Un símbolo del terrorismo de Estado

El ex capitán de Fragata Alfredo Astiz, de 49 años, quien está detenido en Buenos Aires a petición de la Justicia italiana por secuestro y desaparición de personas, es considerado uno de los símbolos del terrorismo de Estado de la dictadura argentina (1976/1983).

Ingresado en la Escuela Naval en 1968, ocupó el centro de la escena bajo la dictadura, cuando fue responsabilizado por el secuestro y desaparición de las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon, de Azucena Villaflor y de la joven sueca Dagmar Hagelin.

Entonces comandaba un llamado grupo de tareas que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), considerado como el mayor centro clandestino de detención y de torturas de la dictadura. Por allí pasaron por lo menos cinco mil personas.

Astiz se vio beneficiado sin embargo por las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final, dictadas por el gobierno de Raúl Alfonsín en la década del 80.

«Angel Rubio», «Gustavo Niño», «Cuervo» son los apodos más conocidos de Astiz, a quien en 1996 el jefe de la Marina definió como «apto moralmente» para un ascenso, jamás concedido por el gobierno. Terminó entonces solicitando su pase a retiro, que fue efectivo el primero de setiembre de 1996. No obstante, fue incorporado de inmediato al Servicio de Inteligencia Naval (SIN).

Con su apariencia de niño de clase adinerada, inocentón y aires de playboy, Astiz protagonizó en 1977 «el beso de Judas», cuando le dio un beso en la mejilla a Villaflor para señalarla a sus colegas militares para que la secuestraran.

En redadas posteriores fueron retenidas las monjas y Hagelin, de las que tampoco jamás se conoció el destino.

En su profuso historial figura igualmente una infiltración, bajo el nombre de Escudero, en grupos de exiliados en París. Descubierto, se fugó a España y cruzó a pie la frontera.

Este símbolo de la represión confesó en 1998 al semanario local trespuntos: «No me arrepiento de nada».*

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