Guerrillero colombiano niega trato con narco brasileño
Un comandante guerrillero de Colombia, acusado de manejar un gran negocio de intercambio de drogas por armas, admitió haber tenido contacto con el capo de las drogas de Brasil, pero aseguró que desconocía que era un narcotraficante.
En una reciente entrevista en las selvas de una zona desmilitarizada al sur de este país –área controlada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)–, Tomás Medina, más conocido como «El Negro Acacio», aceptó que conoció al capo brasileño Luis Fernando Da Costa.
El ejército colombiano capturó el pasado 21 de abril a Da Costa –alias «Fernandinho»– después de haber iniciado en febrero una ofensiva con un millar de combatientes de la Fuerza de Despliegue Rápido (Fudra) apoyados con helicópteros Black Hawk en las junglas del suroriente del país.
Las fuerzas de seguridad aseguraron que en la operación «Gato Negro» destruyeron 20 laboratorios para el procesamiento de cocaína manejados por las FARC.
El ejército acusó a Medina de controlar la mayor parte del negocio del narcotráfico y de suplir a Da Costa con cerca de la quinta parte de la cocaína que circula en el mundo a cambio de armas. Medina logró escapar a la ofensiva, pero Fernandinho fue capturado y extraditado a Brasil.
«El Negro Acacio» negó que la guerrilla esté involucrada en el narcotráfico, pero admitió que las FARC exigen el pago de «impuestos» derivados del negocio de las drogas, en el que participan miles de campesinos pobres que cultivan hoja de coca para poder subsistir.
El líder rebelde admitió que conoció a Da Costa en el apartado municipio de Barrancominas –controlado durante meses por Medina–, pero aseguró que ignoraba que fuera el capo de las drogas más buscado en Brasil.
«Soy un guerrillero», no un narcotraficante
Los aviones de Fernandinho entraban y salían regularmente de Barrancominas cargados de cocaína bien empacada, aseguraron miembros del ejército y testigos civiles, quienes nunca dudaron de que el brasileño era un gran narcotraficante.
«En dos ocasiones nos charlamos con Fernandinho, pero nunca lo conocí como narcotraficante», dijo Medina a Reuters.
«Nosotros sí hemos comprado armamento, pero hemos pagado con pesos, pero no con coca. Digamos, le vuelvo a insistir, si esto fuera así no tendríamos, no estaríamos en las condiciones en que estamos en este momento, estaríamos más sofisticados de material bélico», explicó.
Medina, quien ha sido esquivo con las entrevistas, aseguró que es un rebelde dedicado a la lucha y comprometido con un cambio social.
«Yo lo que soy es un guerrillero, soy un comandante y manejo un frente de guerrilleros, no el narcotráfico», dijo este hombre atlético, de 36 años, que reconoció estar en las FARC desde 1982.
La Fiscalía General de Colombia ordenó en abril el arresto de Medina por el delito de narcotráfico. Las autoridades estadounidenses creen que las FARC están seriamente involucradas en el negocio de las drogas ilícitas.
Estados Unidos considera que los rebeldes son los encargados de trasladar la cocaína hacia las fronteras colombianas, donde luego es recogida por los narcotraficantes para su distribución en otros países.
Sin embargo, el presidente de Colombia, Andrés Pastrana, quien se ha mostrado entusiasta de preservar la negociación de paz con las FARC, insiste que los rebeldes no son traficantes.
Las conversaciones entre el gobierno y esta guerrilla, iniciadas en enero de 1999, pretenden poner fin a una guerra interna de 37 años que cegó la vida de 40.000 personas –la mayoría civiles– sólo en la pasada década.
Medida admite que cobra «impuestos» al narcotráfico
«Cobramos un impuesto sí y convivimos en una zona donde hay movimientos de narcotráfico y donde hay cultivos de hoja de coca, pero más en ningún momento hemos sido narcotraficantes», explicó Medina, quien negó que las FARC tengan laboratorios.
No obstante, funcionarios que viven en áreas cultivadas con hoja de coca aseguraron a Reuters que las FARC compran esta materia prima para su procesamiento.*
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