumor pulmonar

Autócrata redimido y demócrata converso, Banzer, que será sometido a un tratamiento médico extraordinario de 30 días en el hospital militar Walter Reeds, de Washington, pasará a la historia nacional también por asumir el mando en dos períodos separados por veintiséis años (1971-1997).

Banzer delegó su mandato constitucional en manos de su vicepresidente, Jorge Quiroga, un joven ingeniero formado en centros estadounidenses.

Nacido en una pobre comarca del tropical oriente boliviano, San Javier, de donde paradójicamente provienen cuatro de los 61 presidentes de Bolivia en 176 años de vida republicana, Banzer egresó del Colegio Militar de Argentina en 1947.

Dueño de una impecable foja de servicios, prosiguió sus estudios en la estadounidense Escuela de las Américas, con sede en Panamá, y también se especializó en la Escuela de Comando, en el Estado Mayor (EEUU) y en la boliviana Escuela de Altos Estudios Militares.

Nombrado director de varios institutos militares en Bolivia, ejerció la cartera de Educación en 1969, durante el gobierno de facto del general René Barrientos Ortuño.

Electo por una junta militar, asumió el gobierno el 21 de julio de 1971, tras una sangrienta asonada militar que derrocó a su camarada, el general progresista Juan José Torres.

Con el apoyo de las Fuerzas Armadas y los partidos tradicionales en la política boliviana, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), del expresidente Víctor Paz Estenssoro, y la Falange Socialista Boliviana, Banzer instaló en Bolivia un régimen cívico-militar que colapsó a fines de 1972 y que asumió, hasta su derrocamiento en 1978, también por la vía de las armas, un carácter estrictamente castrense.

Durante su primer gobierno de facto 14.750 personas fueron arrestadas por sus ideas políticas, otras 19.140 se exiliaron y, según organizaciones de Derechos Humanos, más de 200 perdieron la vida, entre ellas casi un centenar de campesinos que resistieron en 1974 un duro paquete de medidas económicas antipopulares.

Durante su gobierno dictatorial, Bolivia, la nación más pobre de Sudamérica sujeta desde su fundación en 1825 a una economía monoproductora y extractiva, alcanzó el más alto nivel de endeudamiento externo: unos 3.000 millones de dólares.

Desde su caída en 1978, propiciada por uno de sus hombres de confianza, el general Juan Pereda, este militar impulsó sin pausas la concertación y sorteó en 1980 un juicio de responsabilidades en el Congreso que lo absolvió de cargos.

Patentó una inédita y tardía vocación democrática al fundar en 1979 un partido político que le permitió ingresar llanamente al escenario político en democracia.

Desde entonces, la conservadora Acción Democrática Nacionalista (ADN) se convirtió en el vehículo a través del cual difundió su pensamiento y su acentuada aspiración por alcanzar el poder por la única vía que correspondía: la democracia.

En su segundo gobierno constitucional, desde agosto de 1997, marcado por un riguroso modelo de economía de mercado, ha enfrentado la más grave crisis social y política desde la restauración democrática en 1982.*

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